La crisis ambiental del dique San Roque, un problema que arrastra más de medio siglo pero que en los últimos años se agravó, comienza a encontrar nuevas respuestas desde la ciencia cordobesa.
Investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) desarrollan dos iniciativas innovadoras para mitigar la contaminación del embalse: una combina monitoreo satelital y nanotecnología para atacar las floraciones de algas y cianobacterias; la otra apunta a reutilizar esa biomasa para generar energía, bajo un enfoque de economía circular.
Ambos proyectos despertaron el interés de la Secretaría General de Ambiente y Economía Circular del Gobierno de Córdoba, que decidió financiarlos. La Secretaría de Ciencia y Tecnología (Secyt) de la UNC será la encargada de administrar los fondos.
Satélites y nanocatalizadores: un “GPS” para las algas
El primero de los desarrollos surge de una articulación entre el Instituto Gulich, dependiente de la UNC y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), y el Instituto de Nanociencia y Nanotecnología de Cataluña (ICN2), en España. También participan el ICBIA (Conicet-UNRC) y la Fundación InnovaComunidad.
Desde hace más de 15 años, el Instituto Gulich releva información satelital del lago, que abastece al 70% de la ciudad de Córdoba y padece un proceso severo de eutrofización: acumulación de sedimentos, algas y fitoplancton, incluidas cianobacterias potencialmente tóxicas para la salud humana.
A través de algoritmos propios y mediciones de campo, los investigadores pueden identificar la concentración de clorofila y ficocianina, pigmentos característicos de algas y cianobacterias, para detectar y diferenciar las llamadas “explosiones algales”. Esa información permite determinar con precisión cuándo y dónde se producen los blooms.
El paso siguiente será intervenir con nanotecnología. El proyecto prevé utilizar nanopartículas activadas por la luz solar que degradan toxinas y microorganismos. “La idea es detectar el bloom con imágenes satelitales y remediarlo con nanofotocatalización”, explicó la investigadora Anabella Ferral, a cargo del equipo.
Estos nanocatalizadores, montados sobre plataformas flotantes, generan compuestos altamente oxidantes en presencia de agua y luz solar, capaces de descomponer las toxinas en sustancias inocuas como agua, dióxido de carbono y oxígeno. Según detallan, las nanopartículas permanecen ancladas a las estructuras y no afectan la calidad del agua.
La meta a futuro es integrar el monitoreo satelital con un sistema automatizado que funcione como un “GPS de las algas”: detectar de manera anticipada las zonas críticas y enviar allí las plataformas para actuar de forma localizada.
En una primera etapa, el equipo estudiará los catalizadores en laboratorio, analizará sus propiedades y luego los ensayará con agua del San Roque. También se sumarán especialistas de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (Famaf) para desarrollar modelos computacionales que optimicen el sistema.
De residuo a recurso: energía a partir de algas
El segundo proyecto, aún en proceso de formalización, tiene como eje transformar el excedente de algas en un insumo productivo. Actualmente, gran parte de la biomasa extraída del lago termina en enterramientos sanitarios.
El equipo, dirigido por Ferral junto con el investigador Oscar Oviedo (Facultad de Ciencias Químicas, UNC-Conicet), evaluará cuánta biomasa se genera y cómo otorgarle valor económico.
La iniciativa incluye tanto el fitoplancton microscópico como las macrófitas, plantas acuáticas que se introducen para absorber nutrientes como fósforo y nitrógeno, pero que luego se acumulan en las costas, se descomponen y generan malos olores.
Con apoyo de imágenes satelitales e inteligencia artificial, los científicos buscarán estimar la biomasa disponible y predecir los momentos de mayor proliferación. La intención es planificar su extracción y destinarla, por ejemplo, a biodigestores para producir biogás.
“Queremos convertir un problema ambiental en una oportunidad para la bioeconomía de Córdoba”, sostuvo Oviedo. El objetivo es generar energía, bioinsumos u otros productos con valor agregado local, en articulación con cámaras empresarias del sector energético y agroalimentario.
Así, mientras el San Roque continúa siendo uno de los principales desafíos ambientales de la provincia, la ciencia cordobesa apuesta a una estrategia integral: detectar, remediar y reutilizar. Una combinación de tecnología espacial, nanotecnología e innovación productiva que busca devolverle salud al lago y, al mismo tiempo, generar desarrollo sostenible.
La Provincia difundió el balance 2025 de gestión ambiental y residuos









