Amiga, hermana, hija, mamá, compañera: “Tené cuidado, y avisame cuando llegues”. ¿Qué hay detrás de una frase que casi todos los días repetimos las mujeres? Sin dudas, miedo. Miedo de terminar acosadas, maltratadas, violadas o asesinadas. En la calle, cuando salimos a comprar algo a la esquina. En el colectivo, yendo al trabajo, y en el trabajo también. En el boliche, cuando solo queremos divertirnos con amigas. En el Uber que tomamos porque ya era tarde para volver en colectivo, aunque el miedo sea el mismo. Y hasta en la propia casa, cuando van albañiles o alguien a hacer un arreglo, por ejemplo.
La hipervigilancia se ha normalizado en nosotras cada vez que estamos en estos espacios. A veces nos dicen exageradas, dramáticas, débiles. Pero solo estamos sobreviviendo en un sistema que nos enseña desde chicas a estar siempre en modo alerta. La lucha por intentar cambiar ese sistema y las injusticias que conlleva es lo único que nos queda cuando se teme a que alguna de las mujeres a las que amamos no vuelva.
Desde mi posición de mujer periodista, me parece importante dar lucha desde la forma en la que informamos. Y retomo a Rita Segato, gran escritora feminista nacida en nuestro país, que mencionó el protagonismo de los medios en la revictimización de las mujeres que lamentablemente son noticia por lo que les hizo un hombre: “Al hablar de pedagogía de la crueldad no podemos olvidarnos de mencionar a los medios masivos de información, con su lección de rapiña, escarnio y ataque a la dignidad ejercitadas sobre el cuerpo de las mujeres. Existe un vínculo estrecho, una identidad común, entre el sujeto que golpea y mata a una mujer y el lente televisivo. También forma parte de ese daño la victimización de las mujeres a manos de los feminicidas como espectáculo televisivo de fin de tarde o de domingos después de misa. Los medios nos deben una explicación sobre por qué no es posible retirar a la mujer de ese lugar de víctima sacrificial, expuesta a la rapiña en su casa, en la calle y en la sala de televisión de cada hogar, donde cada una de estos feminicidios es reproducido hasta el hartazgo en sus detalles mórbidos por una agenda periodística que se ha vuelto ya indefendible e insostenible”.
En la previa al 8 de marzo, la Organización de Naciones Unidas para la Igualdad de Género compartió dos titulares sobre femicidios que también me parecen relevantes para retomar a modo de ejemplo de cuando hablamos de la responsabilidad de los medios. Por un lado, un título que reduce el femicidio a una muerte y deja de lado el asesinato por parte de un hombre: “Tragedia en hotel: mujer muere luego de tener relaciones sexuales”. Por el otro, el titular real y bien construido: “Hombre asesina a mujer en hotel, se investigan las circunstancias”. Los femicidios deben nombrarse por lo que son. La mujer no murió, fue asesinada.
Este 8 de marzo también es una oportunidad para preguntarnos qué relatos sostenemos y cuáles queremos cambiar. Nombrar la violencia de forma correcta, evitar el morbo y no convertir el dolor en espectáculo es parte de esa tarea. Porque cada palabra que elegimos construye sentido y también puede contribuir a desarmar la pedagogía de la crueldad de la que habla Segato. Tal vez el día que logremos transformar esas narrativas, esa frase que repetimos entre mujeres, “avisame cuando llegues”, deje de ser una advertencia cargada de miedo e intención de sobrevivir.
Lo importante es que, desde la posición en la que nos encuentre este 8 de marzo, sea desde el periodismo, la docencia, la maternidad, etc., los espacios de lucha no son pocos. Por eso, amiga, hermana, hija, mamá, compañera: no dejemos de nombrar lo que pasa ni de exigir cambios. Vivir con miedo no puede ser parte de la normalidad.









