Es muy común la decisión sea “no decidir”, procrastinar, esperar que el tiempo u otros resuelvan la situación. Esa suele ser la peor decisión.
En caso de tomar la iniciativa, existen algunos dilemas que repiten la configuración de la situación y el esquema de soluciones posibles. Las más frecuentes son decidir hacerlo individualmente, en un pequeño grupo generalmente familiar, o colectivamente en grandes grupos generalmente instituciones sociales.
Ellas no son necesariamente excluyentes unas de otras y es posible que las individuales tengan resultados a corto plazo, las de pequeños grupos los tengan a mediano plazo y las colectivas en grandes grupos produzcan resultados a largo plazo.
Por ello es deseable iniciar el proceso de decisión juntas, al mismo tiempo, de modo que unas sostengan las otras.
Dilema 1: “No hay plata”
Con seguridad es el más frecuente y la decisión más inmediata es recortar gastos, pero sabemos que eso solo prolongará la situación, mucho más si asumimos deudas costosas que se acumularán.
También debiéramos informar de la situación a los otros miembros del grupo familiar, de modo que sean conscientes del problema, entiendan los “no podemos” y si pueden vean la forma de generar algunos ingresos adicionales que aunque sean mínimos siempre ayudan.
Se sabe desde hace años que las familias que más prosperan y sufren menos restricciones son aquellas que tienen hijos aportantes. De hecho, el nivel socioeconómico tiene como variable más determinante la proporción de miembros aportantes y como segunda variable, el nivel educativo del principal sostén del hogar.
Allí es donde debemos sumar capacidades, competencias profesionales o en oficios, que sumen a aquello que podemos y sabemos hacer, siempre que ellas puedan ser remuneradas.
Es por eso que participar y mostrar nuestra participación en organizaciones visibles de la comunidad, no solo las fortalece y les permite brindarnos servicios que de otra forma no podríamos disponer porque serían muy caras o directamente no existan, sino que además nos califica aumentando nuestro currículum y así podamos ser demandados y elegidos en actividades que sean remuneradas.
También podemos asociarnos con otros que tengan competencias complementarias para algún emprendimiento en común que generen recursos adicionales que en la medida de lo posible podamos capitalizar, para generar un círculo virtuoso de sostenibilidad creciente.
Dilema 2: “Me siento inseguro”
La inseguridad puede ser de las más variadas índoles. Puede ser afectiva, económica y en general asociada a la incertidumbre sobre el futuro. Es que hoy más que nunca, el futuro es incierto e indeterminado. Algunos recurren a libros o cursos de autoayuda y coaching ontológico que mejoren la forma de “estar en el mundo” como persona u organización.
Otros recuren a métodos retrospectivos como las constelaciones familiares que buscan identificar y resolver conflictos, traumas o patrones repetitivos inconscientes dentro de un sistema familiar, que podrían ser la causa de la inseguridad.
La búsqueda de seguridad, típica de nuestros tiempos inciertos con formas introspectivas disponibles en términos individuales, se pueden completar con una visión existencial que es un enfoque filosófico y terapéutico que enfatiza la libertad individual, la responsabilidad personal y la creación de sentido en una vida finita, donde la «existencia precede a la esencia». Así la seguridad se obtiene por el futuro que construyamos nosotros mismos y no por lo que otros decidan respecto de nuestras vidas.
Así el existencialismo que nos hace responsables de construir nuestra esencia y certidumbres, requiere de un alto grado de autoestima y convicción, que hoy no abunda pero puede aumentar en la medida que ejerzamos la libertad y responsabilidad personal en ámbitos colectivos, que nos contengan, generen esperanzas y nos permitan tomar decisiones más efectivas y asertivas.
La asertividad es la habilidad social y de comunicación que permite expresar opiniones, sentimientos y necesidades de manera firme, honesta y directa, respetando simultáneamente los derechos y creencias de los demás que hace posible el trabajo colectivo y en equipo.
Sea a través de técnicas de autoayuda, retrospectivas o filosofía existencialista, parece que todas nos orientan en búsqueda de seguridad hacia el esfuerzo propio, la ayuda mutua y la organización colectiva sin dejar de lado la libertad individual y la responsabilidad.
Quién no actúe así, difícilmente logre la seguridad que se reclama, salvo por un corto plazo y con los riesgos del “exceso de confianza”.
Por todo ello, los dilemas de hoy pueden no ser tales, en la medida que todos, más o menos directa o indirectamente se solucionan en forma colectiva aunque las redes sociales que pretenden controlarnos con nuestro consentimiento, nos orienten a soluciones únicamente individuales.
Para que esto no sea un simple ejercicio intelectual, me atrevo a sugerir ver una experiencia exitosa sobre cómo construir comunidad, sin renunciar a la libertad y la responsabilidad compartida. Clíck aquí.









