Desde el comienzo de clases, la comunidad del Centro Educativo Cornelio Saavedra, ubicado en el Camino a Villa Posse, atraviesa una problemática que tiene como principales afectados a los niños y niñas que asisten a la institución. A causa de la modificación en el trayecto del único colectivo que llega al lugar, alumnos y maestros se ven obligados a caminar largos tramos para llegar a la escuela, exponiéndose a graves riesgos.
El cambio de recorrido que profundizó el conflicto

La empresa Coniferal se hizo cargo recientemente de la línea interbarrial C2, que anteriormente pertenecía a Tamse. Sin embargo, esta modificación no está garantizando la cobertura habitual debido a las pésimas condiciones del Camino a Villa Posse: una vía de tierra de aproximadamente cinco kilómetros que se vuelve intransitable en temporadas de lluvias.
Ante este panorama, las unidades dejaron de ingresar a la zona donde viven decenas de familias con chicos que asisten a la primaria. La prestataria dispuso un desvío que pasa por la colectora de la autopista Pilar, lo que provoca que llegar a una parada cercana signifique caminar varios cientos de metros o incluso kilómetros.
Una travesía peligrosa para poder estudiar
Una docente del establecimiento relató que este escenario provoca que a muchos alumnos se les dificulte asistir a clases, ya que no cuentan con otros medios de movilidad. De hecho, mencionó el caso de «una abuela que se hace cargo de los nietos, que tiene que caminar 12 km diarios para llevar los chicos a la escuela».
Sumado a esto, el trayecto que realizan a pie presenta serias amenazas ambientales y delictivas. El sendero atraviesa zonas descampadas donde la maleza supera la altura de las personas y es frecuente la aparición de víboras. En cuanto a la seguridad, se registraron diversos hechos delictivos; por ejemplo, a una trabajadora de limpieza de la escuela le sustrajeron la moto y a una joven la atacaron físicamente para robarle su mochila.

Docentes al límite de sus responsabilidades
Este conflicto, además de entorpecer el traslado hacia el colegio, también alteró los horarios de clase. La institución adelantó la salida para que los estudiantes puedan salir a tiempo, caminar y alcanzar la nueva parada del C2 en la colectora. Además, cada día, son las mismas docentes quienes acompañan a los niños durante el trayecto.
Incluso, algunas maestras se vieron en la obligación de correr hasta ese punto para pedirles a los choferes que esperen a los chicos, quienes caminan bajo el sol de las 14:00 horas. El panorama empeora cuando la aplicación “Tu Bondi” funciona mal y no brinda información precisa sobre el trayecto de los colectivos.
La docente advierte que sus tareas exceden su función ante la ausencia del Estado: “Estamos haciendo cosas que no debemos… nos hacemos cargo de ellos porque no tienen quién los busque», denuncia.

Promesas incumplidas
Por otro lado, Estefanía Olmedo, mamá de un alumno de la institución y participante del Centro Vecinal Barrio Emanuel 1 y 2, cuenta que los reclamos por el estado de las calles y la falta de servicios no son nuevos, pero siempre terminan “archivados”. El 17 de marzo, ella y otros padres mantuvieron una reunión con el director del CPC de Empalme, Mariano Brene, para exigir soluciones.
Frente a esto, Brene respondió que esa misma semana comenzarían las tareas de nivelado y desagües para mejorar la calzada; sin embargo, las obras no se ejecutaron y la comunidad educativa sigue con dificultades para llegar a las aulas y volver a sus casas.










