Notificaciones permanentes, uso intensivo de pantallas e hiperconectividad afectan a nuestra salud mental. Los vínculos humanos pierden cada vez más espacio y ante momentos de aburrimiento acudimos casi por inercia a Reels o TikTok, en un scrolleo interminable, que para cuando nos dimos cuenta ya pasó más de una hora en la que solo estuvimos deslizando videos de pocos segundos.
Frente a estos contextos, muchos especialistas sugieren pasar momentos alejados de las pantallas. Pero más allá de las propuestas extremas de desconexión total, que muchas veces son cambios muy bruscos que solo nos llevan a mantenerlos durante poco tiempo, surge una alternativa que propone un cambio más profundo y sostenible: el Reseteo Digital, una práctica impulsada por la psicopedagoga y experta en ciudadanía digital Mariana Savid Saravia (M.P. P: 13-5610).
“El Reseteo Digital es una práctica consciente, crítica, continuada y sostenida en el tiempo para gestionar nuestra relación con la tecnología, buscando un equilibrio entre nuestra vida online y offline. No es una desconexión temporal o drástica, sino un proceso de aprendizaje continuo que nos enseña a auto gestionar el uso de dispositivos, priorizando el bienestar integral”, explica Savid.
A diferencia del conocido “détox digital”, que suele promover pausas breves y muchas veces difíciles de sostener, la especialista plantea un enfoque de largo plazo. “El Reseteo Digital se enfoca en crear hábitos permanentes que fomenten el autocontrol, fortalezcan la inteligencia emocional y prevengan problemas de salud a largo plazo derivados de la sobreexposición digital”, señala.
El período de vacaciones es, según la especialista, un escenario ideal para iniciar este proceso, pero no va por la vía de la prohibición, sino desde la experiencia cotidiana, de la que asegura: “Su especial importancia en las vacaciones radica en que este período ofrece una oportunidad única para romper con rutinas automatizadas de hiperconexión, restablecer ritmos circadianos alterados por el uso nocturno de pantallas, recuperar tiempo de calidad sin dispositivos, fortaleciendo vínculos familiares y actividades cara a cara”.
Además, remarca que es un momento propicio para ensayar hábitos que luego puedan sostenerse en la rutina diaria: “Practicar y consolidar hábitos saludables que luego puedan integrarse en la vida cotidiana, como la desconexión antes de dormir o las pausas tecnológicas intencionales. Las vacaciones son el entorno ideal para ‘resetear’ desde la experiencia, no desde la prohibición”.

Cuándo el cuerpo y la mente piden una pausa
El Reseteo Digital surge como respuesta a una serie de síntomas cada vez más frecuentes. Savid identifica señales que indican la necesidad urgente de revisar la relación con la tecnología. Entre los indicadores físicos y cognitivos menciona: “problemas de sueño persistente y fatiga ocular”, “dolores de cabeza o molestias posturales asociadas al uso prolongado de pantallas” y “dificultad para concentrarse o fallas en la memoria a corto plazo”.
En el plano emocional y conductual, advierte sobre el “aumento de la ansiedad o irritabilidad al intentar reducir el uso digital”, la “sensación de agotamiento mental incluso después de dormir” y la “pérdida de interés por actividades offline que antes se disfrutaban”.
También aparecen señales sociales: “disminución de la interacción cara a cara en el ámbito familiar o social”, “dificultad para sostener conversaciones profundas sin distracciones digitales” y “conflictos frecuentes por el uso de dispositivos”.
En niños y adolescentes, el problema se agudiza cuando se observan “patrones de uso desregulado”, como pasar más de seis horas diarias frente a pantallas con fines no educativos o la incapacidad para autorregular el tiempo de uso. A esto se suma el estrés digital crónico, marcado por la sobrecarga sensorial, las interrupciones constantes y el FOMO, el miedo a quedarse afuera.
“Cuando estas señales se normalizan, es momento de priorizar un reseteo digital consciente, no como un castigo, sino como un acto de cuidado hacia nuestra salud física, mental y relacional”, subraya la especialista.
Para Savid, el problema no es solo la cantidad de horas frente a una pantalla, sino la forma en que la tecnología coloniza la atención. Sobre esto, afirma: “Los hábitos más problemáticos son aquellos que normalizan la cesión silenciosa de nuestra atención y nuestra presencia. No se trata solo del tiempo de pantalla, sino de la calidad de nuestra conexión con lo humano”.
“El celular es lo primero que tocamos al despertar y lo último que soltamos antes de dormir”, advierte respecto a un hábito que “ata nuestro estado de ánimo y nuestros ritmos circadianos a un flujo infinito de estímulos externos”.
Otro fenómeno es el “phubbing”, la presencia física ausente. “¿Cuántas veces hemos estado físicamente con alguien, pero mentalmente ausentes, revisando el teléfono?”, se pregunta. Según la especialista, este comportamiento “erosiona la confianza, la empatía y la profundidad de los vínculos”.
El tercer hábito es la búsqueda constante de gratificación inmediata. “El ‘scroll infinito’, la ansiedad por los ‘likes’ y la necesidad de respuestas inmediatas nos han acostumbrado a un ritmo neuronal y emocional acelerado y superficial”, asegura Mariana.
Tecnología y trabajo: límites posibles
Lejos de promover la desconexión total, el Reseteo Digital apunta a un uso consciente, incluso en contextos laborales. Entre las estrategias, Savid propone “diseñar rituales de transición conscientes”, como evitar chequear mensajes al despertar y crear un cierre simbólico al finalizar la jornada laboral. También sugiere trabajar en bloques de concentración profunda y revalorizar las pausas reales, sin pantallas.
Otro eje es “rehumanizar la comunicación laboral” y crear “espacios sagrados libres de tecnología”, como la mesa del almuerzo o determinados rincones del hogar. “El equilibrio no se logra con desconexiones masivas e insostenibles, sino con micro-reseteos diarios y una renegociación constante de los límites”, resume.
Infancias y el rol de los adultos
Savid advierte que el reseteo digital es más desafiante en niños y adolescentes, pero no por falta de voluntad. “El entorno digital actual ha sido diseñado intencionalmente para secuestrar la atención a través de mecanismos de recompensas inmediatas”, explica.
Sin embargo, el desafío de fondo no son las pantallas, sino la ausencia de otras opciones también valiosas. “Los problemas no son ‘los niños y las pantallas’, sino los niños sin alternativas significativas analógicas”.
El camino, dice, no es prohibir, sino ofrecer. “No se trata de quitar, sino de dar en abundancia: tiempo de calidad compartido, naturaleza, arte, juegos no estructurados”. Y enfatiza el rol del ejemplo adulto: “El primer reseteo debe ser el nuestro”.
¿Hacia dónde vamos?
De cara al futuro, para Savid conviven dos fuerzas desiguales: “Ambas direcciones están ocurriendo simultáneamente, pero no con la misma fuerza. Lamentablemente, la corriente hacia la tecno adicción lleva una ventaja estructural abrumadora”. Aun así, identifica un despertar incipiente: “Estamos empezando a reconocer que lo urgente no es ‘digitalizar la educación’, sino humanizar la digitalización”.
El reseteo digital sostenible no es un conjunto de técnicas, sino un ethos, una manera de habitar el mundo con los cinco sentidos despiertos, que apunta a algo más profundo: recuperar la atención, el vínculo y la experiencia humana como centro. Una práctica que, lejos de rechazar la tecnología, busca devolverle su lugar.









