Este domingo 7 de junio Perú elige a su próximo presidente, el noveno en 10 años. Ese dato sintetiza mejor que cualquier otro el momento que atraviesa la política peruana. En un contexto de profunda desconfianza hacia las instituciones, polarización política y creciente preocupación por el aumento de la inseguridad, los ciudadanos peruanos vuelven a las urnas para elegir entre Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú).
La primera vuelta, realizada el pasado 12 de abril, estuvo marcada por demoras, escasez de boletas y denuncias de irregularidades. Ante la imposibilidad de votar de miles de ciudadanos, la jornada debió prolongarse hasta el día siguiente. Asimismo, debido a la alta fragmentación del voto, el escrutinio definitivo tardó más de un mes en conocerse, junto con la confirmación de los candidatos que pasaron al balotaje.
Las dos figuras que se enfrentarán el domingo sintetizan visiones opuestas del país. Fujimori, representante de la derecha, se impuso en la primera vuelta con poco más del 17% de los votos, mientras que Sánchez, de izquierda, alcanzó el 12%, unos 21.210 votos por delante del político ultraderechista Rafael López Aliaga.
Fujimori propone un programa centrado en la continuidad económica, el fortalecimiento del orden interno y una estrategia de “mano dura” frente a la inseguridad. Sánchez, por su parte, plantea un cambio de rumbo con mayor intervención del Estado, políticas de inclusión social y reformas estructurales orientadas a reducir las desigualdades.
Sin embargo, ambos candidatos llegan al balotaje con cuestionamientos y sin un respaldo mayoritario sólido, lo que deja un escenario electoral abierto e incierto de cara al domingo.
Lo que sí es cierto es que quien gane tendrá un gran desafío por delante. El país andino transita un período marcado por la inseguridad, la corrupción y la fragilidad de las instituciones. En este contexto, no existe un liderazgo fuerte en estas elecciones, por lo que el electorado demuestra apatía, desconfianza y resignación.
De acuerdo con las últimas encuestas realizadas en el país, el voto en blanco o nulo representa cerca de un tercio del padrón. Ante este escenario, las dudas no se centran solamente en quién ganará las elecciones el domingo, sino en si podrá hacer algo para poner fin a la crisis política que ha caracterizado a Perú en los últimos 10 años.









