La astrofísica argentina Amina Helmi ha alcanzado la cúspide de la ciencia internacional al convertirse en la primera persona de nacionalidad argentina en ser galardonada con el Premio Kavli en Astrofísica. La distinción, otorgada por la Academia Noruega de Ciencias y Letras en asociación con la Fundación Kavli, es considerada por la comunidad científica mundial como el equivalente al Premio Nobel para esta especialidad, otorgando además una suma de un millón de dólares a repartir por categoría.
Helmi, nacida en Bahía Blanca, graduada de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y radicada en Países Bajos desde hace un cuarto de siglo como investigadora de la Universidad de Groningen, compartió el reconocimiento con sus colegas Vasily Belokurov (Universidad de Cambridge) y Rodrigo Ibata (Universidad de Estrasburgo).
El jurado distinguió al trío de científicos por descubrir la «evidencia fósil» de los orígenes de nuestra galaxia. Las investigaciones de Helmi, enmarcadas en una suerte de arqueología galáctica, demostraron que la Vía Láctea no fue un espacio estático, sino el resultado directo de colisiones masivas y fusiones gravitatorias sucedidas a lo largo de miles de millones de años, en un proceso de «canibalismo galáctico» que modeló la estructura del universo tal como lo conocemos. Asimismo, sus estudios realizan aportes clave para comprender la naturaleza de la materia oscura.
Desde la ciudad de Oslo, donde se desarrolló la ceremonia de los premios en un contexto marcado por la muerte del rey Harald V y la transición hacia el reinado de Haakon VIII, la astrónoma definió este hito en diálogo con los medios como la consagración máxima a una trayectoria de esfuerzo y trabajo colaborativo.
Una edición de alto impacto para la ciencia internacional
La nómina de galardonados de la edición 2026 de los Premios Kavli incluyó también avances fundamentales en sus otras dos disciplinas de estudio:
Nanociencias: El galardón reconoció a Eva Andrei, Pablo Jarillo-Herrero y Allan MacDonald por el desarrollo de la «twistrónica» o electrónica de torsión. Sus investigaciones demostraron que al modificar el ángulo de acoplamiento entre capas microscópicas de materiales como el grafeno (en el denominado «ángulo mágico» de 1,1°), se alteran radicalmente sus propiedades electrónicas, habilitando la superconductividad y abriendo nuevas fronteras para la computación cuántica.
Neurociencias: El premio fue concedido en forma conjunta a Christine Holt, Kelsey Martin, Erin Schuman y Oswald Steward. El jurado destacó sus descubrimientos sobre la traducción local de proteínas en las neuronas, un hallazgo que rompió los dogmas de la biología al demostrar que las células cerebrales sintetizan sus propias proteínas de forma directa en las sinapsis. Este avance transforma la comprensión de la plasticidad neuronal y la capacidad de aprendizaje del cerebro, sentando bases decisivas para el estudio de enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
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