LA PAZ.- La situación de incertidumbre se extendía ayer en Bolivia ante la indefinición de los resultados parciales de las elecciones presidenciales del domingo pasado, donde el presidente Evo Morales (Movimiento al Socialismo-MAS) disputaba voto a voto la posibilidad de ganar en primera vuelta con su principal rival, Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana – CC).
Con los seguidores del oficialismo y la oposición desplegados en las calles de las principales ciudades del país, y una fuerte presión internacional de organismos y observadores que cuestionan el recuento de votos, los últimos números del Tribunal Supremo Electoral (TSE) habían vuelto a instalar anoche la posibilidad de un ballottage: con el 95,63% de las actas verificadas, Morales ganaba con el 46,4% de los votos sobre el 37,07% de Mesa, una diferencia de 9,33 puntos que resultaba insuficiente para llegar al triunfo en primera vuelta (que requiere una distancia de al menos 10 puntos).
Mientras organizaciones empresarias y militantes del CC llevaban adelante protestas frente a los centros de conteo de votos en las principales ciudades del país, donde se registraron algunos incidentes y enfrentamientos, en el plano internacional países como Estados Unidos y Argentina, Brasil o Colombia acusaban al TSE de tratar de “subvertir la democracia en Bolivia” y le reclamaban a “restaurar la credibilidad” del escrutinio; mientras que la Unión Europea exigió “respetar la voluntad del pueblo boliviano” y la OEA expresó “su profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados”, antes de que se volviera a dar vuelta y favoreciera a Mesa.
En respuesta, el propio Morales le ofreció a la OEA que “haga una auditoría y verifique una por una las actas de votación”, puesto que “no tengo nada que ocultar”, según afirmó. A su vez, el vicepresidente del TSE, Antonio Costas, renunció a su cargo por “la desatinada decisión del TSE de suspender la publicación de los resultados” del escrutinio provisorio.









