La débil excepción uruguaya

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Un país que venía siendo señalado durante todo el año 2020 como ejemplo en el manejo de la pandemia del covid-19 –especialmente por cierto sector de la política argentina-, era la República Oriental del Uruguay. El país oriental llegó a tener menos de 100 casos diarios durante el año pasado, mientras la región, encabezada por Brasil, tenía cifras de contagios muy altas. Esto se daba en el marco de una política sanitaria diametralmente opuesta a la que tomó, en marzo de 2020, el gobierno argentino. El mandatario uruguayo, Luis Lacalle Pou, en ningún momento dictó cuarentena obligatoria a su población; inclusive, mientras todo estaba cerrado “al otro lado del charco”, en su país se mantenían abiertos los comercios, los bares, restaurantes, teatros, cines, y hasta recitales. Por un tiempo esto dio resultados, hasta que la estrategia sanitaria uruguaya debió modificarse drásticamente.

El domingo pasado, Uruguay superó a Brasil como el país de América Latina con mayor cantidad de casos por millón de habitantes. El país se mantuvo con contagios diarios bajos hasta comienzos de este año. En los últimos cuatro meses la situación pegó un giro de manera drástica. Por primera vez desde que comenzó la pandemia, en enero superaron el techo de los 1.000 casos, y a partir de ahí nunca dejaron de subir.

Uruguay es un país de poco menos de tres millones y medio de habitantes, de acuerdo a datos de 2019. El promedio actual de contagios es de 33,51 cada 100.000 habitantes por semana. Es decir, muy por encima de lo que se considera un “promedio de riesgo”, el que se comienza a tomar en cuenta a partir del promedio de 25 casos. No todos los números son preocupantes: al menos por ahora el país mantiene un índice bajo de muertes. Más aún si se lo compara con la región: con poco más de 700 víctimas fatales desde que comenzó la pandemia, Uruguay cuenta con una tasa de letalidad del 1%.

Durante el año pasado Lacalle Pou hizo hincapié en el amor de los uruguayos por la “libertad”, oponiéndose a todo tipo de restricciones para contener la pandemia, similares a las tomadas por su vecino, Argentina, o por la mayoría de los países de Europa. Sin embargo, esto tuvo que cambiar debido a que el sistema sanitario del país se encuentra al límite. De hecho, durante esta semana hubo casos concretos de ciudadanos uruguayos que murieron a causa del covid-19 sin poder recibir ningún tipo de atención médica. Un habitante de la ciudad de Bella Unión murió debido a que la ambulancia demoró más de una hora en llegar a su hogar, según denunció su viuda. A su vez, un hombre del departamento de Salto, de 37 años, también fue víctima de la enfermedad sin recibir cuidado de los médicos, a pesar de haberlo solicitado en numerosas ocasiones.

Algunas medidas que se barajan en el gobierno son, inclusive, particularmente duras. Entre ellas, se debate en el Senado la posibilidad de imponer penas de hasta dos años de cárcel a todo aquel que incumpla la cuarentena, o “atente contra la salud”. Este proyecto fue presentado por un senador oficialista, y va en consonancia con lo que plantea el Procurador General de la Nación, Jorge Díaz, quien pidió transformar toda violación de las medidas sanitarias como “delito de peligro”. Lo que podría habilitar al Poder Judicial a imputar penalmente a todos los que violen las restricciones.

Como contracara de los números de contagios, Uruguay también es uno de los países que, hasta ahora, vacunó en mayor medida en América Latina. Tan solo superado por Chile, lleva inmunizado a 5,9 personas por cada 100. Con una estrategia muy particular, no se comenzó a vacunar por la población de riesgo, ya que la vacuna aplicada (Sinovac) aún no contaba con los suficientes estudios publicados respecto de su actuación en mayores de 60 años. Desde este lunes, también será aplicada para ese sector.

Lacalle Pou definió varias veces su estrategia de manejo de la pandemia como de “libertad responsable”. Hasta la semana pasada, el mandatario se manifestaba completamente renuente a cualquier tipo de medidas que tengan como objetivo la restricción de la circulación. Esto debió cambiar debido a los números. Si hay algo que nos deja en claro la pandemia, exceptuando casos extremadamente excepcionales, es que no hay ejemplos sobre el manejo de la situación sanitaria. Cada país hace lo que puede con lo que tiene, y un Estado puede pasar de ser un caso a imitar, a convertirse en un escenario desbordado. Eso es lo que se puede sacar del caso uruguayo. En un contexto tan dinámico como impredecible, lo que funciona para unos puede no exportarse a otros. E inclusive, lo que funciona en un país en un momento, puede dejar de hacerlo poco tiempo después. Mientras atravesamos la peor pandemia de los últimos 100 años, es bueno despojarse de las ideologías y dogmas a ultranza. Especialmente, aquellos que promulgan la “libertad” del individuo en un momento donde, la única forma de salvarse es como comunidad.

 
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