Nos dicen que “la plata no hace a la felicidad”, mientras nos muestran “gente linda y rica” como modelos inalcanzables a quienes nos debemos parecer. ¿Pero cómo hacemos cuando no tenemos ni la belleza física de esas chicas glamorosas, ni el dinero de quienes nos muestran sus mansiones y ostentaciones más increíbles? ¿Nos asumimos como “feos, pobres, insuficientes, y desdichados” y nos despreciamos a nosotros mismos? Que difícil se hace “gustarnos y aceptarnos” entonces, frente a tantas odiosas comparaciones que se vuelven inevitables, sobre todo para muchos niños y jóvenes, prisioneros por estos tiempos de la tramposa y adictiva red mediática y de las aplicaciones que nos penetran. Por eso es tan importante que no dejemos solos y desprotegidos a nuestros hijos y nietos. Que sepan que podemos hablar y pensar juntos, que no todo es o debe ser como nos dicen desde afuera. Ayudarlos a que forjen sus identidades, a que no se pierdan en confusiones inútiles y a que construyan una autoestima sólida capaz de rebelarse ante las imposiciones “de barro” que nos deprimen y desvalorizan sin contemplaciones. Es en este contexto, en que el espejo se puede volver un gran enemigo, y hasta promotor y copartícipe de padecimientos complejos como los Trastornos de Conducta Alimentaria. El Licenciado Aníbal Zampini trabaja con esta problemática desde hace mucho tiempo en Psiclo, que es un centro terapéutico interdisciplinario especializado en los TCA, y por lo tanto bien vale la pena consultarlo.

Jorge Vasalo: ¿Qué son los Trastornos de Conducta Alimentaria?
Aníbal Zampini: Son enfermedades mentales vinculadas con la alimentación, el peso y el cuerpo, y con ideas y preocupaciones irracionales que provocan un sufrimiento muy importante. Que, además, en estos tiempos de la imagen y de la exposición constante en las redes, se instalan con una fuerte presencia. Por eso, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), dejaron de ser casos aislados para ser una realidad omnipresente en nuestra vida cotidiana. Sin dudas constituyen un problema de salud pública de gran importancia por la alta morbi-mortalidad clínica y psiquiátrica que acompañan a estos cuadros, siendo enfermedades potencialmente letales en sus casos más extremos. Pero además muchas veces se presentan rodeados de un manto de desconocimiento y desinformación, que dilatan la consulta temprana y la posibilidad de comenzar lo antes posible con un tratamiento específico.
J.V: O sea que no los debemos subestimar para nada
A.Z: Los TCA no son una crisis pasajera, o típica de una determinada franja etaria, que “ya pasará”, o como muchas veces se suele pensar, de un capricho reprochable. ¡Nada de eso! Estamos hablando de enfermedades psiquiátricas que deben ser detectadas, diagnosticadas y tratadas con un abordaje interdisciplinario especifico. Y debo aclarar que no se trata de un problema nutricional en sí mismo, si bien lo nutricional se encuentra afectado por estas patologías, sino de problemas psicológicos que se manifiestan por una sintomatología caracterizada por miedos y obsesiones, dirigidos a la imagen corporal en primera instancia y que afecta, como consecuencia y de manera diversa, la relación con la comida y el propio cuerpo.
J.V: ¿Dentro de estos trastornos están la bulimia y la anorexia?
A.Z: Sí claro, entre otras manifestaciones. En el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en su última versión DSM V) figuran las principales categorías diagnósticas para los TCA. Las más conocidas a nivel popular son:
- La Anorexia Nerviosa, que se presenta como una restricción severa en relación a la comida, un temor intenso a engordar y una pérdida significativa de peso (por debajo de los 17 de Índice de Masa Corporal según la OMS)
- La Bulimia Nerviosa, que se manifiesta a través de atracones seguidos de conductas compensatorias, acompañados de falta de control y sentimiento de culpa post-ingesta.
- El Trastorno por Atracón, se expresa a través de ingestas compulsivas (atracones) sin purga ni conducta compensatoria posterior, produciendo ganancia gradual y paulatina de peso.
- Y además otras categorías diagnósticas menos conocidas, pero que requieren ser tratadas ya que pueden implicar cuadros de importancia, que requieran de un tratamiento interdisciplinario. Estamos hablando, por ejemplo, del Trastorno por Evitación y Restricción de la Ingesta Alimentaria (TERIA), Pica, Rumiación y Otros Trastornos de la Conducta Alimentaria no especificados.
J.V: ¿Cómo surgen y a quiénes afectan fundamentalmente?
A.Z: Quienes sufren un TCA no eligen enfermarse. Habitualmente hay aspectos predisponentes biológicos, genéticos, psicológicos, familiares y de personalidad, que crean las condiciones para el desarrollo de esta patología. Los factores precipitantes son los que actúan sobre ese campo predispuesto para que los miedos y obsesiones de la enfermedad comiencen a tomar fuerza, y a sostenerse en el tiempo, ayudado por factores de mantenimiento. Son cuadros que no discriminan género, edad, raza, situación socioeconómica, sino que son problemáticas que atraviesan a aquella parte de la sociedad que presenta cierta vulnerabilidad, por los factores mencionados.

J.V: ¿Existe una predisposición a “esconder y ocultar” por parte de quienes sufren estos trastornos?
A.Z: Si, y a esto lo observamos frecuentemente, por lo cual la consulta suele demorar mucho tiempo, a veces años, en concretarse. En enfermedades como la anorexia nerviosa la sintomatología es más difícil de ocultar, ya que se comienza a observar una pérdida de peso, a veces gradual y otras veces brusca, lo cual suele disparar señales de alarma por parte del entorno. En otros cuadros como la bulimia nerviosa, por ejemplo, suele ocurrir que los descontroles alimentarios, y también las conductas compensatorias, suceden en los momentos en los que la persona se asegura de estar sola y que no haya nadie que la observe y pueda interrumpir esta dinámica. Esto habla de una negación o escasa conciencia de enfermedad, una resistencia inicial que, en muchos casos, interfiere en el pedido de ayuda al entorno familiar y profesional.
J.V: ¿Cómo reaccionan habitualmente los padres ante hijos con TCA, y cuáles deberían ser las conductas más saludables?
A.Z: La primera reacción del entorno suele ser la alerta y la preocupación, generalmente con mucha angustia y ansiedad cuando se toma conocimiento de esta situación. Si bien ahora sabemos más de estos trastornos, todavía hay un importante desconocimiento en la sociedad sobre ellos y de la “lógica de la enfermedad”, lo cual suele llevar a la familia a probar estrategias de ayuda, que no siempre terminan cumpliendo con ese objetivo. El consejo es pedir ayuda profesional desde el primer momento. Es importante conocer la enfermedad y las características del tratamiento, para que la familia tenga herramientas y así poder acompañar al paciente en su proceso de recuperación. En Psiclo trabajamos mucho este aspecto desde los espacios psicoeducativos para la familia. El acompañamiento al paciente es un factor clave en su recuperación.
J.V: ¿Qué miedos o ideas se esconden detrás de estas compulsiones, y cómo es la autoestima de quienes las sufren?
A.Z: El principal miedo, y casi omnipresente en estos cuadros, es el temor a engordar, el cual se observa incluso cuando la persona se encuentra con un peso bajo o normal. Hay una percepción distorsionada del propio cuerpo (dismorfia corporal) que alimenta estos miedos y favorece que se sostengan en el tiempo. El cuerpo y la comida se convierten en una de las pocas áreas en las que la persona siente tener el control, por lo que la amenaza a la pérdida del mismo constituye un temor que se observa en los TCA. Paradójicamente esa necesidad de control puede empujar a la persona al descontrol que se manifiesta, por ejemplo, en los episodios de ingestas compulsivas.
El pensamiento obsesivo y el perfeccionismo suelen manifestarse en la relación del paciente con su propio cuerpo y con su alimentación, y muchas veces preceden a la enfermedad. Nos encontramos con personas en la que su seguridad y autoestima se encuentran claramente afectadas, y esto las hace más vulnerables a desarrollar un TCA. Uno de los objetivos más profundos de un tratamiento de recuperación, es fortalecer este aspecto y ayudar a la persona a construir una autoestima sólida.
J.V: ¿Los TCA son curables? ¿Qué pasa generalmente en los tratamientos y eventuales recaídas?
A.Z: Para nosotros es muy importante el abordaje interdisciplinario de los TCA, por la complejidad que implican. El eje del tratamiento es el abordaje psicológico individual y grupal, con un seguimiento clínico, nutricional y psiquiátrico. Por supuesto comprende diferentes etapas, con objetivos concretos para cada una de ellas. En general, los pacientes que han podido sostenerse en el proceso terapéutico, han completado su proceso de recuperación y reciben el alta. Ahora bien, puede que haya eventuales recaídas, sobre todo en momentos de crisis personales, pérdidas, cambios evolutivos, etc. Según nuestra experiencia clínica, quienes transitan el camino de la terapia, logran no sólo incorporar herramientas que los fortalecen para enfrentar nuevas crisis, sino también una maduración, crecimiento personal y autoconocimiento que minimizan la posibilidad de que la enfermedad vuelva a aparecer.
J.V: Finalmente… ¿Es posible aceptar nuestros cuerpos, cuidarlos y cuidarnos sin “embarullarnos” con nuestras cabezas?
A.Z: Es posible, claro… No siempre es una tarea sencilla ya que somos, en general, muy autocríticos en relación a nosotros mismos. Pero el problema a mi entender no es tanto el cuerpo en sí, sino nuestra autoconfianza, y la seguridad en nosotros mismos. Una autoestima fuerte nos hace menos vulnerables a los mandatos culturales de una sociedad que ensalza ciertos estereotipos físicos. Si me quiero y valoro, lo hago como un todo, aunque haya algunos aspectos que puedan no gustarme (incluyendo los físicos). Cuando crecimos en un entorno que nos enseñó a querernos y validó nuestros pensamientos, emociones y lo que en definitiva somos, también nos enseñó al mismo tiempo a cuidarnos, que es algo que en definitiva se desprende de la autovaloración. Hacer las paces con el cuerpo es dejar de verlo como un enemigo y transformarlo en un aliado para la construcción de nuestro proyecto personal.









