Un gigantesco socavón se abrió de forma repentina el miércoles en una transitada intersección de Shanghái, generando escenas de alarma entre obreros y transeúntes en la ciudad más poblada de China. El colapso ocurrió en el cruce de Qixin Road y Li’an Road, en una zona donde se construye una nueva línea de metro, y volvió a poner en cuestión la seguridad de la infraestructura urbana en medio del vertiginoso desarrollo de la metrópoli.
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran el momento en que el asfalto cede y una nube de polvo envuelve el área mientras trabajadores huyen para ponerse a salvo.
Pese a la magnitud del hundimiento, las autoridades locales confirmaron que no se registraron muertos ni heridos. Tras el incidente, el gobierno municipal acordonó un amplio perímetro y restringió el acceso para evitar nuevos riesgos.
Medios locales señalaron que usuarios en plataformas digitales apuntaron a una posible fuga vinculada a las obras subterráneas del metro como causa preliminar del colapso. Aunque no hubo confirmación oficial inmediata sobre el origen exacto, especialistas recuerdan que Shanghái enfrenta riesgos recurrentes de subsidencia asociados tanto a factores geológicos como a la intervención humana.
Gran parte del territorio chino se asienta sobre terreno kárstico, formaciones de roca caliza y dolomita erosionadas por el agua subterránea que generan cavidades invisibles bajo la superficie. Cuando el techo de estas grutas pierde resistencia, el suelo puede desplomarse de manera abrupta. El proceso se intensifica con lluvias abundantes, que penetran las grietas y aceleran la erosión interna.
A este escenario natural se suman factores humanos: la extracción excesiva de aguas subterráneas, los suelos aluviales blandos, las excavaciones profundas y el envejecimiento de la infraestructura urbana. Estadísticas oficiales recopiladas entre 2017 y 2023 indican que el 72% de los socavones registrados en China están asociados a la actividad humana, principalmente a errores en la construcción y fallas estructurales.
Shanghái no es ajena a estos episodios. En enero de 2024, una calle del distrito de Minhang colapsó cerca de diez metros tras la rotura de una tubería de aguas residuales, también sin dejar víctimas. A escala nacional, los casos han generado creciente preocupación pública. En 2020, un enorme socavón en la provincia de Sichuan se tragó 21 automóviles cuando una sección de aproximadamente 500 metros cuadrados de carretera cedió repentinamente, según reportaron medios estatales.
El desarrollo urbano acelerado —con grandes proyectos de transporte subterráneo y expansión inmobiliaria— tiende a desestabilizar el subsuelo, elevando la probabilidad de colapsos en áreas densamente pobladas. Aunque muchos de estos incidentes no provocan víctimas, su recurrencia alimenta el debate sobre los controles técnicos y la planificación de infraestructuras en ciudades que crecen a un ritmo sostenido.
La combinación de geología vulnerable y expansión urbana intensiva mantiene a China especialmente expuesta a estos fenómenos, donde en cuestión de segundos una calle puede desaparecer bajo tierra y reabrir interrogantes sobre los límites y desafíos del crecimiento metropolitano.









