Cada 23 de marzo se conmemora el Día Meteorológico Mundial, una fecha que recuerda la creación en 1950 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo que coordina a nivel global la observación, el pronóstico y la investigación del tiempo, el clima y el agua. Actualmente presidida por la argentina Celeste Saulo, la institución se ha consolidado como una pieza central para la toma de decisiones en múltiples ámbitos, desde la agricultura hasta la gestión de emergencias.
La efeméride no solo invita a repasar la historia de la meteorología, sino también a reflexionar sobre su impacto cotidiano y su creciente relevancia en un contexto de cambio climático, donde los fenómenos extremos se vuelven cada vez más frecuentes e intensos.
Formación y desarrollo de la meteorología en Argentina
En el país, la formación de profesionales en esta disciplina tiene uno de sus pilares en la Universidad Nacional de Córdoba, una de las pocas instituciones que ofrece la Licenciatura en Hidrometeorología. Allí, además, se otorga un título intermedio de Técnico en Meteorología que facilita la inserción laboral como pronosticador.
La formación académica se complementa con iniciativas como el Grupo de Pronóstico UNLP, integrado por estudiantes avanzados que elaboran informes diarios para la región. A su vez, el desarrollo científico continúa a través de programas de doctorado que impulsan la investigación de fenómenos atmosféricos tanto a nivel local como global.
Alertas tempranas: una herramienta vital
El lema del Día Meteorológico Mundial 2025, “Juntos, reduzcamos la brecha en los sistemas de alerta temprana”, pone el foco en una de las herramientas más importantes para la gestión del riesgo. En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) implementa el Sistema de Alerta Temprana (SAT), que brinda información anticipada sobre posibles amenazas meteorológicas.
Este sistema incluye alertas, advertencias y avisos a muy corto plazo. Mientras las primeras se emiten con hasta 72 horas de anticipación, los avisos inmediatos pueden alertar sobre eventos inminentes con apenas minutos de margen. La finalidad es clara: permitir que la población y las autoridades tomen decisiones a tiempo para reducir daños.
El SAT contempla fenómenos como tormentas, lluvias intensas, vientos fuertes, nevadas o temperaturas extremas, y también advierte sobre condiciones que afectan la visibilidad, como niebla, humo o cenizas volcánicas.
El impacto del cambio climático
La necesidad de estos sistemas se vuelve más evidente ante el aumento de eventos extremos. En las últimas décadas, el planeta ha registrado los años más cálidos desde que existen mediciones, con consecuencias directas en la intensidad de tormentas, olas de calor e inundaciones.
Un ejemplo reciente en Argentina fue el temporal que afectó a Bahía Blanca a comienzos de marzo, con precipitaciones que superaron los 250 milímetros en pocas horas. Las imágenes de calles anegadas y viviendas inundadas reavivaron el recuerdo de tragedias pasadas, como la inundación de La Plata en 2013.
En ese caso, el SMN había emitido una alerta naranja con anticipación, lo que permitió a las autoridades suspender actividades y reducir la exposición al riesgo. Sin embargo, la magnitud del fenómeno evidenció que aún persisten desafíos en materia de infraestructura y preparación social.
Ciencia, cooperación y prevención
Desde la OMM destacan que la meteorología moderna es fruto de la cooperación internacional. Millones de datos recolectados por estaciones, satélites, buques y aeronaves se integran diariamente para mejorar los pronósticos, una tarea imposible sin coordinación global.
Además, subrayan que invertir en sistemas de alerta temprana no solo salva vidas, sino que también tiene un fuerte impacto económico: por cada dólar invertido, se generan beneficios que multiplican varias veces ese valor al evitar pérdidas.
Un desafío colectivo
Los especialistas coinciden en que, si bien no es posible evitar fenómenos naturales como lluvias o tormentas, sí es posible reducir la vulnerabilidad de la población. La educación, la planificación urbana y el acceso a información confiable son claves en ese proceso.
En este Día Meteorológico Mundial, el mensaje es claro: frente a un clima cada vez más extremo, la ciencia y la prevención son herramientas indispensables para construir sociedades más seguras y resilientes.









