En las redes sociales abundan los tips y dietas para bajar de peso en poco tiempo, y muchos las ponen en práctica confiando al 100% no solo su cuerpo sino su salud. Hay publicaciones y videos cortos, en su mayoría de influencers o personas que no son profesionales de la nutrición, en los que brindan planes que eliminan grupos de alimentos y dietas que prometen resultados en pocos días. Aunque algunas de ellas cuentan con respaldo científico, sus efectos y riesgos dependen de las características de cada persona.
A modo de ejemplo, recientemente mi hermana intentó una de estas dietas. Al vivir juntas pude observar de cerca su proceso, cómo eran sus platos y los esfuerzos por no comer algunos alimentos. Cabe destacar que la decisión estuvo motivada, más allá de su deseo de bajar algunos kilos, por sus consumos en redes sociales. Tampoco contó con respaldo de un profesional. Un lunes comenzó la dieta cetogénica o más conocida como “Keto”, un plan de al menos 30 días en los que no se consume carbohidratos, azúcar (incluídas las frutas), leche y algunas verduras. Sobre su experiencia me contó: “Al principio estaba motivada y me gustaba hacer recetas nuevas, todo iba bien en la semana porque era más rutinario, pero el fin de semana era lo que más costaba. Juntarme con amigas a comer hamburguesas y tener que llevar mi propio pan, no poder comer papas ni tomar gaseosa. Siempre me alimenté bien, pero los findes me permito disfrutar de ese tipo de comidas”. A la semana se sintió “deshinchada”, pero a la par estaba cansada y débil y a los diez días la abandonó.
Como estas existen otras dietas, entre ellas la carnívora y la mediterránea, que forman parte de las propuestas que circulan entre videos, publicaciones y testimonios, aunque sus características y objetivos son diferentes. El problema aparece cuando esas recomendaciones se adoptan sin evaluar si son apropiadas para cada persona, cuánto tiempo pueden sostenerse o qué consecuencias pueden tener sobre la salud. Una estrategia que produce resultados en un grupo determinado no necesariamente es adecuada para cualquiera que lo intente. Tampoco alcanza con observar una disminución en la balanza para determinar si el proceso fue saludable.
Para entender la importancia de adaptar las recomendaciones a las necesidades individuales, qué pasa con este tipo de dietas muy restrictivas cuando se realizan sin supervisión profesional y los efectos rebote que pueden tener, Hoy Día Córdoba habló con
la doctora Mariana Laquis, licenciada en Nutrición, docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC e integrante del Consejo Directivo del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Córdoba y con la doctora Laura Aballay, licenciada en Nutrición y directora del Centro de Investigaciones en Nutrición Humana de la Escuela de Nutrición de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC.
“Realizar ‘dietas de moda’ y sin la intervención de un Licenciado en Nutrición matriculado supone un riesgo para la salud, ya que, por el afán de bajar de peso, olvidamos el aporte de ciertos nutrientes que nuestro organismo necesita”, sostiene la doctora Laquis. Por su parte, la doctora Aballay advierte que es necesario considerar las particularidades de cada persona, y explica: “El riesgo de seguir algunas dietas como las que mencionas reside en que pueden tener algunas características que pueden ser de utilidad para la población en general, pero que deben considerarse las adecuaciones a las características personales, tanto biológicas como de salud”.
En ese sentido, señala que no es lo mismo seguir una dieta para tratar un leve exceso de peso que hacerlo cuando el exceso es considerable. También es necesario contemplar las enfermedades preexistentes, ya que cada una puede requerir modificaciones específicas en la alimentación. “En algunos casos hay que considerar lo que se está ingiriendo y por cuánto tiempo, ya que abusar de algunas dietas que restringen algunos alimentos y los nutrientes que contienen puede generar carencias o activar otros procesos indeseados”, agrega.

Dietas restrictivas y necesidades individuales
Aunque suelen difundirse como alternativas para bajar de peso, las dietas mencionadas tienen características diferentes y no implican el mismo grado de restricción. Para Laquis, el equilibrio nutricional es fundamental para mantener la salud. “El verdadero bienestar se logra con una dieta equilibrada, suficiente, armónica y adecuada, donde se consuman todos los grupos de alimentos: carnes, lácteos, cereales, legumbres, y una gran variedad de frutas y verduras”, sostiene.
La especialista advierte sobre las consecuencias de reducir considerablemente determinados alimentos, especialmente cuando se priorizan unos nutrientes en detrimento de otros, y afirma: “Cuando elegimos pautas restrictivas como la dieta keto, se genera un desbalance al priorizar las grasas y desplazar fuentes esenciales de energía y micronutrientes, los cuales son indispensables para mantenernos sanos”.

Aballay también remarca que no alcanza con establecer una clasificación general entre dietas simples y extremas para determinar cuáles son menos riesgosas. “Claro que hay dietas que son más simples, pero considerarlas menos riesgosas es depende para quién”, señala.
Como ejemplo, menciona la dieta mediterránea, que incluye frutos secos y semillas entre sus alimentos recomendados. Aunque estos productos forman parte de un patrón alimentario saludable para muchas personas, pueden resultar problemáticos para otras. “En dieta mediterránea entre los alimentos que sugiere ingerir están los frutos secos y semillas como las nueces, almendras, pistachos entre otros. Estos para algunas personas pueden resultar alergénicos o no ser tolerados, por lo que de nuevo se remarca la individualidad y adecuación de las dietas”, explica.
En relación con las dietas cetogénicas, Aballay reconoce que pueden ofrecer beneficios en determinadas circunstancias, aunque advierte sobre la necesidad de evaluar sus posibles efectos. “Pueden mejorar tal vez en algunas personas la glucemia, pero producen exceso de otros nutrientes como proteínas y grasas que a veces desequilibran otros nutrientes y metabolitos”, indica. De esta manera, la especialista subraya que la conveniencia de una dieta no puede establecerse sin considerar quién la realiza, con qué objetivo y bajo qué condiciones.
Qué dice la evidencia científica
La presencia de estudios científicos es uno de los argumentos utilizados para promocionar dietas en internet. Sin embargo, que una estrategia haya sido investigada no significa que sus resultados puedan aplicarse automáticamente a toda la población. “Claro que hay evidencia científica que respalda estas dietas, pero sus efectos están probados en la población y/o muestra que se utilizó para generar la evidencia (es decir la población involucrada)”, explica Aballay.
La doctora señala que, una vez obtenidos los resultados de una investigación, es necesario evaluar si pueden trasladarse a otros grupos de personas. Para ello, deben realizarse nuevas investigaciones que permitan respaldar su aplicación en diferentes contextos. “Luego hay que prever, si esos efectos se pueden transferir a otras poblaciones y para eso generar nuevas evidencias que respalden su uso”, agrega.
La aclaración resulta relevante frente a las publicaciones que presentan experiencias individuales como pruebas suficientes de la eficacia de una dieta. Aballay advierte que también es necesario tener en cuenta para qué fue diseñada cada intervención y en qué circunstancias se estudió. “Por lo tanto, no se pueden utilizar sin control y para lo que no fueron pensadas y construidas”, sostiene.
En ese contexto, revisar las fuentes científicas y comprender el alcance de sus resultados es fundamental para distinguir entre una recomendación respaldada por investigaciones y una afirmación que generaliza sus conclusiones sin considerar sus límites.
Bajar de peso no siempre significa hacerlo de manera saludable
Las promesas de resultados rápidos son uno de los principales atractivos de las dietas virales. Sin embargo, la disminución del peso corporal no permite conocer por sí sola qué cambios se produjeron en el organismo. “Depende con qué dieta, el tiempo de adhesión a la misma y las circunstancias en las que se lleva a cabo”, responde Aballay al ser consultada sobre la posibilidad de adelgazar de manera saludable con estos planes.
“Tal vez bajan de peso con algunas de estas dietas, pero cuando perdemos peso ¿conocemos qué parte de nuestra composición corporal se afectó en esa pérdida? ¿grasa? ¿músculo? ¿y en qué proporción afectó cada compartimento corporal?”, pregunta, y agrega: “Todas esas respuestas las puede dar un profesional formado para seguir y tratar a las personas, acorde a su necesidad, estado de salud, estado emocional, entre otros muchos factores a considerar”.
Laquis también advierte sobre los resultados iniciales que pueden producir algunas dietas restrictivas y las dificultades para mantenerlas durante períodos prolongados. “Se sabe que este tipo de dietas logran una pérdida de peso inicial, sin embargo, su rigidez hace que sean insostenibles a largo plazo. La severa restricción de alimentos suele desencadenar el conocido efecto rebote, provocando una rápida recuperación del peso perdido e incluso un incremento mayor”, sostiene.
La posibilidad de recuperar el peso después de abandonar una dieta no debe entenderse como una consecuencia inevitable en todos los casos. Sin embargo, las restricciones difíciles de sostener pueden complicar la continuidad de los cambios alimentarios y alejar a las personas de sus objetivos a largo plazo.
Por eso, Laquis insiste en la necesidad de priorizar un proceso que contemple tanto la alimentación como la actividad física y los hábitos cotidianos. “Bajar de peso saludablemente, significa consultar con un profesional de la Nutrición que planifique tu alimentación según tus gustos, rutinas y necesidades, sumado al ejercicio físico”, afirma. Y agrega: “No se trata de restricciones, sino de aprender a comer con la educación alimentaria”.
Cómo identificar recomendaciones confiables
Frente a la cantidad de contenidos nutricionales que circulan en internet, reconocer quién brinda la información y cuáles son sus fundamentos constituye un primer paso para evaluar su confiabilidad. “Lo más importante es que exista un reconocimiento de quien está dando esa información, si cuenta con el respaldo académico y científico (verificado por las citas y referencias bibliográficas que respaldan lo publicado). Luego chequear que existan y sean inherentes a la temática que expresan”, recomienda Aballay.
También conviene prestar atención a las promesas de resultados extraordinarios en períodos muy breves, a las recomendaciones que se presentan como válidas para todo el mundo y a los planes que eliminan grupos de alimentos sin explicar sus fundamentos ni contemplar las necesidades individuales.
Laquis advierte sobre la cantidad de promesas a corto plazo que se promocionan: “En las redes sociales abunda la información sobre métodos rápidos y dietas sin evidencia científica para bajar de peso. Sin embargo, los milagros no existen. Perder muchos kilogramos en poco tiempo suele ser señal de un proceso poco saludable”. Frente a ese escenario, la especialista propone dejar de lado la búsqueda de soluciones inmediatas y priorizar cambios que puedan mantenerse en el tiempo. “La meta es incorporar hábitos saludables para toda la vida y poder compartir una cena con amigos, un viaje o la mesa familiar sin culpas y sin sentirte diferente”, sostiene.
En la misma línea, concluye: “La alimentación no debe ser un sufrimiento, sino un momento para disfrutar y compartir sin culpa. El camino hacia un cambio sostenible y seguro se logra siempre con el acompañamiento de un profesional capacitado”.
Frente a las dietas que prometen resultados rápidos, las especialistas coinciden en que la evidencia científica debe interpretarse según cada caso y que ninguna recomendación puede reemplazar la evaluación individual. La clave está en evitar las restricciones sin supervisión, conocer las necesidades nutricionales propias y construir hábitos que puedan sostenerse sin comprometer la salud.









