En los próximos días, Pompeyo Audivert volverá a ponerse frente al espejo de Macbeth. No para reproducir la tragedia de William Shakespeare tal como fue escrita o representada tantas veces, sino para llevarla hacia un territorio en el que un solo cuerpo puede convertirse en todos los cuerpos de la obra. Esa es la operación que sostiene Habitación Macbeth, la versión unipersonal que el actor, director y dramaturgo creó, dirige y protagoniza.
Luego de sus anteriores presentaciones en la ciudad, la pieza regresará al Teatro Real con funciones el viernes, sábado y domingo, a las 20, en San Jerónimo 66. La música original y el cello en vivo están a cargo de Claudio Peña. Las localidades se consiguen en la boletería del teatro y a través de Autoentrada.
Estrenada en marzo de 2021, Habitación Macbeth transita actualmente su sexta temporada. En ese recorrido ya superó las 400 funciones y los 250.000 espectadores entre Argentina y distintos escenarios del exterior. La obra también recibió numerosos reconocimientos, entre ellos los premios Teatro del Mundo, María Guerrero, ACE, Estrella de Mar, Villanueva, Siripo y Luisa Vehil, además de una declaración de Interés Cultural de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. El Premio Siripo distinguió a la pieza como mejor espectáculo nacional presentado en Córdoba.

Pero la historia de Habitación Macbeth comienza bastante antes de esos reconocimientos. Su punto de partida está en una pregunta sobre el propio hecho teatral y en una imagen que Audivert utiliza para explicar su búsqueda: “el piedrazo en el espejo”.
La metáfora propone pensar qué sucede cuando la ficción deja de funcionar solamente como una superficie en la que el espectador puede reconocerse. Para Audivert, ese espejo puede romperse. Y cuando se rompe, detrás de la imagen conocida aparecen otras fuerzas, otras identidades, otras presencias que permanecían ocultas.
La obra trabaja precisamente sobre ese quiebre. Shakespeare sigue allí, con la ambición de Macbeth, las profecías de las brujas, el deseo de poder, la culpa y la violencia, pero la puesta modifica el modo en que esos elementos llegan al escenario. No hay un elenco que distribuya los personajes. Hay un único intérprete que debe contenerlos, diferenciarlos y hacerlos aparecer delante del público.
De allí surge la idea del “cuerpo habitación”, otra de las expresiones utilizadas por Audivert para referirse a su trabajo. El cuerpo del actor deja de ser solamente el instrumento que interpreta a un personaje y se convierte en una especie de espacio habitable. Macbeth, Lady Macbeth, Banquo, Duncan, las brujas y las demás figuras de la tragedia pueden entrar y salir de ese cuerpo, ocuparlo por un momento y dejar lugar a otro.

La transformación no ocurre únicamente a través de la voz. También está en los movimientos, las posturas, las miradas, los ritmos y las distintas maneras de ocupar el escenario. El desafío consiste en que cada personaje tenga una presencia reconocible sin perder la conciencia de que todos provienen del mismo intérprete.
Ese procedimiento comenzó a desarrollarse durante la pandemia, cuando Audivert se encontraba trabajando en Mar del Sur. En ese contexto, las condiciones habituales del teatro habían desaparecido y el encuentro con otros actores, el escenario y los ensayos colectivos ya no eran posibles. Su propio cuerpo terminó siendo, en sus palabras, la única zona teatral disponible.
Las caminatas se convirtieron entonces en parte del proceso. Audivert recorría el lugar mientras repetía los textos de Macbeth en voz alta y experimentaba con las diferentes formas de habitar a sus personajes. El trabajo físico fue dando lugar a una dramaturgia en la que el pasaje de una figura a otra no depende solamente de una modificación externa, sino de una transformación interna del intérprete.
Más tarde, el proceso continuó en Buenos Aires y la obra incorporó la música original de Claudio Peña. El cello en vivo no funciona como un simple acompañamiento, sino que construye junto al actor el clima de la puesta, con una sonoridad ligada al misterio, el sueño y las zonas oscuras de la tragedia.
La combinación entre cuerpo, palabra y música termina de construir una escena en la que Macbeth aparece como un territorio en movimiento. La historia conocida permanece, pero cambia la manera de recorrerla. El poder, la violencia, el deseo y la culpa dejan de estar repartidos entre varios personajes y pasan por un único cuerpo que los concentra y los transforma.
Desde su estreno, esa apuesta encontró una respuesta que fue creciendo con el tiempo. La obra comenzó sus primeras funciones en un contexto todavía atravesado por la pandemia, cuando las salas trabajaban con una capacidad reducida del 30 por ciento. A medida que las restricciones fueron quedando atrás, la ocupación llegó al 100 por ciento y el vínculo con los espectadores se convirtió en otra parte importante del recorrido.
Más de cuatro años después de aquel estreno, Habitación Macbeth conserva ese núcleo inicial de experimentación, pero también carga con todo lo que ocurrió desde entonces. Los cientos de funciones, los espectadores, las distinciones y los viajes terminaron formando parte de una obra que todavía vuelve sobre la misma pregunta: qué queda de una ficción cuando se rompe el espejo que la sostiene.
En esta nueva visita, Audivert volverá a recorrer ese territorio acompañado por el cello de Peña y por una tragedia que, lejos de quedar encerrada en el texto de Shakespeare, encuentra en un solo cuerpo otra forma de aparecer.









