Las señales son pocas, pero cada vez más intensas: el ex gobernador Juan Schiaretti está cerca de aceptar el desafío y podría encabezar la lista del oficialismo provincial para las elecciones legislativas de octubre. La noticia se impone en condicional porque, se sabe, la mesa chica que rodea al líder de Hacemos Unidos por Argentina es tan críptica como su jefe.
La novedad sería un bálsamo para el gobernador Martín Llaryora porque un postulante con peso propio encabezando la nómina lo aliviaría de la faena de embestir contra Milei y desgastarse en un doble rol de mandatario provincial y de jefe de campaña en una elección de medio término.
También le resultaría clave como ordenador del cordobesismo que se mostró algo convulso cuando empezaron a sonar nombres que pueden ser objeto de conjeturas sobre la imagen, el conocimiento y las chances en una contienda. Aunque este nuevo escenario abre la disputa por los puestos dos y tres de la lista ya que una elección pareja los convierte en expectables de ocupar una banca en el Congreso.
Los motivos detrás de un «no» que muta en «sí»
¿Qué pasó en estas últimas semanas para que se pasara del no rotundo a esta candidatura posible? Los acuerdos que Schiaretti ha tejido con dirigentes nacionales y de otras provincias se vio coronado con la foto de la semana pasada y la alianza que incluye a Facundo Manes, Emilio Monzó, Mónica Fein, Margarita Stolbizer y al intendente de Tigre, Julio Zamora. De aquellos tratos habría surgido el compromiso de que cada dirigente sea candidato en su distrito.
Otro argumento de peso lo constituyen los intendentes y su inserción clave en el territorio. Muchas veces esquivos para el trabajo proselitista en elecciones de medio término no podrán eludir la obligación ante un referente con alta consideración en la ciudadanía, gestión probada en tres períodos y con aciertos estratégicos que garantizaron continuidad en el poder.
También se puede sumar en la columna de los pros para esta determinación una pregunta: ¿Qué pasaría si se da una situación traumática institucional como en 2001? Para que alguien sea considerado como opción y reserva de gobernabilidad hay que integrar la asamblea legislativa. Pero para ello debería ocurrir una catástrofe política de gran envergadura. “En la Argentina de Milei cualquier cosa puede pasar” advierte una observadora de la política local.
Natalia de la Sota: un desafío impensado
El ex gobernador tendrá, sin embargo, una adversaria inesperada en otras situaciones. La diputada Natalia de la Sota ha dicho que aspira a renovar su banca y que, hasta ahora, lo hará por fuera del oficialismo. Schiaretti no oculta ante sus interlocutores el malestar que arrastra hacia la hija de su socio político. Tampoco esconde que le resultaría incómodo competir contra una lista que lleve un apellido de tanto peso simbólico para el peronismo provincial.
Cuando se indaga sobre los motivos del fastidio de “El Gringo” las fuentes sólo remiten a los desacuerdos políticos en Diputados donde Natalia votó en contra de la estrategia labrada desde el Panal exponiendo la dificultosa gobernabilidad que se intentaba lograr. Nada afirman sobre cuestiones de índole personal.
Según trascendió, ya se habrían activado contactos de un lado y del otro para propiciar una reunión que acerque posiciones, lime asperezas y explore algún acuerdo. Pero por ahora todo está en veremos y aun no se ha plasmado en algo concreto.
Milei, entre el aislamiento y la iniciativa
Luego de una semana para el olvido que vivió el presidente Javier Milei, las huestes libertarias comienzan a recostarse en una estrategia endogámica. Las alianzas y acuerdos son mala palabra cuando todo huele a traición y una lista pura de LLA en la provincia podría poner al tope un nombre sin la relevancia y el nivel de imagen positiva que tiene el tres veces gobernador.
Eso también entraña un riesgo que es el de perder contra un ignoto y deslucir su figura de estadista o bien ganar en la provincia y adquirir relieve nacional en un Congreso donde se verán contiendas políticas de alto voltaje en el camino a las presidenciales del 2027.
Enfrente, durante la campaña estará el presidente Milei encabezando la cruzada. Lo acechan las fragilidades económicas de un superávit que tambalea con cada ley que se aprueba y también los errores propios de un dogmatismo que lo aleja de la concertación y las alianzas. Aunque nadie deja de reconocerle que, hasta ahora, supo extraer capital político donde otros ven debilidades.
Si Milei y La Libertad Avanza logran evitar el hundimiento en la fosa del aislamiento político, prometen una campaña en los próximos tres meses que será de una intensidad pocas veces vista.