La estrategia del Gobierno para reducir las tasas de interés comienza a mostrar resultados en el financiamiento de las empresas, pero todavía no se refleja con la misma intensidad en los créditos destinados a las familias.
Mientras el costo del dinero para el sector productivo cayó de manera significativa durante los últimos meses, los préstamos personales y el financiamiento con tarjetas de crédito continúan con tasas elevadas, impulsadas por el alto nivel de mora registrado entre los hogares.
Desde enero, el sistema financiero redujo considerablemente el costo de captar depósitos. Las tasas que los bancos pagan por los plazos fijos pasaron de alrededor del 35% anual a un rango cercano al 20%, con rendimientos que actualmente oscilan entre el 21% y el 22,6%.
Esa baja se trasladó con rapidez al financiamiento empresarial. Los adelantos en cuenta corriente para compañías, que meses atrás se ubicaban entre el 50% y el 75%, hoy presentan costos que rondan entre el 25% y el 35%, facilitando el acceso al crédito para el sector productivo.
La situación es muy distinta para los consumidores. Los préstamos personales apenas redujeron su costo desde comienzos de año: pasaron de tasas cercanas al 68% anual a alrededor del 64,8%, una disminución considerada insuficiente para impulsar el consumo o generar un verdadero abaratamiento del financiamiento familiar.
La mora, el principal obstáculo
En el sistema financiero coinciden en que la principal razón de esta diferencia es el elevado nivel de morosidad de los hogares. Mientras que los créditos otorgados a empresas presentan un índice de irregularidad cercano al 3,5%, entre las familias la mora alcanza el 12,8%, y en el caso específico de los préstamos personales llega al 15,9%.
Este escenario llevó a los bancos a endurecer los criterios para otorgar nuevos créditos en lugar de compensar el mayor riesgo mediante una reducción de tasas. Como consecuencia, la liquidez generada por las medidas del Banco Central aún no se traduce en un crédito más accesible para el consumo.
La situación contrasta con el objetivo oficial de las últimas medidas, entre ellas la reducción de los encajes bancarios, que buscaban ampliar la capacidad de préstamo del sistema financiero y trasladar ese beneficio a los consumidores mediante tasas más bajas.
Empresas con mejores perspectivas
En cambio, el panorama es más favorable para las compañías. Entidades financieras consideran que existe margen para expandir el financiamiento corporativo, especialmente hacia sectores con buenas perspectivas de crecimiento, como energía, minería y agroindustria, donde el riesgo de incumplimiento es considerablemente menor.
Algo similar ocurre con los préstamos en dólares, segmento en el que los bancos disponen actualmente de una elevada liquidez y buscan colocar esos recursos en clientes con buen perfil crediticio.
Un consumo que aún espera
Los analistas estiman que el crédito destinado a las familias recién podría comenzar a recuperarse de manera gradual hacia fines de 2026 o durante 2027, siempre que disminuyan los niveles de mora y mejore la capacidad de pago de los hogares. Además, el calendario electoral del próximo año introduce un factor adicional de cautela para el sistema financiero, que suele restringir la oferta de préstamos ante escenarios de mayor incertidumbre.
La evolución del crédito resulta clave para la actividad económica. Durante 2024, el financiamiento privado fue uno de los principales motores de la recuperación, al expandirse desde el equivalente al 4% hasta el 12% del Producto Bruto Interno (PBI).
Sin embargo, con el consumo todavía limitado por el alto costo del crédito, el Gobierno enfrenta el desafío de sostener el crecimiento económico apoyándose en otros sectores, mientras industrias como la construcción y parte del sector manufacturero continúan atravesando un escenario complejo.









