El presidente de China, Xi Jinping, llegó este miércoles a Estados Unidos para una visita de tres días y fue recibido por Donald Trump al pie del avión en la base militar de Andrews, cerca de Washington. El gesto refleja la importancia que la Casa Blanca atribuye al encuentro entre ambos mandatarios.
El avión de la aerolínea estatal Air China aterrizó a las 21.40 GMT (17.40 de Washington) en la base aérea, donde se desplegó una guardia de honor integrada por militares con uniforme de gala y varios aviones de combate.
Se trata de la primera visita de Estado de Xi Jinping a la Casa Blanca en más de una década. El mandatario chino había estado en Washington en 2015, durante la presidencia de Barack Obama. El encuentro con Trump será, además, el tercero entre ambos desde el regreso del republicano al poder. Los anteriores tuvieron lugar en octubre del año pasado en Busan, Corea del Sur, y en mayo de este año en Pekín.
La jornada central de la visita será este jueves, cuando Trump y Xi mantendrán una reunión bilateral en la Casa Blanca. Entre los principales temas de la agenda estarán la tregua arancelaria, la guerra de Irán, el futuro de Taiwán y la competencia por el desarrollo de la inteligencia artificial (IA).
Aunque no se esperan grandes acuerdos, ambos gobiernos buscan preservar los canales de diálogo en un momento de relativa distensión comercial. Sin embargo, persisten importantes diferencias en materia de tecnología, minerales estratégicos, Taiwán y la relación de China con Irán.
Además, Trump y la primera dama, Melania Trump, ofrecerán este jueves por la noche una cena de Estado para Xi y su esposa, Peng Liyuan. El mandatario estadounidense busca así agasajar a su homólogo chino después de la visita que realizó a Pekín, que estuvo marcada por una intensa agenda de actos oficiales y ceremoniales.
Xi permanecerá en Estados Unidos hasta el viernes. Ese día visitará junto a Trump los Archivos Nacionales, donde se conservan la Constitución y la Declaración de Independencia estadounidenses, en el marco de las celebraciones por el 250° aniversario de la independencia del país.
Antes de la llegada de Xi, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, sostuvo que Washington y Pekín tienen “la obligación de interactuar y hablar al más alto nivel”, pese a sus “importantes discrepancias”.
En tanto, el embajador chino en Washington, Xie Feng, afirmó que las dos potencias necesitan construir una “estabilidad estratégica constructiva”. Según el diplomático, esa fórmula “no es un eslogan”, sino un llamado a que ambos países actúen “en la misma dirección”.
La visita de Xi se desarrolla así en un escenario de menor tensión comercial entre las dos mayores economías del mundo, aunque persisten disputas vinculadas con el comercio, la tecnología, los minerales estratégicos, Taiwán y la relación de Pekín con Teherán.









