En 1948 la provincia de Córdoba continuaba intervenida tras el estrepitoso fracaso del primer peronismo cordobés. Y Juan Ignacio San Martín, ajeno a las internas entre el laborismo y los medievales, seguía conduciendo la Fábrica Militar. Fue en esos días que en su despacho sonó el teléfono. Su amigo Perón, desde la Casa Rosada, lo necesitaba:
_ Véngase para acá que tengo que hablar con usted.
El 23 de julio del ‘48 Juan Ignacio San Martín, el menor de 23 hermanos, huérfano de padre desde los 3, ingeniero militar y con una cabeza sin descanso, escuchó lo que el presidente tenía para decirle:
_ Ya es hora que normalicemos la situación de Córdoba. Hay que llamar a elecciones a fin de año. He decidido que el candidato a gobernador sea usted.
San Martín apenas respondió que él no era político, que no tenía intenciones ni experiencia. E intentó defenderse:
_ Yo entiendo de desarrollos, de investigaciones tecnológicas, de fábrica, de industria.
Perón lo interrumpió:
_ Precisamente por eso, porque no es un político y nadie en Córdoba reúne las condiciones como usted para ser gobernador.
San Martín entendió que ya no valían las excusas:
_ Entonces esto es una orden -le dijo al presidente-.
_ Tómelo así, como una orden -se río Perón-.
San Martín aceptó, pero con una condición: seguir vinculado a la Fábrica Militar. Perón aceptó. El 29 de noviembre de 1948 en la plaza San Martín, acompañado por una aun tímida María Eva Duarte, se proclamó oficialmente la fórmula encabezada por San Martín y acompañado por Bernardo Pío Lacase, hombre de la Sociedad Rural de Río Cuarto.

La campaña fue, cuanto menos, agresiva. El ex gobernador radical Santiago H. del Castillo dijo que el pueblo de Córdoba le iba a demostrar a Perón que no estaba dispuesto a aceptar sus aspiraciones totalitarias. Frondizi, en el mismo acto apoyando al candidato radical, exhortó a los hombres de Córdoba a salvar a la provincia de la dictadura peronista. (Dato: tanto Del Castillo como Frondizi, que denunciaron a Perón por dictador, terminarían siendo pro Perón).
La campaña de San Martín se limitó a decir que era necesario traer a Córdoba la revolución y los beneficios de sus postulados. En comicios libres pero aun sin mujeres derrotó al radical Gallardo, al comunista Contreras y al demócrata Benjamín Palacio. Con un padrón de 420.000 ciudadanos, el peronismo logró 161.000 sufragios y la UCR 130.000. Cerca, muy cerca la UCR en la provincia, Córdoba, en donde siempre tuvo gran cantidad de adeptos.
San Martín asumió el sábado 12 de marzo de 1949 y en la asamblea legislativa no estuvieron ni los radicales ni los demócratas, que habían pretendido impugnar su triunfo diciendo que el gobernador no tenía los dos años de residencia exigidos por la Constitución. Sin embargo, San Martín vivía en Córdoba desde 1944. A las 9 de la noche de ese 12 de marzo, en la ex plaza General Paz, se realizaron bailes populares para festejar el triunfo y en su discurso de asunción habló de encarar un vasto plan de reforestación. Ese que aún hace falta.

La crónica de gestión cuenta que se reabrieron 73 escuelas que habían sido cerradas por falta de personal docente, que se inauguraron 60 nuevas y que se incrementó el plantel docente en 3.000 nuevos cargos. El teatro mayor de la ciudad dejó de llamarse Rivera Indarte y San Martín, gobernador, no abandonó la Fábrica de aviones. Pero además de aviones, tuvo otras ideas. La Puma y el Rastrojero, entre otras. Pero esa es la historia que sigue la próxima semana.









