La situación actual del Pami es de una profunda crisis financiera y administrativa, marcada por una deuda con prestadores que alcanza los $500.000 millones. El organismo adeuda pagos a clínicas, sanatorios, farmacias y médicos, lo que ha llevado a las autoridades de Salud a buscar auxilio financiero en el Ministerio de Economía para cubrir un pasivo que el presupuesto actual no logra afrontar.
El conflicto escaló tras la implementación de una resolución que modificó el sistema de pago a los 8.000 médicos de cabecera. El nuevo esquema eliminó los pagos extras por atención (incentivos y consultas largas) para pasar a un sistema exclusivamente capitado. Si bien el valor por paciente subió, los profesionales denuncian que esto representa una caída real en sus ingresos netos y una mayor carga administrativa.
Desde el organismo, el director ejecutivo Esteban Leguízamo defiende la medida como un ordenamiento del gasto. Sin embargo, los gremios advierten sobre un deterioro prestacional similar al de la década del 90. Ramón Farías, de ATE, declaró: “Les pidieron que limiten la atención a los pacientes diabéticos porque son tratamientos de alto costo”. A este panorama se suman demoras en la entrega de insumos básicos como pañales y una reducción de la planta de personal de 1.500 empleados.
En Córdoba, la situación atraviesa un momento crítico. Desde que se eliminó la cobertura del 100% en muchos medicamentos, quienes ganan apenas por encima de la mínima enfrentan un dilema imposible: muchos dejan de comprar sus remedios porque no pueden cubrir el 50% restante. Rodolfo (nombre de ficción), médico de cabecera, describió la situación con claridad: “A todo aquel jubilado que cobraba un poquito más de la mínima, le sacaron los medicamentos gratis y eso empezó a generar que los pacientes te digan que no le recetes lo que no sea al 100%, porque no lo iban a comprar. No tenían plata”.
A este escenario se suma un aumento masivo de pacientes en los consultorios. El costo de las prepagas, arriba de los $300.000, empujó a miles de personas mayores a renunciar a sus planes privados para depender exclusivamente del Pami. Esto colapsó la atención, transformando al médico en un confidente del descontento social: “Hoy te dicen: ‘este tipo está loco, nos van a cortar todo’. En la clínica les dan los turnos cada vez más lejanos y las cirugías se programan demasiado lentamente”.
Por el lado de los profesionales, la brecha es alarmante. Un médico con el cupo máximo de 700 pacientes pasó de percibir $2.200.000 a un estimado de $1.400.000. Rodolfo advierte: “De ahí tenés que pagar secretaria, alquiler, monotributo y combustible. No tenemos vacaciones pagas ni aguinaldo”. Finalmente, el ajuste se siente en los insumos: la entrega de sillas de ruedas o andadores puede demorar más de un año y programas históricos como el HADOB (hipertensión arterial, diabetes y obesidad) están desfinanciados. Como remata Rodolfo: “Dejaron de cubrir hasta los protectores gástricos; ahora el jubilado los tiene que pagar al 100%”.









