«Siento quenas que en el viento huyen. Trayendo amores y silencios de las peñas. Que encierran el sol en su corazón», dice Guanuqueando. Ver un Mundial siendo argentino en el exterior es algo parecido. En una caja de resonancia con bombos, platillos y cumbia al final del partido, el corazón late un poco más cerca de casa.
En enero de 2025, el Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que en España residían más de 450.000 argentinos. A ese número hay que sumar quienes emigraron durante el último año y medio y aquellos que todavía regularizan su situación migratoria. Durante el Mundial, esa comunidad encuentra nuevas formas de reunirse y mantener vivas las costumbres argentinas.
En las plazas, los parques y hasta en el transporte público es habitual ver personas tomando mate. Las camisetas de la Selección y de distintos clubes argentinos también forman parte del paisaje cotidiano. Son pocos los españoles que no conocen a un argentino, que no hayan probado un alfajor o que no puedan nombrar alguna ciudad del país más allá de Buenos Aires.
Además, la mayoría de los clubes de Primera División cuentan con filiales en España, muchas de ellas organizadas por ciudades como Madrid, Barcelona o Baleares. Durante el Mundial, esa presencia argentina se vuelve todavía más visible.

Lejos de casa, pero acompañados
La distancia no es solo estar lejos de la cancha o de la familia. Es no encontrar un puesto de choripanes en un festejo popular, descubrir que el fernet más fácil de conseguir es el italiano o pagar al menos 25 euros por una botella del argentino.
Pero lo que más pesa no es la comida ni la bebida. Es no cruzarse con los amigos de toda la vida, no compartir el ritual de siempre o salir a la calle después de un partido y comprobar que la mayoría sigue con su rutina, sin entender la euforia de un triunfo o la tristeza de una derrota.
Por eso, a medida que avanzó el torneo, comenzaron a multiplicarse los espacios para seguir a la Selección. Boliches insonorizados, bares temáticos y salones decorados con banderas argentinas ofrecen pantallas gigantes, cotillón, música y hasta cuarteto para recrear el clima de cualquier festejo en el país.
Las entradas para estas fiestas cuestan entre 4 y 20 euros, según el lugar y la propuesta. Algunas continúan con cumbia hasta las seis de la mañana, como si se tratara de un boliche argentino en pleno Madrid o Barcelona. A eso se suman numerosos bares que transmiten los partidos sin cobrar ingreso.
Alejandra, editora de video oriunda de Villa María, vive desde hace un año y medio en España y todavía no volvió al país. Para el partido entre Argentina y Cabo Verde asistió a uno de los eventos más convocantes.
«No sé si fue como volver a casa, pero fue sentirme como contenida o habituada en un lugar que me era muy familiar después de mucho tiempo».
Según contó a Hoy Día Córdoba, la sensación era la de compartir el momento con personas que parecían conocerse de toda la vida.
Nacho, fotógrafo salteño radicado en España desde hace cinco años, ya había vivido el Mundial de Qatar 2022 lejos del país. Para él, reunirse con otros argentinos tiene un significado que va más allá del fútbol.
«Hace que uno se reafirme también en su identidad aquí».
En el Mundial anterior tuvo que trabajar y apenas pudo seguir completos los partidos de semifinales y la final. Esta vez decidió aprovechar cada oportunidad.
«Este Mundial me estoy sacando las ganas y estoy viendo todo lo que puedo y, obviamente, los de Argentina, con más ganas todavía y rodeado de amistades».
A miles de kilómetros del país, el Mundial vuelve a convertirse en ese momento en el que un argentino encuentra a otro argentino y todo parece estar bien. En plena ola de calor europea, cientos de personas llenan bares, boliches y espacios culturales para alentar a la Scaloneta como si estuvieran en cualquier rincón del país.
Porque vivir lejos obliga a negociar muchas cosas. Pero hay una que ningún argentino parece dispuesto a resignar: la forma de alentar a la Selección.
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