Con más del 97% de los votos contabilizados, la izquierda consolida su presencia en el Congreso, replicando el avance de 2022, cuando Gustavo Petro se convirtió en el primer presidente de esta corriente política y en el primer ex guerrillero en asumir la jefatura del Estado colombiano.
Pacto Histórico será el partido más numeroso en el Senado, por encima de la principal fuerza opositora de derecha, y logró consolidarse como una de las fuerzas clave en la Cámara de Representantes, según los resultados parciales de las elecciones legislativas.
Estas elecciones legislativas funcionan como indicador para los comicios presidenciales del 31 de mayo. Entre los favoritos aparecen el senador Iván Cepeda, del oficialismo, y el abogado Abelardo de la Espriella, representante de la derecha.
“Hoy comienza nuestro segundo tiempo con una bancada fuerte”, afirmó Cepeda, líder de Pacto Histórico. Por su parte, De la Espriella calificó de “muy grave” que la izquierda se quede con la bancada más grande del Congreso, en un mensaje difundido en video.
Las encuestas proyectan un posible balotaje el 21 de junio, en un país todavía marcado por más de medio siglo de conflicto armado.
Los resultados del domingo evidencian que Pacto Histórico necesitará alianzas con partidos de centro para gobernar con mayor holgura. La izquierda sufrió un golpe al perder los escaños reservados por el acuerdo de paz de 2016 para los ex combatientes de la guerrilla Farc.
El pacto les garantizó 10 curules por ocho años, pero el beneficio termina en 2026. Como consecuencia, el partido de los ex guerrilleros no solo se quedó sin representación en el Congreso, sino que también pone en riesgo su supervivencia política debido a la falta de votos.
Aunque la izquierda domina el Congreso, la derecha conserva margen para fortalecer su posición. De la Espriella ha señalado que, de ser elegido presidente, podría gobernar mediante decretos ante un Congreso controlado por la oposición.
El nuevo Congreso asumirá funciones el 20 de julio, apenas tres semanas antes de la investidura presidencial, marcando un período crítico en el que la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo será decisiva para la gobernabilidad del país.









