El conservador pro-europeo Péter Magyar, líder del partido Tisza, se impuso con amplia mayoría en las elecciones de Hungría, derrotando al primer ministro ultranacionalista Viktor Orbán y poniendo fin a 16 años ininterrumpidos en el poder desde 2010.
Magyar, abogado de 45 años y ex integrante del oficialismo, emergió en apenas dos años como principal figura opositora tras romper con el Gobierno en 2024 y denunciar hechos de corrupción. Desde entonces, construyó Tisza como una alternativa centrada en temas concretos como inflación, salud y fondos europeos, logrando captar apoyo transversal.
En ese contexto de creciente malestar social, la jornada electoral estuvo marcada por una participación histórica —cercana al 77,8%—, la más alta desde la caída del comunismo, lo que anticipaba un posible vuelco político. Así, y tal como preveían las encuestas, el descontento social se tradujo en una derrota contundente del oficialismo.
Con el avance del escrutinio —entre el 72% y el 77% de los votos—, los resultados mostraron una tendencia irreversible: Tisza obtuvo entre 136 y 138 escaños de un total de 199, mientras que Fidesz, el partido de Orbán, quedó relegado a entre 54 y 56 bancas, y el Movimiento Nuestra Patria alcanzó una representación menor. De este modo, Magyar logró una “supermayoría” parlamentaria (más de dos tercios), lo que le permitirá gobernar sin necesidad de alianzas.
Por su parte, Orbán reconoció la derrota y felicitó a su rival: “Para nosotros el resultado es doloroso, pero ha dejado claro que no nos ha otorgado la responsabilidad de gobernar”, declaró ante sus seguidores.

Cabe recordar que el Parlamento húngaro es el encargado de designar al primer ministro, por lo que esta mayoría garantiza el acceso de Magyar al poder. Asimismo, el sistema electoral —de carácter mayoritario mixto y favorable a Fidesz— hacía necesario superar el 50% de los votos para lograr la victoria, objetivo que finalmente alcanzó la oposición.
Tras cuatro mandatos consecutivos y desde 2016 con supermayoría, Orbán había configurado un modelo definido por politólogos como una “democracia iliberal”, impulsando reformas constitucionales y leyes que limitaron la libertad de prensa y otros derechos fundamentales. En este sentido, Tisza prometió reconstruir el Estado de Derecho y revertir esas transformaciones institucionales.
En cuanto a lo que está en juego, estas elecciones abren un escenario de alternancia política en Hungría y generan expectativas en la Unión Europea (UE), especialmente por el cambio de postura que podría implicar respecto a Ucrania y al vínculo con Bruselas. De hecho, Magyar propone alinear nuevamente al país con la UE y la (Otan), además de desbloquear unos 18.000 millones de euros en fondos europeos retenidos por preocupaciones sobre el Estado de Derecho.
En esta línea, el propio Magyar afirmó: “Hungría volverá a ser un miembro de pleno derecho de la UE” y aseguró que su gobierno será “un gobierno de paz”.
Finalmente, la victoria fue bien recibida en Europa. El presidente francés, Emmanuel Macron, lo felicitó públicamente: “Francia saluda una victoria de la participación democrática y del apego del pueblo húngaro a los valores de la Unión Europea”.









