Una parte de la historia del arte también puede encontrarse en las obras que una artista decide guardar. No sólo en aquello que produce, sino en lo que mira, elige y conserva a lo largo de los años. Desde ese lugar se construye «Donde muerde el agua», la muestra que reúne las colecciones de Sara Goldman, Claudia Santanera, Susana Lescano y Ana Luisa Bondone, cuatro artistas cordobesas que también desarrollaron su propia manera de coleccionar.
La exposición reúne 70 obras de 50 artistas y pone en relación las producciones de las cuatro coleccionistas con una selección de las piezas que fueron incorporando a sus recorridos. De este modo, aparecen distintas generaciones y lenguajes, con nombres como Antonio Seguí, Líbero Badíi, Liliana Porter, Mirtha Dermisache, Carlos Herrera, Irene Kopelman, Lucas Di Pascuale y Luli Chalub, entre otros.
La curaduría de Gisella Mailén Scotta parte justamente de esa relación entre mirar y conservar. Las colecciones no aparecen como conjuntos cerrados, sino como recorridos que fueron cambiando con los años a partir de encuentros, intereses y afectos. «No tiene un origen. El cauce no se traza, se insiste. Se desvía. Vuelve. Aumenta su caudal. Erosiona y se desborda en sus márgenes. Discurre, se encauza y avanza», escribe Scotta en el texto curatorial.
La imagen del agua continúa en la lectura de cada colección, entendida como un recorrido propio que puede acercarse a otros. Geometría, palabra, paisaje, política y humor aparecen entre las distintas elecciones, mientras que las obras conservadas también hablan de los vínculos que se fueron formando alrededor de ellas.
«No todo acopio es una colección, ni toda persona que atesora imágenes se nombra coleccionista. Pero aquí hay objetos que permanecen por insistencia, por afecto o resonancia; pequeños tesoros que acompañan y reaparecen como rastros», señala la curadora.
La muestra también se detiene en la manera en que esas elecciones pueden modificar la lectura de una obra cuando entra en contacto con otras. «Una colección-obra no avanza de manera lineal: cambia por contacto. Cada borde que toca la modifica. Conviven la geometría, la palabra, el paisaje, la política y el humor. La muestra aparece entonces como una forma de masticar una trayectoria de imágenes e historias», sostiene Scotta.
En esa misma dirección, Florencia Gauna, directora de 220 Cultura Contemporánea, destaca el valor de reunir las obras propias y las colecciones: «Trabajar con su obra y sus colecciones permite leer estas trayectorias no como recorridos individuales y cerrados, sino como tramas: afinidades, encuentros y persistencias que se acumulan con el tiempo y que han marcado el camino de muchas generaciones posteriores».
La exposición inaugura este jueves, a las 19, en 220 Cultura Contemporánea, en Plaza de la Música. Podrá visitarse de martes a viernes, de 17 a 20, con entrada libre y gratuita.













