El espejo, las tijeras y el peine parecen objetos cotidianos, pero esconden una de las profesiones más antiguas de la humanidad. Cada 25 de agosto, el mundo celebra el Día del Peluquero, una fecha que homenajea a quienes no solo cortan el cabello, sino que también han sido confidentes, artistas, innovadores e incluso protagonistas de episodios inesperados de la historia.
Aunque hoy los salones de belleza son sinónimo de moda y bienestar, el origen del oficio está mucho más cerca de la medicina, la política y las cortes reales que de las pasarelas.
De barberos a cirujanos: cuando un corte de pelo podía salvar una vida
En la Antigüedad, los peluqueros ocupaban un lugar privilegiado. En Egipto, arreglar el cabello era un símbolo de estatus, mientras que en Grecia y Roma las barberías funcionaban como verdaderos centros sociales donde se debatía sobre filosofía, deportes y política.
Durante la Edad Media, el oficio dio un giro sorprendente, los barberos/peluqueros también realizaban extracciones dentales, curaban heridas y practicaban sangrías. Las mismas manos que afeitaban una barba podían empuñar un bisturí improvisado. Recién siglos después la medicina y la peluquería comenzaron a separarse como profesiones independientes.
Las pelucas que escondían secretos
En las cortes europeas del siglo XVII y XVIII, los peinados eran auténticas obras de ingeniería. Algunas pelucas superaban el medio metro de altura y necesitaban estructuras internas de alambre para sostenerse. Entre rizos y polvo perfumado, las damas ocultaban cartas, joyas e incluso pequeños compartimentos secretos.
El cabello dejó de ser una cuestión estética para convertirse en un símbolo de poder: cuanto más elaborado era el peinado, mayor era el rango social de quien lo llevaba.
Un trabajo físicamente exigente
Detrás del glamour también existe un enorme esfuerzo corporal. Investigaciones sobre ergonomía muestran que los peluqueros trabajan durante horas con los brazos elevados, realizan movimientos repetitivos y manipulan herramientas que transmiten vibración constante. Estas condiciones aumentan el riesgo de desarrollar trastornos musculoesqueléticos en hombros, brazos y muñecas, especialmente después de muchos años de ejercicio profesional.
Por eso, hoy la formación en peluquería incorpora cada vez más conocimientos sobre postura, pausas activas y autocuidado, entendiendo que cuidar al cliente también implica cuidar al profesional.
El capítulo argentino: el día que los peluqueros se organizaron como gremio
En Argentina, el 25 de agosto no solo recuerda a San Luis IX de Francia, patrono tradicional del oficio. La fecha también remite a un episodio clave ocurrido en 1877, cuando el peluquero y director teatral Domingo Guillén reunió a cientos de colegas en el histórico Teatro Coliseo de Buenos Aires.
Aquel encuentro marcó uno de los primeros pasos hacia la organización profesional del sector y dio origen a la Sociedad de Barberos y Peluqueros, una institución creada para jerarquizar el oficio, promover la capacitación y defender los derechos de quienes vivían de las tijeras y la navaja.
Más de sesenta años después, durante el Congreso Nacional de Peluqueros celebrado en Pergamino en 1940, esa misma fecha fue oficializada como jornada de celebración para todo el gremio. Luego, la Ley 23.947 incorporó el 25 de agosto como el Día del Trabajador Peluquero dentro del estatuto que reguló la actividad en el país.
Desde los antiguos barberos hasta los estilistas contemporáneos, la peluquería ha acompañado los grandes cambios culturales de la humanidad. Cortar el cabello puede parecer un gesto simple, pero también expresa identidad, rebeldía, duelo, renovación o celebración.
En el Día Mundial del Peluquero, la fecha invita a reconocer a quienes, frente a un espejo, no solo cambian una imagen: muchas veces ayudan a reconstruir la confianza y cuentan, mechón a mechón, una parte de nuestra propia historia.
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