Pochoclos y villanos

Por Darío Sandrone

Enemigos de la nación

El nacimiento de una nación es una película estadounidense estrenada en febrero de 1915, considerada una obra maestra del cine mudo. Para los entendidos en el tema, representa la transición del cine como entretenimiento de feria a un arte narrativo que inaugura una serie de técnicas propias. El contenido de la película, por otro lado, es menos celebrado. Cuenta la historia de dos familias (blancas) durante la guerra civil estadounidense (1861-1865). En una escena, dos jóvenes (blancas) son atacadas por unos forajidos (negros), retratados como libidinosos, grotescos e ignorantes. Las muchachas son rescatadas por una horda de encapuchados con túnicas blancas, que indudablemente referían a los integrantes Klu Klux Klan.

A pesar de que la organización racista había sido disuelta a finales del siglo XIX, suele aceptarse que la película inspiró su resurgimiento a principios del siglo XX. Cada historia llevada a la pantalla elige el héroe, y también el villano. El western, un género específicamente estadounidense cuya época de oro va desde la década 1940 hasta la del 1960, encontró en los "salvajes" nativos una amenaza de la que los duros cowboys debían defender a su familia y su propiedad.

Al enemigo interno y racializado, le siguieron otros externos. El "espía ruso" fue el villano fetiche durante la guerra fría, reemplazado, luego de la caída del muro, por el “lobo solitario” que robaba algún arma nuclear en la Rusia postsoviética. Por otra parte, los nazis, crueles e inhumanos invasores del mundo detenidos por las fuerzas aliadas, configuraron un villano perfecto que Hollywood explotó hasta el hartazgo con algunas buenas y memorables películas, pero con una infinita lista de películas (como decimos en Córdoba) malazas.

Los conflictos en Medio Oriente, Guerra del Golfo incluida, y los atentados de las Torres Gemelas, trajeron a los “terroristas árabes” a la galería de villanos, y de un tiempo a esta parte, también los chinos, vistos ahora como una amenaza económica y militar a la hegemonía estadounidense, se transformaron literalmente en los malos de la película. The Karate Kid, la clásica película de 1984, en la que un inocente jovencito se muda de Nueva Jersey a Los Ángeles con su madre y es atacado reiteradamente por sus nuevos y rubiecitos compañeros de escuela, fue reelaborada en 2010. En esta nueva versión, el jovencito es afroamericano y se muda junto a su madre de Detroit a Beijing, donde un grupo de malvados chinitos le hace la vida imposible. Nuevas épocas, nuevos enemigos.

Enemigos de la humanidad

Los enemigos no siempre responden a una lógica racial o nacional. En algunas películas, la humanidad en su conjunto es amenazada por fuerzas extrahumanas. El “zombi”, término que apareció escrito por primera vez en 1792 por el francés Moreau de Saint-Méry para referirse a los haitianos coloniales, que en la oscuridad de la noche traían a la presencia personas “vivas y muertas al mismo tiempo”, inauguró un género con peso propio en la industria cinematográfica estadounidense. El origen colonial del zombi no da una pista sobre la simbología de este invasor. Los zombis son “los otros”, los salvajes, los irracionales, los habitantes de las periferias, que irrumpen en los centros civilizados de manera violenta. Los que estaban muertos, y ahora vienen a matar.
De las penumbras lúgubres de la noche también provienen los vampiros, representantes de las fuerzas oscuras del mal. Estos seres han ocupado un lugar privilegiado en las películas de terror, aunque su aparición puede rastrearse en mitos muy antiguos y en la literatura del siglo XVIII, tanto académica como ficcional. El vampiro ha mutado a lo largo de la historia del cine.

De aquel ser horrendo que protagoniza Nosferatu, filmada en 1922, poco queda en los jóvenes y carilindos vampiros de Crepúsculo, filmada en 2008, aunque se puede buscar un antecedente en el Drácula-galán interpretado por Béla Lugosi, en 1931. El vampiro simboliza la amenaza de la muerte, pero también de otra invasora indeseable: la naturaleza. El vampiro es un ex humano, que cedió su condición a los rasgos animales del murciélago: volar, habitar la noche y sobrevivir a base de la sangre que succiona de otros seres vivos. El hombre lobo, sin dudas corre un destino similar.

Probablemente no quede una especie animal (actual o extinta) que no haya sido filmada como amenaza para un grupo de humanos. La invasión de la animalidad ha producido verdaderos clásicos. Tiburón y Jurasic Park, filmadas por Spielberg en 1975 y 1993, son solo un botón de muestra. Insectos, simios y gorilas gigantes, pirañas, osos, leones, y todo bicho que camina han sido retratados en innumerables películas como seres agresivos y peligrosos para los seres humanos.

Lo mismo podríamos decir de la naturaleza inerte. Son incontables las películas en que fenómenos naturales, supralunares y sublunares, irrumpen trágicamente en la vida de los buenos humanos que vivían felices. Asteroides provenientes de las profundidades del universo; tsunamis que inundan metrópolis enteras, incendios devastadores, terremotos catastróficos. El planeta deja de concebirse como el escenario de una película de terror y se convierte en el protagonista. En un limbo entre lo vivo y lo inerte, también los virus amenazan con extinguirnos en más de una película. Pero mejor no tocar el tema.

Extraterrestres y algoritmos

Desde el espacio exterior no solamente pueden atacarnos piedras gigantes, también seres vivientes. La Guerra de los mundos, novela adaptada por Orson Welles, e interpretada como radioteatro en 1938, produjo un pánico social histórico. Como se sabe, muchos oyentes desprevenidos creyeron que se trataba del noticiero, que anunciaba que seres extraterrestres extremadamente agresivos y destructores invadían la Tierra. El abanico cinematográfico que se desplegó desde entonces va desde el terror claustrofóbico de Alien: el octavo pasajero, filmada en 1979, hasta la comedia animada Space Jam, estrenada en 1996, en la que un equipo de básquet terrestre, integrado por Michael Jordan y los dibujos animados de la Warner Bros, se juegan el planeta en un partido frente a los extraterrestres invasores.

Veinticinco años después, acaba de salir una segunda parte de este film. Además de cambiar el héroe, que ahora es LeBron James, el villano ya no es un ser vivo proveniente de otra parte del universo, sino un enemigo interno, un doméstico esclavo tecnológico que se rebela. Al-G es un algoritmo que ha tomado conciencia de sí mismo y atrapa a los humanos en un mundo virtual, desde donde deberán escapar (si pueden). Nuevas épocas, nuevos enemigos. Habrá que ponerse cómodos y preparar pochoclo.

 
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