Carlos Busqued. Algo de eso hay

Por Sergio Mansur

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carlitos. lpmqtp.

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cuando algo se deslizaba hacia algún lugar luminoso, decías: “eso es una mariconada gringote”. o, “macho santafesino eso es una mariconada”, así decías, para reforzar el concepto de que no aplicaba la actitud.

a los pocos días de salir “bajo este sol tremendo”, droopy campos decide adelantar, autorizado por vos, un capítulo del libro en esa poderosa, añorada e irrepetible revista cordobesa que editaba con dirty ortiz: “la central”. droopy me pidió que haga un perfil tuyo. te compartí el texto porque ya se sabía, siempre supimos los del círculo de la serpiente, que se venía algo importante para vos y que cuidarías al detalle el personaje busqued sin mariconadas.

además de agradecerme por lo que se respiraba en mi relato, agregaste: “hice reingeniería en una sola línea, me parecía una imagen muy maricona nosotros acodados en el desayunador, es una propuesta nomás, el dueño de la cosa sos vos pibazo. casi seguro el miércoles ando por allá. gran abrazo”. te hice caso. va el texto del número de Abril-Mayo de 2009 de “la central”:

Ojalá.

Durante dos años más bien tenebrosos de nuestras existencias compartimos el alquiler de una casa. Puedo recordar que Carlos leía bajo la ducha o iba al gimnasio después de tomarse un par de vasos de ginebra y/o generarse lo que eufemísticamente llamaba “estado de percepción”. Eran épocas de temor y zozobra. Para conjurar la incertidumbre pasábamos horas consultando el I Ching y analizando las difusas respuestas del libro de las mutaciones. Cada vez que aparecía una pista favorable, repetíamos: ¡Ojalá!

Pedazos del personaje que supo construir: dueño de una memoria envidiable capaz de citar textualmente largos pasajes de Carver, Capote, Dennis Cooper, Philip Dick, Burroughs o Mishima; recolector de diálogos memorables en su mp3 (algunos de ellos registrados en episodios de podcast en su blog: borderlinecarlito.blogspot.com); coleccionista de comics bizarros; amante de los pasajes más truculentos de la segunda Guerra Mundial y ensamblador de maquetas de aviones; defensor de la pornografía como espacio de inmunidad; adepto a desviaciones y rarezas de la naturaleza (aclaro: hay desviaciones que terminan en tendencias, y en esta sociedad violenta y fragmentada, dos de los protagonistas de “Bajo este sol tremendo” atienden el bar próximo a tu casa). Esta enumeración constituye sólo una parte del personaje, bastante parecido a él y fundamentalmente hecho de palabra escrita y relatos.

¿La otra parte? También está hecha de palabras. Cuando los dioses tardíos de los últimos 100 años (las mieles de la globalización y su gran aldea, de la inmortalidad de los mercados, del ambiente inagotable, del progreso continuo), ya están muertos o agonizando, Carlos Busqued, Carlitos, concluye su gran obra y en vez de andar golpeando puertas para que la lean se encuentra merecidamente con la alfombra roja que le extiende Herralde. Bastante mejor que lo que se podía imaginar en nuestras interpretaciones del I Ching.

El presente de Carlitos es, sin dudas, el resultado de una presunción y del poderoso destino de un deseo: durante mucho tiempo, fortaleció la idea de que el único camino posible para él era terminar su novela y “pegar algo, una vez en la vida”. La literatura a veces es el único (o el mejor) de los refugios para algunas inteligencias especiales y seres complejos y maravillosos que están caídos de la especie, al margen de las promesas de una época y los designios familiares. Tierna ilusión en un alma atormentada en un personaje oscuro en un ser tierno. Qué más.

Por último, es preciso mencionar que hoy, a la luz de los hechos, es un poquito más probable que se pueda dar su idea de paraíso: envejecer en "estado de percepción" en una playa de Brasil, rodeado de mujeres jóvenes del Este de Europa, donde yo tenga que quitarle al Carlos la carga de decidir qué piba puede acercarse a él y cuál debería quedar conmigo. ¡Ojalá!

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navidad 2004. carlitos, alejandra y nelson también estaban recién separados de sus respectivas parejas. los 4 estábamos literalmente rotos. decidimos ir a la cabaña de nelson en golden water, así la llamábamos. me ocupé de comprar mucha comida, mucha bebida.

casi todo el círculo de la serpiente en pocos metros, porque leandro estaba en lo de sus padres, cerca; pasaría a la madrugada (solo iban a faltar, con aviso, alejandro y gustavo). teníamos que llevar regalos bizarros. carlitos recibió un cuadrito de una virgen con unas luces tipo cartel de neón, está en un video autofilmado leyendo cosas con unos anteojos que tienen una especie de holograma de ojos, anteojos que compraba en 11 cuando ya estaba en bs as y los regalaba. mis hijos aún los tienen.

llegamos a fin de la tarde ese 24. estábamos rotos, recontra rotos. hablamos poco. casi nada. diría: nada. desde una terraza, como en una sala de espera o en la primera fila de un cine, miramos largas horas el valle iluminado por fuegos artificiales. nos quedamos hasta las 6, extinguiéndonos con los festejos. ajenos.

ninguna, ninguna. ninguna navidad parecida. nos lo repetimos muchos años. ninguna tan cerca.

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si bien compartíamos casa, nunca salíamos a buscar chicas juntos. cada uno siempre atendía sus propios asuntos. un sábado, medio tarde, tipo 11 pm, le tiré una propuesta para meternos en un chat de pc y ver qué. en una de esas salas que se usaban, 2005, nada que pibes de hoy puedan comprender. un mensaje detrás de otro, todos buscando mantener algún maldito hilo. una tira endemoniada que subía y se llevaba rápidamente tus posibilidades, como si alguien escroleara frenéticamente tu deseo.

hicimos contacto. pasamos números de celulares. a ciegas, no había fotos, solo mensajes de texto. independencia y buenos aires era el lugar de encuentro, creo había un overnight. enfilamos.

en la bajada del cerro ya diluviaba. nueva córdoba: venecia. primero bajó carlitos a merodear. mucha mucha gente reunida bajo toldos, los aleros, las entradas de los edificios. volvió: se me mojan los anteojos, si me los saco no veo. bajé yo, ídem. volvimos a villa belgrano, tipo 3 am ya.

mensaje de las contactadas y no encontradas: vamos para tu casa. dijimos que sí, aunque ya estábamos un poco más desalineados. a dos mil ordenar un poco. más diluvio. mensaje: nos quedamos con el auto. salimos de nuevo, en plan de rescate, pero, obvio, no pudimos llegar. 5,30 am nuevamente casa.

muy desalineados, 7 am: “me acuesto”, dije. “qué buena noche, gracias gringote”, dijo. y lo dijo en serio.

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éramos respetuosos cuando hablábamos, había un punto donde dejábamos de profundizar, decíamos: algo de eso hay. y punto. además, coincidíamos en que el buen trato de algunos, cuando sos niño, puede distraerte de la oscuridad, puede darte un par de herramientas para siempre.

en la vecindad había una familia complicada, digamos F., muy disfuncional en palabras de carlitos. y eso era mucho. la nena más chica de F., digamos M., siempre merodeaba nuestra casa, jugaba con mis hijos cuando estaban conmigo. siempre teníamos la puerta de ingreso abierta, las ventanas que daban a la calle abiertas, siempre. costumbre de pueblo.

M. asomaba, preguntaba por pedro y tomás y si no estaban igual entraba, se sentaba en uno de los sillones, quietita, en silencio. carlitos le hacía una leche chocolatada, le preguntaba por las tareas. le dedicaba un tiempo. hablaban. mucho tiempo.

me gustaría encontrar a M., no se va a acordar de casi nada, pero quizá le diría que a esa capa que la cubre la tejió, también, un tal carlitos.

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Casi que los podría haber enterrado juntos, pero no pude despedirme de ninguno. No iba a escribir nada, no tenía ganas, pero una mariconada: El cisne de Saint-Saëns sonó el sábado en mi playlist mientras caminaba. Posta. Mi viejo y vos, los vi. “Mi viejo fue una abeja en la colmena, las manos limpias, el alma buena”. Carlitos.

La tristeza es traicionera. No lo había pensado nunca. Como una gangrena repentina, voraz. Los lloré allí, de espaldas a un grupo que jugaba golf: “capaz otro palo”, alcancé a escuchar.

Los imaginé en ese definitivo tramo. A vos, papá, intentando levantarte. A vos, Carlitos, apoyado en la pared del pasillo, cansado, dejándote caer deslizando la espalda sobre el muro hasta quedar sentado, las piernas abiertas, los brazos a los lados, pesados.

Después, otra mariconada más, ya sabés: el ángel sobre el moribundo como en “Cielo sobre Berlín” de Wim Wenders. Imaginé que alguien los acompañaba, sosteniéndoles dulcemente la cabeza, y los guiaba por sus recuerdos más memorables.

"El sueño de la casa en la casa”.

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Los licores de jallaza con jugo saldán y alcohol medicinal en alta córdoba / el quillango de specchia en el paseo santo domingo / las caminatas de madrugada por la córdoba fría y desolada / escribir en la chile con plumas y tintas de diversos colores / las lecturas perdonadas cada sábado en aulas de la utn / la escala obligada en lo de echeverría sobre la independencia / el silo de flor serrana y el amplio living del rambler / la humareda en la 24 de setiembre con pitonisa zurita / el escort y la cagiva / los aviones de la fma / las cenas con personalidades / la parrilla de la san juan / el bar de la cañada / los tragos con mezclas de sobras de vasos cuando cerrábamos el pub de la achával / los viajes / el paseo por los cementerios / el intercambio de libros películas música / o música películas libros / la revuelta / los perros muertos de barrio liceo / elena preguntando qué hago con la pieza de ese chico porque no se distinguir qué es basura y qué es lo que sirve / la radio / darth vader / la pc ruidosa de bajo este sol tremendo / la grasa de las costeletas de novillo con pan / la mandarina de aguirre / la carlitera que llegó a brasil y viajó a la luna / extramuros / siniestro papá noel / los lomos de tomates verdes fritos / el ping pong interminable de la bergson / el lobo / lupo querido

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Cuando mudaste tus libros a bs as, te llevaste mi I Ching y me quedé con el tuyo. Eran iguales, versión de Wilhelm. Varias anotaciones, tu letra, en el que era tuyo pero ahora mío. Me parece que estaban asociadas a los programas de radio que hacías, me parece.

En una página, marcaste el último párrafo del hexagrama 28, la preponderancia de lo grande: “Un hombre valiente se dispone a dar cumplimiento a su tarea cueste lo que cueste. Así se cae en el peligro. El agua pasa por sobre él. He ahí la desventura. Pero dejar la vida en aras de imponer el bien y lo recto, es un comportamiento intachable. Hay cosas más importantes que la vida”.

Debajo del párrafo, una anotación tuya, hecha con portaminas 0.5 mm: “hasta el sábado que viene”.

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Borges, quizá el autor en el que más coincidíamos, en “Para una versión del I King, borgea: No te rindas. La ergástula es oscura, / la firme trama es de incesante hierro, / pero en algún recodo de tu encierro / puede haber un descuido, una hendidura.

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(Nada nos dice adiós. Nada nos deja): hasta el sábado que viene.

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AMIGO

 
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