Solo llegar a la vereda de avenida Libertad para asistir a la función del Luxor de «Épico Legendario«, predispone a los asistentes positivamente. Uno tiende a pensar que sería raro que en semejante lugar se vea un show de bajo nivel. Desde la atención de los colaboradores hasta la comodidad de sus más de 600 butacas, pasando por el propio Miguel Pardo saludando y haciendo relaciones públicas en el pasillo principal.
Si hablamos de magia, no descubrimos nada diciendo que ambos son sólidos. Saben que son dos de los mejores ilusionistas del país y desde que empezaron a trabajar juntos, mantienen una química que fluye, incluso cuando surgen sus distintos perfiles, con Willy apoyándose en el humor y en el fútbol y Matus buscando siempre empatizar con el público.
En esta ocasión, ellos permanentemente hacen referencia a los sueños, nos invitan a cumplirlos, nos convocan a luchar por ellos, a ilusionarnos -en los dos sentidos de la palabra- con que pueden concretarse. Y lo hacen muy bien, nos llevan a pensar en las personas que más queremos, pasamos a recordar a los que no están, pero los soñamos. Y todo sin caer en un discurso de “autoayuda”.
No debe ser fácil además armar semejante seguidilla de trucos, todos de fuerte impacto visual y que en algunos casos requiere de un gran despliegue físico y manejo de espacios. Ahí es cuando se lucen ambos, de la mano de las acompañantes Lima Sole y Agostina y un staff que va y viene tras bambalinas, consiguiendo el principal objetivo: mantener al público tan sorprendido como entretenido.
Todo cierra. Hasta las pausas con juegos de luces y láseres, efectos especiales que fueron premiados en los Carlos de este año (en 2025 recibieron el Carlos de Oro). Pero sin dudas, el mejor galardón que ambos reciben y perciben en cada función debe ser verle los rostros asombrados de los cientos de niños que van a verlos. Y de los cientos de niños que los adultos que fuimos, llevamos dentro.
Párrafo final para un recurso que es muy efectivo pero que, a mi entender, resulta un poco repetitivo en esta ocasión: el de sumar espectadores al truco, hacerlos subir y participar de la ilusión para el resto de la sala. Un detalle menor, que no empaña para nada un trabajo redondito, altamente recomendado para toda la familia y sin dudas, de las mejores alternativas para la actual temporada teatral de la Villa Carlos Paz.









