La ciudad de San Cristóbal, en Santa Fe, atraviesa horas de mucha conmoción tras el ataque armado en la Escuela Normal Mariano Moreno N°40, donde un alumno de 13 años murió y al menos otros dos resultaron heridos luego de que un adolescente de 15 abriera fuego en el patio del establecimiento.
El hecho, que tuvo lugar durante el izamiento de la bandera, puso en el centro del debate la problemática de la violencia en las escuelas. En ese contexto, psicopedagogas consultadas coincidieron en la necesidad de analizar el fenómeno más allá de el caso de Santa Fe y advirtieron sobre fallas estructurales en la forma en que la sociedad aborda el vínculo entre los jóvenes.
Mariana Savid Saravia señaló en diálogo con Hoy Día Córdoba que existe una “desconexión muy fuerte” entre lo que viven los estudiantes y lo que perciben las autoridades educativas. En base a investigaciones recientes, advirtió que uno de cada cinco alumnos de secundaria sufre acoso escolar y que, mientras el 75% de los estudiantes identifica situaciones de discriminación —principalmente por cuestiones físicas—, cerca del 70% de los directivos considera que se trata de un problema menor.
Para la especialista, esta brecha evidencia una tendencia de los adultos a minimizar el sufrimiento adolescente. “Muchas veces se sigue pensando el bullying como ‘cosas de chicos’, cuando en realidad es un fenómeno estructural que refleja cómo nos estamos relacionando como sociedad”, explicó. En esa línea, remarcó que el acoso no solo impacta en el bienestar emocional, sino también en el rendimiento académico, y que el silencio de las víctimas —muchas veces por miedo o para no preocupar a sus familias— agrava el problema.
Savid Saravia también cuestionó las respuestas institucionales basadas únicamente en sanciones o intervenciones aisladas. “No alcanza con actuar cuando el conflicto ya estalló. La convivencia tiene que ser un eje central y cotidiano dentro de la escuela”, sostuvo.
Por su parte, la psicopedagoga Carina Kaplan llamó a evitar explicaciones simplistas. “No podemos dar respuestas fast food frente a esta escena traumática que nos conmueve. Cuando un niño mata a otro niño, algo del orden de lo humano se ha resquebrajado. La sociedad está rota”, afirmó.
Kaplan advirtió que no es suficiente atribuir estos episodios únicamente al bullying o al desempeño escolar. “Un buen alumno también puede tener una subjetividad herida”, subrayó, y agregó que los niños y adolescentes crecen en un contexto donde “se premia la humillación y la crueldad”, mientras que la cultura digital puede generar insensibilidad frente al dolor ajeno.
En ese sentido, la especialista consideró que los adultos han descuidado su rol en la formación ética de los jóvenes. “Hemos abandonado educar en la empatía y en la ética del dolor, dejando a chicos y chicas en una profunda soledad”, sostuvo.
Ambas profesionales coincidieron en que el episodio no puede ser abordado con respuestas inmediatas o superficiales, sino que requiere un enfoque integral que involucre a toda la comunidad educativa. Mientras tanto, Kaplan remarcó la importancia de acompañar a las familias, docentes y estudiantes afectados: “Es tiempo de estar presentes y de llorar en comunidad al niño que perdimos”.
El caso es una prueba de la urgencia en abordar las violencias en el ámbito escolar y la responsabilidad colectiva en la construcción de entornos más seguros y empáticos para niños y adolescentes.
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