Los ataques de Israel contra Hezbolá en el Líbano se intensificaron este martes, en medio de una escalada regional que involucra también a Irán y Estados Unidos. A medida que la ofensiva se recrudece, el número de muertos en Líbano ya supera los 570, con más de 1.400 heridos y cientos de miles de desplazados.
En ese escenario, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) confirmaron bombardeos contra infraestructura militar y posiciones estratégicas del grupo chiita, incluida su sede central en Dahiye, en los suburbios del sur de Beirut, considerado un bastión clave. Antes de los ataques, el Ejército ordenó evacuar barrios densamente poblados, como Haret Hreik, Chiyah, Hadaz, Bourj el Barajne, Ghobeiry y Laylaki.
La ofensiva también incluyó incursiones terrestres en el sur del Líbano, con el objetivo de destruir instalaciones utilizadas por combatientes de Hezbolá, el movimiento respaldado por Irán.
A medida que los ataques se intensifican, la población civil sufre las principales consecuencias. Según la ONU y Acnur, cerca de 759.000 personas fueron desplazadas, incluyendo 200.000 niños, y más de 78.000 cruzaron la frontera hacia Siria. Muchos se refugian en escuelas, centros públicos y refugios improvisados, donde el hacinamiento y las condiciones precarias empeoran cada día.
A su vez, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) alertó sobre el impacto de la violencia en los menores.
“Las cifras son estremecedoras. Son un claro testimonio del impacto que el conflicto está teniendo sobre los niños”, señaló Edouard Beigbeder, director regional para Medio Oriente y África del Norte.
Según los datos más recientes, en promedio más de 10 niños murieron por día en la última semana, mientras que 36 resultaron heridos diariamente. Beigbeder enfatizó que “es urgente reducir la escalada y evitar más daños a los niños”, y pidió a todas las partes respetar el derecho internacional humanitario y proteger a la población civil.
Escalada con Irán
La ofensiva en el Líbano ha elevado aún más la tensión entre Israel e Irán. El régimen iraní denunció ante la Organización de las Naciones Unidas y su secretario general, António Guterres, que cuatro de sus diplomáticos murieron en un ataque israelí en Beirut durante el fin de semana. En la carta enviada, Irán calificó el hecho como “el asesinato selectivo de cuatro diplomáticos iraníes mientras ejercían sus funciones como representantes oficiales” y lo consideró “un grave acto terrorista y una seria violación del derecho internacional”.
Israel, en cambio, aseguró que murieron cuatro miembros de la Guardia Revolucionaria y un integrante de Hezbolá. Además, comunicó el inicio de una nueva serie de ataques aéreos contra objetivos del gobierno iraní en Teherán.
Frente a esta escalada, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que “aún no hemos terminado” la ofensiva y reiteró su llamado al pueblo iraní a “liberarse del yugo de la tiranía”, aunque aclaró que el cambio dependerá de los propios ciudadanos iraníes.
Israel también reiteró advertencias de evacuación a los residentes del sur del Líbano, especialmente al sur del río Litani.
El portavoz de las FDI, Avichay Adraee, escribió en X: “Los ataques aéreos continúan mientras las Fuerzas de Defensa de Israel operan con gran fuerza en la región”, y advirtió que «permanecer al sur del río Litani puede poner en peligro su vida y la de sus familiares».
Mientras tanto, Hezbolá continúa con ataques de impacto limitado contra el norte de Israel, manteniendo la escalada y ampliando el riesgo de que el conflicto se extienda en Medio Oriente.
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