Las enfermedades no transmisibles (ENT) se consolidan como la principal causa de mortalidad en la Argentina. De acuerdo con el último Boletín de Mortalidad difundido por el Ministerio de Salud de la Nación, sobre la base de datos consolidados de 2024, casi el 70% (un 69,1%) de los 376.405 decesos registrados en el país responden a condiciones de salud de carácter crónico y, en un alto porcentaje, evitables.
Esta tendencia epidemiológica se sostiene desde 1997 con la única excepción del período crítico de la pandemia de Covid-19. La actualización estadística actual se presenta con datos definitivos de 2024, debido a que jurisdicciones clave como la Provincia de Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Entre Ríos aún adeudan el envío de información correspondiente al ciclo 2025.
Mapeo de causas: prevalencia cardiovascular y oncológica
El desglose sanitario muestra que las patologías del aparato circulatorio encabezan la lista con el 40,4% de los fallecimientos por ENT (105.130 casos en el año analizado, divididos en partes iguales entre hombres y mujeres). La insuficiencia cardíaca representa el 25,1% de estas muertes, seguida por las patologías isquémicas, los accidentes cerebrovasculares (ACV) y las afecciones hipertensivas.
El riesgo sanitario también varía según la etapa de la vida:
De 1 a 34 años: La principal causa de muerte responde a factores externos y lesiones (accidentes de tránsito, violencia y suicidios).
De 35 a 64 años: Los tumores malignos representan el motivo de fallecimiento predominante.
A partir de los 65 años: Las enfermedades cardiovasculares se ubican al tope del registro.
Mortalidad infantil y juvenil: la transición de riesgos
En forma complementaria, un relevamiento del Observatorio de la Infancia y la Adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) determinó que, si bien la mortalidad infantil y juvenil se redujo a la mitad en los últimos 15 años, el índice se estancó desde 2020 en torno a 6 muertes por cada 10.000 niños y adolescentes.
Los picos de mayor vulnerabilidad se concentran en menores de un año (debido a afecciones perinatales y malformaciones congénitas) y en adolescentes de 15 a 19 años. En esta última franja, el 54% de las muertes obedece a causas externas con un marcado sesgo masculino, lo que impulsa la necesidad de adaptar la prevención según la etapa de desarrollo y los factores sociales de riesgo.
Las internaciones por enfermedades respiratorias en bebés cayeron un 73%









