La tensión entre Washington y Madrid escaló este martes luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara que ordenó “cortar todo el comercio con España” tras la decisión del gobierno de Pedro Sánchez de no autorizar el uso de bases militares estadounidenses en territorio español para la ofensiva contra Irán.
Desde la Casa Blanca, Trump acusó a España de no haber cooperado en el actual escenario bélico en Medio Oriente. “España ha sido terrible, así que vamos a cortar todo comercio con ellos. No queremos tener nada que ver con ellos”, afirmó el mandatario, quien también expresó su malestar con Reino Unido.
El gobierno de Sánchez argumentó que no respaldará acciones que no cuenten con aval del Congreso estadounidense ni de Naciones Unidas, y subrayó que el convenio bilateral de defensa debe enmarcarse en la legalidad internacional.
En respuesta a las declaraciones de Trump, el gobierno español sostuvo que cualquier modificación en la relación comercial deberá respetar “la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional y los acuerdos bilaterales entre la Unión Europea y EE.UU.”. Además, reivindicó el papel de España como “miembro clave de la OTAN” y socio comercial confiable.
En un mensaje televisado, Sánchez endureció el tono y resumió la posición oficial en cuatro palabras: “No a la guerra”. Sin mencionar directamente a Trump, advirtió que es “inaceptable que algunos presidentes utilicen la niebla de la guerra para encubrir sus fracasos” y alertó sobre el riesgo de un mundo “más inestable y belicoso”.
Retirada de aviones y marco legal
La negativa española tuvo consecuencias inmediatas. Según confirmó la ministra de Defensa, Margarita Robles, el Pentágono retiró una docena de aviones cisterna KC-135 que habían sido desplegados en las bases del sur del país. Madrid insistió en que no brindará apoyo logístico a la ofensiva salvo en casos estrictamente humanitarios.
España fue uno de los gobiernos europeos más críticos con la operación militar lanzada por EE.UU. e Israel contra Irán, conflicto que ya generó fuertes repercusiones regionales tras la muerte del líder supremo iraní y la posterior respuesta de Teherán.
Europa cierra filas
Desde Bruselas, la Comisión Europea advirtió que espera que Washington respete los compromisos comerciales vigentes y garantizó la “plena protección” de los intereses del bloque. En la misma línea, el presidente francés tras mantener una conversación telefónica con Sánchez, subrayó que “la solidaridad europea no es negociable”.
El presidente francés remarcó que cualquier diferencia con un Estado miembro debe canalizarse a través de los mecanismos institucionales de la Unión Europea. Desde el Palacio del Elíseo señalaron que Francia considera “inaceptable” la posibilidad de represalias unilaterales contra un país del bloque y defendieron la necesidad de actuar con “cohesión y respeto al derecho internacional” en el actual contexto de tensión bélica.
Macron también reiteró que las decisiones en materia de defensa y política exterior son competencia soberana de cada Estado, aunque insistió en que Europa debe mantener una posición coordinada frente a crisis internacionales que puedan afectar su estabilidad política y económica.
Mientras tanto, Alemania adoptó una postura más cercana a Washington en términos políticos, aunque evitó confrontar directamente con Madrid. Merz reiteró la necesidad de que todos los miembros de la OTAN aumenten su gasto en defensa, en sintonía con las demandas de Trump.
El conflicto diplomático abre un frente comercial de alto impacto potencial entre Estados Unidos y la Unión Europea, en un contexto internacional ya tensionado por la guerra en Medio Oriente y por las diferencias internas en el bloque atlántico sobre el alcance y la legalidad de la ofensiva contra Irán.









