Estados Unidos e Irán acordaron una pausa en sus hostilidades militares tras dos noches consecutivas sin ataques mutuos, en un intento por reducir la escalada y abrir un espacio para retomar las negociaciones diplomáticas que habían quedado interrumpidas.
El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, confirmó que el presidente Donald Trump decidió dar «un poco de margen» a la vía política, aunque aclaró que Washington mantiene sus capacidades militares listas en caso de que sea necesario actuar.
«Seguimos preparados», afirmó el diplomático, pero señaló que en este momento la prioridad es avanzar mediante conversaciones para evitar una nueva escalada regional.
Por su parte, el portavoz militar iraní Mohamad Akraminia confirmó que Teherán suspendió sus operaciones de represalia contra fuerzas aliadas de Estados Unidos. «Como nuestra estrategia está basada en la respuesta, también hemos interrumpido nuestras operaciones», explicó.
Sin embargo, las autoridades iraníes advirtieron que el conflicto podría reanudarse si Estados Unidos retoma sus ataques aéreos, lo que evidencia la fragilidad del alto en las hostilidades después de casi dos semanas de enfrentamientos directos.
El Estrecho de Ormuz, el punto central de la tensión
La escalada tuvo como principal escenario el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo y gas.
Aunque ambas partes habían alcanzado previamente un acuerdo de desescalada, la zona volvió a convertirse en un foco de enfrentamientos durante las últimas semanas. Según la televisión estatal iraní, seis embarcaciones fueron detenidas en las últimas horas cuando intentaban atravesar el paso marítimo, después de que Irán ordenara restricciones sobre la navegación.
El estrecho había sido cerrado por Teherán tras la reanudación de las hostilidades, interrumpiendo el período de calma que había comenzado con un acuerdo de 60 días.
Presiones militares y económicas sobre Washington
Informes de medios internacionales señalaron que la pausa en las operaciones estadounidenses podría estar vinculada a varios factores, entre ellos la necesidad de administrar los recursos militares y evitar un impacto mayor sobre la economía global.
Aunque el embajador Waltz negó que exista una falta de municiones, la administración Trump enfrenta crecientes presiones de sus aliados en el Golfo, preocupados por una posible expansión del conflicto.
La continuidad de la tregua también dependerá de la capacidad de ambas partes para retomar el diálogo y alcanzar compromisos que permitan evitar nuevos enfrentamientos.
La comunidad internacional sigue con atención este período de calma, considerado la primera señal significativa de distensión tras meses de tensiones militares.









