Las paredes de nuestras ciudades no son solo límites arquitectónicos; son superficies donde se disputa el sentido de la memoria. En Córdoba, el colectivo Arde Mosaico interviene el espacio público con una premisa clara: transformar la cerámica en una herramienta política capaz de activar memoria y generar comunidad.
En diálogo con Hoy Día Córdoba, Natalia Esteves, integrante del colectivo, explicó que Arde Mosaico trabaja el mosaico desde una perspectiva de derechos humanos, género y participación social desde 2018. En la previa del 24 de marzo, camino a los 50 años del golpe, su voz sintetiza el espíritu de un proyecto que no entiende el arte como decoración sino como disputa.

«No nos une solo la técnica, sino un posicionamiento político: usamos el arte para visibilizar luchas»
En el cruce entre el Mes de la Mujer y el Mes de la Memoria, su trabajo cobra una dimensión particular: intervenir no es decorar, sino disputar el espacio público frente al avance del olvido.
Con una «agenda que arde», este domingo a las 16, el colectivo realizará una instalación de pañuelo y un Punto Mosaico abierto en el ex Encausados, Paseo Güemes. Una oportunidad concreta para acercarse, participar y llevarse un fragmento de memoria.
Lo fragmentado como construcción colectiva
El mosaico parte de una lógica simple: fragmentos que, al unirse, construyen una imagen. En Arde Mosaico, esa técnica se convierte en una metáfora social:
«El azulejo es un material frío, rígido, pero permite construir algo vivo: historia, memoria y participación», indica Esteves.

La práctica manual —cortar, pegar, ensamblar— deja de ser un gesto técnico para convertirse en una forma de encuentro. Cada intervención reúne historias individuales que, en conjunto, construyen sentido. La potencia no está en la pieza aislada, sino en la articulación de lo colectivo.
El arte frente al negacionismo: resignificar el pañuelo
A 50 años del golpe de Estado de 1976, el colectivo impulsa el proyecto «50 pañuelos por los 50 años», una iniciativa que busca intervenir espacios con un símbolo histórico resignificado.
Lejos de reproducir una imagen fija, cada pañuelo se adapta al territorio. En el merendero del espacio cultural de La Garganta Poderosa, por ejemplo, el pañuelo incorpora una olla y un pan, en diálogo directo con el trabajo comunitario de quienes habitan ese espacio. En bibliotecas populares aparecen libros; en plazas barriales, flores y colores que convocan a familias y niños. El símbolo no se impone: se construye con quienes están.

«El objetivo es construir memoria activa desde el arte y transformar el dolor en una forma creativa»
En ese proceso, el pañuelo deja de ser un ícono estático para volverse una herramienta viva que tiende puentes entre la lucha histórica de Madres y Abuelas y las urgencias del presente: el hambre, la educación, el trabajo barrial.
«Punto Mosaico»: la memoria como experiencia
Una de las principales metodologías del colectivo es el «Punto Mosaico», una intervención abierta en la que cualquier persona puede participar. Durante las actividades —especialmente en las marchas del 24 de marzo—, los participantes construyen su propio pañuelo en mosaico y se lo llevan.

El gesto es simple, pero profundo: la memoria deja de ser contemplativa y se vuelve experiencia. El símbolo se traslada del espacio público al ámbito privado, y con él se instala también en lo doméstico.
«Cada persona arma su pañuelo y se lo lleva. Ahí se construye una subjetividad de la memoria»
Democratizar el derecho a la creación y al recuerdo es, en ese sentido, una de las apuestas más concretas del colectivo.
El valor del encuentro en tiempos digitales
Aunque el colectivo utiliza redes sociales, stickers y materiales visuales para difundir sus acciones, el foco está puesto en la experiencia presencial. Y la distinción es conceptual, no solo práctica.
«Una IA puede ser algo frío. Una construcción colectiva en una biblioteca popular, en un parque, en un sitio de memoria, es algo vivo y colectivo. Eso le da un significado a la experiencia que ningún algoritmo puede replicar», sostiene Estevés.
Frente a la lógica de la inmediatez, el mosaico propone tiempo, atención y vínculo. Cada intervención implica detenerse, compartir y construir algo en común. En ese proceso, la memoria deja de ser abstracta y se vuelve tangible: un objeto que cada ciudadano carga y protege.

Esteves remarca además el valor de tejer lazos entre generaciones, tal vez desde distintos lenguajes pero siempre con diálogo y encuentro: «Si no se construye y se discute, la memoria se apaga. Por eso es fundamental trabajar con los jóvenes: para que no queden atrapados en discursos que niegan el pasado»
La práctica artística se convierte así en una forma de transmisión directa, donde la historia se incorpora desde la experiencia compartida. Al sentarse a pegar azulejos, dos generaciones eligen juntas el color con el que reconstruir el futuro.
Una agenda en movimiento
De cara al 24 de marzo, Arde Mosaico forma parte de la agenda de organismos de derechos humanos en Córdoba y proyecta nuevas intervenciones en centros comunitarios, instituciones educativas y sitios de memoria. Entre los proyectos confirmados figuran instalaciones en parques de la memoria, centros vecinales y espacios culturales barriales.
Este año, además, Córdoba será sede del Festival Federal de Mosaico, un encuentro de alcance nacional que reunirá voluntades desde Tierra del Fuego hasta Jujuy. Allí, cualquier persona podrá construir su propio mosaico y llevárselo: la misma lógica del Punto Mosaico, escalada a nivel país.
La lógica de trabajo del colectivo es abierta: hay actividades participativas, instalaciones colectivas y convocatorias permanentes para quienes quieran sumarse construyendo, difundiendo o aportando materiales —principalmente azulejos blancos.
Día por día de una «Agenda que arde»
«Arderán las paredes, brillará la memoria, hasta que el mundo sea como lo deseamos.»
- Domingo 22/3 — Paseo Güemes Instalación de pañuelo y Punto Mosaico en el ex Encausados.
- Martes 24/3 — 15 hs Punto Mosaico en el inicio de la marcha.
- Jueves 26/3 — 9 hs Taller de armado de mosaico en la Escuela Bustos, ciudad de Pilar.
- Viernes 27/3 Instalación de pañuelo en el Centro Jaire, Barrio Villa Bustos.
- Lunes 30 y martes 31/3 — 10 hs Taller de armado de pañuelo e instalación en la Dirección de Discapacidad de la Municipalidad de Córdoba.
- Domingo 5/4 — 18 hs Punto Mosaico en el FEMO — Festival Federal del Mosaico. Museo Metropolitano. 50 pañuelos por los 50 años.
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A medio siglo del inicio del terrorismo de Estado, la propuesta de Arde Mosaico se inscribe en una disputa vigente: cómo se construye memoria en el presente. El 2026 llega con los primeros 12 identificados en La Perla y con la esperanza de que algún nieto o nieta apropiada aparezca, de que las familias sepan finalmente dónde están sus desaparecidos.
Ante eso, Natalia Esteves es directa:
«Son 50 años y todavía hay preguntas sin respuesta. Necesitamos espacios que despierten conciencia, que eduquen, que sirvan para que la memoria no se apague.»
En ese pequeño trozo de cerámica pegado junto a otros, en esa fractura consentida que construye imagen, reside quizás la única respuesta posible al silencio.
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