La captura por la fuerza del presidente venezolano Nicolás Maduro durante una operación militar de Estados Unidos el pasado 3 de enero ha provocado una oleada de críticas y condenas a nivel internacional. Gobiernos y organismos multilaterales coinciden en señalar que la acción constituye una grave violación del derecho internacional, de la soberanía venezolana y de los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas.
En este contexto, Rusia expresó su respaldo a Venezuela y su disposición a brindar el apoyo necesario frente a lo que calificó como una agresión externa y una amenaza neocolonial.
El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso subrayó que Venezuela debe tener garantizado su derecho a decidir su propio destino sin interferencias externas y valoró la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta interina como un esfuerzo por preservar la unidad institucional, evitar una crisis constitucional y asegurar un desarrollo pacífico del país.
En la misma línea, el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL), que agrupa a 121 Estados, condenó el ataque estadounidense calificándolo de “acto de guerra” que socava la paz regional e internacional.
En una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, el bloque exigió el cese inmediato de las hostilidades, el respeto pleno a la soberanía y la autodeterminación de Venezuela, y reclamó que Estados Unidos rinda cuentas por la agresión en curso contra un Estado soberano.
Por otro lado, China elevó un tono especialmente crítico. Su Ministerio de Relaciones Exteriores denunció que Washington ignoró el estatus de jefe de Estado de Maduro al someterlo a un proceso judicial bajo jurisdicción estadounidense, vulnerando la soberanía venezolana y el orden internacional.
Pekín exigió la liberación inmediata de Maduro y de su esposa, así como garantías para su seguridad personal, y recordó que ningún país puede situarse por encima del derecho internacional ni actuar como “policía mundial”.
En el Consejo de Seguridad, representantes chinos calificaron la operación como unilateral, ilegal e intimidatoria, advirtiendo de que el uso de la fuerza agrava las crisis y amenaza la estabilidad de América Latina y el Caribe.
Desde América del Sur, Brasil formuló una de las críticas más contundentes a la operación estadounidense. Durante una sesión del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el embajador Benoni Belli, calificó la captura de Nicolás Maduro como un “secuestro” y denunció que los bombardeos sobre territorio venezolano evocan los peores episodios de interferencia externa en América Latina.
El representante brasileño advirtió que este tipo de acciones erosionan el multilateralismo, la autodeterminación de los pueblos y el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, y subrayó que solo un proceso político inclusivo, liderado por los propios venezolanos y libre de injerencias externas, puede ofrecer una salida legítima a la crisis.
Belli alertó además sobre la gravedad del precedente regional que implica el ataque, al señalar que, por primera vez en América del Sur, se difundieron imágenes de una acción militar derivada de una agresión armada de origen externo.
“Es inédito y especialmente alarmante que estas imágenes, que en general emanan de otras partes del mundo, se produzcan en un vecino con el cual nuestro país comparte 2.200 kilómetros de frontera terrestre”, afirmó.
En tanto, México reiteró su histórica postura de no intervención. La presidenta Claudia Sheinbaum expresó su desacuerdo con la forma en que se produjo la captura de Maduro y remarcó que, más allá de las valoraciones políticas sobre su gobierno, ninguna intervención militar puede justificarse.
“Lo que uno pide es juicio justo, siempre. Eso es lo que hay que pedir (…) para todos y en cualquier circunstancia y, en este caso en particular, tiene que haber celeridad y justicia”, sostuvo la mandataria desde Palacio Nacional. Sheinbaum reafirmó además el compromiso de México con la resolución pacífica de los conflictos internacionales y con la igualdad jurídica de los Estados.
La presidenta mexicana abogó asimismo por una cooperación internacional basada en el desarrollo y el respeto a los derechos humanos como vía para abordar las tensiones entre países.
“La mejor manera de ayudar a un país es a través de la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos”, concluyó.
En contraste con las críticas internacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió públicamente la operación militar y celebró el accionar de las fuerzas armadas estadounidenses: “Estados Unidos demostró una vez más que tenemos el ejército más poderoso, letal, sofisticado y temible del planeta”, afirmó este martes. “Lo llevo diciendo mucho tiempo: nadie puede con nosotros”, enfatizó el mandatario.
Trump también arremetió contra el presidente venezolano derrocado, Nicolás Maduro, a quien calificó reiteradamente como “un tipo violento”.
“Llevan años persiguiendo a este tipo, y es un tipo violento. (…) Ha matado a millones de personas. Ha torturado… tienen una cámara de tortura en pleno Caracas”, sostuvo el presidente estadounidense, en declaraciones que profundizaron la controversia internacional en torno a la operación.
Mientras tanto, el costo humano de la incursión militar comenzó a dimensionarse. Según informaron este martes las autoridades venezolanas, al menos 24 oficiales venezolanos murieron durante la operación estadounidense destinada a capturar a Maduro y trasladarlo a Nueva York, donde enfrenta cargos federales por narcotráfico. Con estas cifras, el número total de efectivos fallecidos asciende a 56, al sumarse los 32 muertos reportados previamente por Cuba tras los bombardeos iniciales en Caracas.









