Científicos del Programa Antártico Australiano avanzan en el desarrollo de un sistema basado en ADN ambiental para prevenir la llegada de especies marinas invasoras a la Antártida, uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
La investigación, realizada por especialistas del programa junto a la Universidad de Tasmania, utilizó una técnica de “código de barras” genético que analiza el ADN que los organismos liberan en el agua para identificar su presencia, incluso cuando no son visibles.
El estudio se publicó en la revista Science of The Total Environment y se basó en un viaje realizado en 2022 desde Tasmania hasta la isla subantártica Macquarie, donde se analizaron especies que suelen adherirse a los casos de los barcos.
Detectar antes de que sea tarde
La bióloga molecular Leonie Suter explicó que al recolectar muestras de agua o suelo se pueden identificar organismos presentes en el ambiente mediante fragmentos de ADN, una herramienta clave para reforzar la bioseguridad marítima.
En el experimento, los investigadores utilizaron pequeñas esponjas colocadas dentro de esferas perforadas para absorber agua de mar con restos genéticos. Los resultados mostraron que el ADN ambiental detectó 41 especies adheridas al casco de la embarcación, frente a las 24 identificadas mediante inspecciones visuales.
Entre los organismos hallados se encontraron gusanos, estrellas de mar, moluscos, algas, cangrejos y esponjas, algunos de los cuales podrían convertirse en invasores si logran establecerse en ecosistemas antárticos.
Riesgo creciente por el clima y la actividad humana
Los científicos advirtieron que el aumento del tráfico marítimo y el calentamiento global elevan el riesgo de bioincrustación, organismos que viajan adheridos a barcos, y su posterior introducción en ambientes polares.
El monitoreo mediante ADN ambiental permitiría verificar la limpieza de cascos y detectar especies invasoras antes de que se establezcan, una medida clave para proteger la biodiversidad subantártica.
Aun así, los investigadores remarcaron que el método debe complementarse con estudios visuales y nuevos muestreos para determinar si los organismos detectados están vivos y representan un riesgo real.
Una herramienta clave para proteger ecosistemas frágiles
La Antártida alberga especies únicas y altamente sensibles a cambios en su entorno. La introducción de organismos externos podría alterar cadenas alimentarias completas y afectar la estabilidad ecológica.
En ese contexto, el uso de ADN ambiental se perfila como una herramienta prometedora para anticipar amenazas invisibles y reforzar los protocolos de bioseguridad, en un escenario donde el impacto humano en los océanos australes crece año a año.
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