Una investigación realizada por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) detectó que millones de personas que viven en barrios populares de la Argentina no aparecen en los registros oficiales. El trabajo, desarrollado por el ingeniero de software Nissim Lebovitz, utilizó inteligencia artificial, imágenes satelitales, Google Maps y análisis demográfico para identificar asentamientos y estimar la cantidad de habitantes que residen en ellos.
El estudio calculó que existen alrededor de tres millones de personas no registradas en los denominados barrios populares. El hallazgo abrió un debate sobre la capacidad del Estado para conocer con precisión dónde vive la población y cuáles son sus principales necesidades.
El relevamiento oficial de estos sectores está a cargo del Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap), que contabilizó cerca de dos millones de edificaciones y poco menos de cuatro millones de habitantes distribuidos en distintos asentamientos, muchos de ellos ubicados en el conurbano bonaerense.
De acuerdo con el trabajo del Centro de Investigaciones Urbanas y Territoriales de la Universidad Nacional de La Plata, existe una diferencia significativa entre las estimaciones oficiales y las obtenidas mediante el análisis de información territorial y demográfica.
Tecnología para detectar un problema histórico
Uno de los aspectos que llamó la atención es que la investigación pudo realizarse utilizando herramientas que ya se encuentran disponibles desde hace años. Las imágenes satelitales, los sistemas de geolocalización y plataformas como Google Maps fueron combinados con inteligencia artificial para acelerar el procesamiento de grandes volúmenes de información.
El resultado permitió identificar construcciones y áreas habitadas que no necesariamente aparecen reflejadas en los registros existentes.
La magnitud de la diferencia plantea interrogantes sobre los métodos utilizados para recopilar y actualizar información sobre la población que vive en asentamientos y barrios populares.
El impacto sobre las políticas públicas
La discusión, sin embargo, excede el terreno estadístico. Contar con información precisa sobre la cantidad y ubicación de los habitantes resulta fundamental para planificar políticas públicas.
Los datos demográficos son utilizados, entre otras cuestiones, para diseñar estrategias de prevención frente a inundaciones y otros riesgos ambientales, organizar servicios sanitarios, estimar niveles de desempleo y pobreza, planificar infraestructura y determinar las necesidades habitacionales de una determinada zona.
En ciudades que han sufrido fenómenos climáticos severos, como ocurrió con las inundaciones en La Plata, conocer con precisión cuántas personas viven en las áreas potencialmente afectadas constituye además un elemento relevante para la planificación de emergencias.
La ausencia o desactualización de información puede dificultar la asignación de recursos y generar diagnósticos incompletos sobre las condiciones sociales y económicas de una parte de la población.
El debate sobre la calidad de las estadísticas
El hallazgo también vuelve a poner bajo discusión la calidad y actualización de las estadísticas oficiales. En ese contexto, aparecen cuestionamientos sobre los procedimientos utilizados para medir variables fundamentales como pobreza, desempleo, déficit habitacional y necesidades básicas insatisfechas.
El debate alcanza al Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y a la metodología utilizada para elaborar diferentes indicadores. A esto se suman las dificultades que atravesó el último Censo Nacional, tanto durante su ejecución como en las etapas posteriores de procesamiento de la información.
Contar con cifras confiables resulta especialmente relevante para un país que necesita definir políticas de largo plazo y establecer prioridades presupuestarias. La cantidad real de habitantes, sus condiciones de vida y su distribución territorial son elementos centrales para determinar dónde deben concentrarse las obras, los servicios y la asistencia estatal.
El estudio de la UNLP, en ese sentido, no sólo aporta una nueva estimación sobre la población de los barrios populares. También pone de relieve la necesidad de contar con mecanismos de relevamiento capaces de actualizar de manera permanente la información sobre una realidad territorial que puede cambiar con mayor rapidez que los registros oficiales.









