A propósito de las ''memorias dispares''

Carta de nuestros lectores

Sr. Director:

He leído la nota de Daniel Etchemendy Ricart, publicada en HOY DIA CORDOBA, en la edición del 1 de abril, y me permito hacer algunas consideraciones.

A las preguntas cabe responder: es un día feriado el 24 de marzo porque se conmemora y recuerda una fecha nefasta para nuestra Patria. Ese día se consumó un golpe de Estado, que efectuaron, mancomunada y solidariamente, sectores civiles (empresarios, políticos y otros) y militares. Fue el último, y esperemos que sea verdad el Nunca Más, de una serie que comenzó el 4 de junio de 1943 y se repitieron a razón de uno cada seis años.

Ese golpe dio lugar a un gobierno con distintas cabezas, que ha sido catalogado en tribunales, libros, declaraciones y, sobre la base de pruebas y testimonios, como genocida, secuestradores de niños y otras lindezas, como parte de un plan perfectamente orquestado y militarmente planificado.

Yo no puedo asegurar si la cifra de 30.000 desaparecidos es correcta, o la de niños apropiados es de 500 o más; sé que la negación o la puesta en discusión de la cifra siempre ha sido usada como argumento primero para enunciar el segundo: no fueron tantos, por ende, todo es mentira. Se fueron al exterior, están escondidos, etc. Como si el problema fuera la cifra y no los hechos.

¿Cuántos desaparecidos y cuántos niños apropiados debiera ser la cifra a partir de la cual ese gobierno ilegítimo, avalado por empresarios cómplices, justicia apañadora e iglesia cuasi muda sea calificado de genocida?

Nadie pide que “los otros se queden mordiendo rabia y resentimiento”, que se presenten dónde corresponda y pidan el reconocimiento que crean necesario, a favor de los que crean necesario. Y llorar los caídos en asaltos a unidades de las fuerzas armadas o “del orden” no está mal por parte de quién lo considere pertinente. ¿Eso cambiaría los hechos perpetrados por la dictadura nacida en 1976?

A mí también me incomoda la historia que no responde a los intereses que se nombran en la nota aludida, casi la que aprendimos desde la primaria, aunque no me consta y no tengo pruebas del financiamiento de los mismos para ambos lados del centro.

Desde “El clima estaba…” hasta “una potencia mundial” puedo estar de acuerdo con el análisis que hace el autor de la nota. La actitud paternalista de pobres pibes ya no me parece bien. Nunca fui partidario de ese tipo de camino para los cambios revolucionarios que el país necesitaba y sigue necesitando. Creo que esa revolución debiera haber sido (y espero que alguna vez sea) consecuencia de las luchas organizadas por los sectores populares en contra de los que forman la estructura de poder real en Argentina y el mundo. No le temo a la palabra revolución, sí descreo del uso esclarecido de la violencia o el foquismo. Y no creo que llamarlos paternalmente y casi con lástima “pobres pibes” sea correcto.

No coincido con “el pueblo aprendió a odiar”. Creo, y por eso tantos años después con asistencia de generaciones renovadas se sigue marchando por el Nunca Más, que el pueblo, o, mejor, muchos de las argentinas y los argentinos comprendieron que esas instituciones deben estar donde corresponde, y no creerse únicos vehículos para la salvación de la Patria y rectores de la conciencia de todos.

Estimo, por último, que estar separados en cuestiones ideológicas es algo que cruza la historia de la Humanidad, y personalmente no me asusta. Me asusta que esas diferencias impidan todo tipo de diálogo. Y pienso que una manera de evitar que las diferencias generen violencia es toda forma de militancia social y política que ayude a ver eso que en la carta del lector se llama “enemigo”.

Conmemorar el 24 de marzo, trabajando o no, no cambia el fondo de las cosas, y tampoco deberá olvidarse a los traidores. Pero cuidado, no es lo mismo ser asesinos traidores a la Patria, usando las armas de la Patria, que otro tipo de traidores. Yo, jubilado, no fui a trabajar, por mi edad y el miedo al bicho malo no participé de actos o marchas, en los que casi siempre lo hice, pero creí prudente escribir lo que sigue y hacerlo conocer por los medios que pude: Dos palabras. Tres sílabas. Ocho letras. Una tragedia. Un genocidio. Demasiados miserables de uniforme, corbata, toga o sotana. Miles de lágrimas, de desaparecidos, de heridos en cuerpo o alma. Cientos de niños robados. Un mar de pañuelos blancos. Ninguna venganza. Puro juicio y verdad. Una promesa. Una mano y muchas manos. Un grito: Nunca Más. (24-3-21).

Y tuve el privilegio que un poema escrito para el 24 de marzo de 2020 fuera leído en dos actos conmemorativos este año.

 

Carlos H. Peludero

 
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