¿Cuánto y cómo ha cambiado la religión de los argentinos?

Por Ana L. Suárez y Gustavo Morello SJ

Los datos de Gallup de hace unos días corroboran que en Occidente hay menos religión que antes. Lo interesante es que esas mismas encuestas muestran que la gente sigue creyendo en algo. “Desinstitucionalización”, “creer a mi manera”, “cuentapropismo religioso”, “religión a la carta”, son algunos de las formas en las que los investigadores denominan esta tendencia. Algo que, como el sociólogo argentino Alejandro Frigerio sostiene, tendría una larga historia, pero que la idea de una “nación católica” no nos permitía percibir.

El punto es que los creyentes elaboran y re-elaboran ideas, incorporan practicas y símbolos de distintas tradiciones religiosas. Sin prescindir completamente de lo que las religiones ofrecen, recrean con autonomía, adaptándolas a sus necesidades espirituales y vitales. No es tanto lo que digan las autoridades religiosas, sino lo que tiene más sentido en la vida cotidiana. La posibilidad de elegir está condicionada por múltiples factores (formación recibida, experiencias vividas) y actores (pareja, padres, amigos, medios). Esta “subjetivación” de lo religioso es una de las características de la transformación ocurrida en los últimos cincuenta años: creemos, con autonomía de lo que las tradiciones religiosas establezcan. El sujeto moderno no prescinde de lo religioso, pero elige con autonomía.

Ahora bien, que los creyentes crean con autonomía no significa que crean en privado. A pesar de los que sueñan con reducir lo religioso a lo privado, la religión está presente en la esfera publica. Las encuestas muestran que la religión se practica con otros. En una encuesta online dirigida por Hugo Rabbia (Conicet/UNC), un 44,3% de las personas entrevistadas dice practicar la religión individualmente. Pero un 83% mencionó prácticas que involucran a otras personas. Esto es, la religión vivida es a la vez, personal y comunitaria.

¿Cómo afectó este contexto a las pertenencias religiosas de los argentinos? ¿Cómo y cuánto cambiaron? Datos de las Encuestas del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) de los años 2011, 2013 y 2018, y la “Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina”, realizada por el Ceil/Conicet en 2008 y 2019, permiten aproximar respuestas.    Ambos estudios muestran una disminución de aquellos que se identifican como católicos, paralelamente a aumentos entre los cristianos no católicos, y quienes no quieren ser vinculados con ninguna institución religiosa -no necesariamente no creyentes-.

¿Cuál fue la magnitud de los cambios? Es difícil dar un valor preciso. Ambos estudios se basan en muestras robustas, sin embargo, muestran diferencias respecto de la dimensión de estos cambios. Nos detenemos primero en la autoafiliación católica.

En 2018 se identifican como católicos entre un 62,9% (Ceil/Conicet) y un 72,8% (Odsa/UCA) de la población; con una disminución de entre 12 y 2% respecto a los resultados de estos mismos estudios realizados una década atrás. Con el objetivo de alcanzar una precisión mayor, en el “Programa Condiciones de Vida y Religión”, de la UCA, se profundizó en esta cuestión a través de una función polinómica ajustada mediante una línea de tendencia con estos resultados y los de otros relevamientos internacionales (la Encuesta Mundial de Valores, el Latinobarómetro, un estudio del Pew Forum sobre religión en América Latina). Esta aproximación estadística confirma la tendencia a la baja, indicando que el 70% de población argentina actual se identifica como católica. Debe recordarse que, según los datos del Censo Nacional de Población y Vivienda, de 1960 -último en que se relevó la autoafiliación religiosa-, la población católica del país alcanzaba al 92%. En las últimas 6 décadas el catolicismo, en síntesis, alcanza a un 22% menos de la población.

Según los dos estudios nacionales mencionados, los cristianos no católicos han aumentado (sobre todo pentecostales y neopentecostales), con una incidencia actual entre un 13,2% (Odsa/UCA) y 16,7% (Ceil/Conicet). Aquellos que se identifican como “sin religión” (en su mayoría creyentes desafiliados, pero también ateos y agnósticos) representan entre el 13% (Odsa/UCA) y el 18,9% (Ceil/Conicet). Estos datos indican dinamismo en las pertenencias religiosas. Muestran, asimismo que, a pesar de los cambios, la religión sigue siendo constructora de identidades en la sociedad argentina.

Posiblemente, para muchos, esta identidad adquiera la forma de una religión con puntos de intersección con lo institucional, pero más aún tome el formato de religión vivida, donde la espiritualidad, la búsqueda de sentidos, de prácticas y devociones que conecten con lo sagrado, estén moldeando la experiencia religiosa.

 

Ana Lourdez Suárez es socióloga, investigadora, Conicet/UCA; Gustavo Morello es sociólogo, jesuita, Boston College, EEUU.

 
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