Desde mi modesto lugar de lector febril y librero sufriente, anoto estos, a continuación, como algunos de los libros del 2019 que se quedan conmigo. Como pocos años, este fue cuesta arriba para las editoriales, que en muchos casos se vieron forzadas a achicarse (publicar menos autores, menos ejemplares) para sobrevivir la caída de los índices de venta. No deja de resultarme grato, sin embargo, que los embistes a la industria del libro no significaron una disminución en la calidad, y libros bellos y necesario no escacearon. Esta lista es arbitraría, carece de orden jerárquico y prescinde de libros editados por grandes editoriales o grupos. Es mi lista, y es una lista caprichosa.
1. Mi abandono, Peter Rock, Godot
Hubo un hechizo en la música del lenguaje, en la concatenación de las frases. Sí, trata sobre una niña y su padre, viviendo hoy en día en un bosque bajo las premisas de Emerson y Thoreau, y sobre las opacidades y los reveses éticos de sostener ese tipo de vida contra un mundo acechante. Pero antes de eso hubo algo en las palabras, en el oleaje del texto que después del primer párrafo ya me había hundido, y que hizo del extravío en su lectura una dicha memorable.
2. Los infieles, Francisco Moulia, Hojas del sur
Austera en su apuesta, la cuarta novela de Moulia confía en la historia que cuenta y en la llaneza de la Patagonia. En 1982, en un hotel abandonado se encuentran una pareja desgastada de jóvenes que ocultan hace años de la dictadura, un pibe que se escapó de Malvinas y un turco siniestro. Es una novela de tensión, con diálogos precisos y una estructura de relojería. Se lee de un tirón, y casi parece que se ve.
3. Diario del capitán Padilla, Spregelburd, Entropía
La primera novela de Spregelburd me deslumbró. Es una gauchesca onírica, narrada desde el personaje que él interpretó en Zama, de Lucrecia Martel. Con un lenguaje espeso, lleno de riquezas tan disfrutables como subrayables, Spregelburd se mete con la tradición, con Di Benedetto, con Martel, con Zama (que pulula como personaje en la novela), yendo y viniendo entre Zama (el libro), Zama (la película) y la filmación de la película, en una realidad tripartita que enloquece con la sucesión de capítulos. Una prosa especiada, como un vino añejo.
4. El nadador en el mar secreto, William Kotzwinkle, China editora
Llegué a esta nouvelle como muchos: por el impactante boca a boca. A priori, el tema no me decía nada: una pareja que vivía en el bosque estaba yendo al hospital en el pueblo, lidiando con un embarazo complicado, un clima complicado y una realidad complicada. A medida que lo iba leyendo, comprendí que el protagonista de este texto es el tono, la serenidad de una prosa enfrentada al borde, la delicadeza de las imágenes y una economía narrativa que se desliza una y otra vez en la lírica sobria de quien tiene la calma de estar volviendo del horror.
5. ¿Hay mundo por venir?, Danowsky y Viveiros de Castro, Caja Negra.
Bellísimo ensayo antropológico que por un lado explora los imaginarios del fin del mundo y los repiensa en función de las posibilidades astronómicas, biológicas, políticas y reales del fin del mundo y su inminencia, y por otro lado sopapea a docenas de pensadores, desde Bifo Berardi, pasando por Srnicek hasta Badieu.
6. El amor en tiempos de algoritmos, Hernán Vanoli, Siglo XXI
Lúcido mapeo del campo de batalla literario. Un libro polémico, que favorece la discusión sobre la literatura, los libros, las editoriales, los escritores, la virtualidad, las ferias, las librerías, las reseñas, etc. en el mundo del futuro que hace rato llegó. La riqueza de Vanoli está menos en las resoluciones a las que llega que en las conversaciones que habilita.
7. Los Veranos, Flavio Lo Presti,
17 grises
Cuentos de tinte autobiográfico, que generan, por la voz y por la anécdota, la ilusión de una novela. Soy poco dado al goce por la confesión, y no tengo ninguna devoción ante historias reales, pero la prosa de estos cuentos es de una densidad y riqueza que enarbolan un goce en sí, y los cuentos pasaron a ser para mí la aventura de una voz.
8. Serotonina, Houellebecq, Anagrama
Había que amarla o que odiarla, pero Serotonina no da para tanto. Es fácil encontrar mil reseñas destructivas de esta novela: es cool” ahora pegarle a Houllebecq, pero con todo, vale la pena atravesar estas páginas donde la caricatura del antiguo protagonista de Michel deambula, sin deseo y sin rumbo, y rememora con nihilismo y afrancesada contemporaneidad sus amores fallidos. Knausgard lo compara con Von Trier: Houellebecq está más en la obra que en cada novela, y Serotonina es un peldaño menos en el descenso al sótano de su literatura.
9. Guitarra negra, Ramiro Sanchiz, Estuario.
Este es un libro extraño, aunque debería ser usual esperar lo extraño de Sanchíz. Este texto es parte de la colección de libros sobre discos que dirige Gustavo Verdesio y versa sobre Guitarra Negra, de Zitarrosa, pero es una novela polifónica que dialoga con muchos dispositivos culturales y a la vez forma parte del Proyecto Stahl”, un ambicioso delirio que implica múltiples novelas, y que es de lo más interesante que anda pasando por las tierras uruguayas.
10. Ya pueden prender las luces, Urquiza, Corregidor
Un actor que hace tiempo no labura baja a comprar cigarrillos una noche. Una cosa lleva a la otra, y termina siendo confundido por el peón de una mafia del conurbano y cada segundo en que no lo desmiente se va apropiando del papel, va dejándose atrás a sí mismo y va metiéndose a fondo en la piel de un criminal. Toda la novela transcurre en una noche, pero una noche alcanza para una vida entera.
11. Ejemplares únicos, Patricio Rago, Bajo la luna
Estas crónicas de librero tienen el encanto de la literatura brillando en todas sus aristas. Cada relato es como un cuento, y ofrece un peldaño más en la vida de un librero de viejo, que va cazando bibliotecas de muertos, ejemplares raros, primeras ediciones, libros de la calle o de lugares improbables. El libro de librero es ya todo un género, y en particular me atrajo este por la honrada decisión estética de colocar la anécdota por sobre las pirotecnias megalómanas del lenguaje: detrás de este libro hay oficio, y miles de libros amados.
12. Cuplá, Yamila Begné, Omnívora
En Begné verifico una promesa cada vez que la leo: que la literatura tiene aún quien recorra sus aristas extrañas y marginales, lejos de la norma, lejos del mandato de lo aclamado y de lo requerido para quien escribe por estos días. La libertad narrativa, la pericia en el lenguaje, la exploración del experimento y de los vericuetos oníricos, todo eso encuentro en los textos de Begné, y mucho más, y Cuplá no es la excepción y sin embargo es excepcional.
13. Degenerado, Harwicz, Anagrama
La tempestuosa, lírica y avasallante voz de Harwicz al servicio de una historia a contratiempo: el protagonista de esta novela es un pedófilo femicida, y el texto, lejos de insertarse en la comodidad binaria de la agenda, complejiza sin dictamen, y vuelve espesa la variabilidad de los sentidos: recorre todos los caminos, privilegiando el ansia de verdad por sobre la moral, custodiando con gracia la irresolución y recordando que la literatura es el artefacto ideal para recorrer los bordes y mapearlos.
14. Síndrome Praga, Juan Pablo Bertazza, Adriana Hidalgo
De inusitada extensión y grata complejidad está novela nos lleva de paseo por las calles de Praga con un fervor por el detalle exquisito y transportador: un chanta porteño llega a Praga con el plan de trabajar como guía turístico, pero no conoce Praga ni habla checo, y en mitad de su singular aventura una más singular ocurre: en las frentes de miles de praguenses aparrce inscrita la fecha en que van a morir; gran ejercicio de naturalismo histórico turístico cruzado con lo mejor del relato fantástico latinoamericano.
15. ¿Alguien será feliz?, Marina Yuszczuk, Blatt & Ríos
Lúcido libro de cuentos que dando cuenta de diversos vínculos y relaciones compone una tesis reflexiva y pertinente sobre los tiempos que corren, lejos de la mera exposición y de la megalomanía de un yo que necesita confesarse. Me vi asintiendo mientras leía y me vi encontrando caminos que no había encontrado antes en cosas que creía familiares. La prosa de Yuszczuk detecta enigmas en los paisajes que vimos llanos, y con precisión inusual expande las preguntas y juega el juego más largo y más bello.
16. Rocanrol, Marcial Gala, Corregidor
Marcial Gala da voz a sus personajes como pocos narradores. A través de cómo hablan los vemos, cómo son, qué piensan, cómo se mueven y qué han hecho. Así vemos en Rocanrol una Habana inusual, en los 90, con decadencias sin romanticismos y con la amargura del sueño arruinado. El Malecón de Gala no es el Malecón idílico, pero es una llaga viva que atravesamos con la nostalgia de lo que no fue.
17. M., de Eric Schierloh, Eterna Cadencia.
Grato y extraño artefacto, que juega las veces de biografía de Melville a través de ejercicios improbables, como la mención de los libros que Melville compraba, líneas que Melville subrayaba, telegráficas acciones como nombrar cuando iba al teatro o se cortaba las uñas componiendo paso a paso una fría y cada vez más literaria sensación de Melville y de su elusividad. Un texto que crece a partir de la inabordabilidad del otro.
18. Caminantes, Edgardo Scott, Godot
Delicioso ensayo reeditado y aumentado, que explora los vínculos entre el caminar y la escritura. Gozoso en particular el capítulo nuevo, Walkmans, sobre la música, y las palabras en las músicas que nos acompañan en la caminata y se enredan con ella. Scott ejecuta un texto caprichoso, que salta entre teorías y anécdotas, yendo y viniendo entre literaturas, con la respiración de quien erra por la ciudad, y encuentra lo que no buscaba y lo descubre como necesario.
19. La vista desde las últimas filas, Neil Gaiman, Malpaso
Fui feliz mientras leía este libro, y mientras descansaba la vista de sus páginas hasta creí un rato que la humanidad estaba justificada. Compendio de una cincuentena de artículos y ensayos de Gaiman sobre todas cosas que amo: Batman, Doctor Who, escribir, Amanda Palmer, Lou Reed, Stephen King, comics, películas, Poe, Lovecraft, Alan Moore, Chesterton, Dave Mckean, Douglas Adams, y un largo, largo y dichoso etcétera y de ensayos sobre literatura. Con la voz de Gaiman recordé por qué amaba lo que amaba, y amé mejor y más lejos, y descubrí otros detalles amables, y otros caminos que no había recorrido.
20. Solo la noche, John Williams, Fiordo
Baste el efecto de la luz feroz que aun alumbra desde Stoner para querer leer el primer libro de su autor. Quizás fallido, quizás errático, tiene por momentos las virtudes de Stoner, pero también la travesía de una soledad tenebrosa, soledad de abismo o de cuadro de Hopper.









