El intendente Llaryora celebra la desintegración final del COE

El jefe capitalino tuvo un fuerte cruce el año pasado con Juan Ledesma y estaba molesto con que hubiera un organismo con más poder que los jefes municipales

Por Mercedes Grimaldi

Los monitores estaban todos encendidos pero sin volumen el martes por la mañana en el principal despacho del Palacio 6 de Julio. De un lado los televisores con los canales de aire de la ciudad de Córdoba y del otro, todo el monitoreo de tránsito y transporte. Como casi todos los días.

Martín Llaryora los va relojeando permanentemente a todos. Pero a eso de las 11 de este martes, clavó la vista en uno que tenía el móvil en el Hospital de Niños. El intendente se desabrochó el segundo botón de la camisa, se arremangó un pliegue más las mangas y dejó de hacer lo que estaba haciendo para quedarse con la mirada fija en la tele. Juan Ledesma, director del nosocomio, daba el parte médico de un bebé atacado por su familia.

“El tiempo pone todo en su lugar. Volvió a ser director de hospital”, le murmuró a su más cercano colaborador y siguió con lo que estaba.

Llaryora fue uno de los primeros en tener un fuerte encontronazo con Ledesma, quien sigue siendo el titular del COE. Fue en la época en la que el Centro de Operaciones de Emergencias aparecía por encima de cualquier autoridad constituida en la provincia. 

En una fría noche del otoño pasado, Ledesma y Llaryora discutieron feo en el Pizzurno, sede del ministerio de Salud y del COE. Hubo testigos de aquel duro encontronazo verbal que terminó con el sanfracisqueño dando un portazo, no sin antes apuntar con el dedo al médico: “No te olvides que soy el intendente de la ciudad, votado por los vecinos”.

La relación se recompuso en parte, pero nunca se cicatrizó del todo aquella herida. Por eso, Llaryora celebra que el COE ya sea un organismo casi decorativo, que el ministro de Salud, Diego Cardozo, no disuelve formalmente por sólo una cuestión de no mostrar debilidad política.

Es que el COE tuvo su primer punto de declive con el sonado caso del papá de Solange Musse, que tuvo repercusión internacional y hasta obligó al Gobierno nacional a dictar normas para garantizar cuestiones humanitarias en pacientes terminales y sus familias.

A partir de agosto de 2020, el COE dejó de imponer pautas de comportamiento en todos los ámbitos para dictar recomendaciones. En el medio, la cuarentena se resquebrajaba.

Pero el gran golpe llegaría en los primeros días de este año cuando se conoció que el COE tenía entre sus filas a un médico trucho, que atendía pacientes en nombre del propio organismo. Ignacio Martín se desempeñaba en el COE Río Cuarto, al que había llegado apadrinado por Diego Almada, médico de estrecha confianza de Ledesma y con fluidos vínculos con el ministro Cardozo.

La Justicia aún no determinó las responsabilidades de semejante atropello sanitario, en el que están bajo investigación al menos dos muertes de pacientes atendidos por el falso médico.

Ya del COE quedaban hilachas. Pero todo terminó por diluirse hace tres semanas cuando el ministro Cardozo anunció formalmente que el COE se “reestructuraba” con 26 centros, uno en cada departamento, y 427 comités de crisis, uno por localidad cordobesa.

Fue la manera que tuvo el gobierno provincial de decirle a los intendentes que cada uno decidiera lo que mejor le parecía ante la segunda ola. Ya no habría palabra santa ni funcionarios sobre las autoridades elegidas por el voto popular. Por eso, Llaryora esbozó una sonrisa frente al televisor.

Se lo contamos acá, porque va a ser difícil que lo lea en otro lado.

 
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