La escena artística argentina despidió a Emilio Basaldúa, arquitecto, escenógrafo, vestuarista y exdirector general y artístico del Teatro Colón, quien murió a los 83 años. La noticia fue confirmada por la propia institución, que expresó su pesar por el fallecimiento de quien estuvo al frente del máximo coliseo del país entre 2001 y 2002 y dejó una extensa producción en el ámbito de la ópera, el teatro, el cine y la televisión.
A través de un mensaje difundido en sus redes sociales, el Teatro Colón recordó al artista como «uno de los grandes referentes del diseño escénico argentino» y destacó la huella que dejó en sus escenarios. «Lamentamos profundamente el fallecimiento de Emilio Basaldúa, arquitecto, escenógrafo y vestuarista, uno de los grandes referentes del diseño escénico argentino. Fue Director General y Artístico del Teatro Colón entre 2001 y 2002, y a lo largo de su carrera dejó una huella profunda en nuestro escenario, diseñando escenografía y vestuario para producciones comoLa Bohème, Macbeth, El Cónsul, La Cenerentolay L’Elisir d’Amore, entre muchas otras», señaló la institución.
El comunicado también puso en valor el alcance de su carrera fuera del ámbito lírico. «Su talento también atravesó el cine, con participaciones en films como Tango, nominada al Oscar como mejor película extranjera. Despedimos a un artista que supo construir mundos enteros con su mirada, y le agradecemos todo lo que le dio a este teatro. Nuestras condolencias a su familia, colegas y a todos quienes compartieron su trabajo.«
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Graduado como arquitecto en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Basaldúa construyó una carrera que lo convirtió en una de las figuras más importantes del diseño escenográfico argentino. A lo largo de varias décadas trabajó en producciones teatrales, cinematográficas y operísticas, además de desempeñarse como diseñador de vestuario para distintos proyectos.
Una trayectoria ligada al Teatro Colón
La relación de Basaldúa con el Teatro Colón comenzó mucho antes de asumir su dirección. Desde niño frecuentó el edificio acompañando a su padre, Héctor Basaldúa, reconocido pintor y responsable del área de escenografía de la institución durante más de tres décadas. Ese vínculo temprano con los talleres y ensayos terminó definiendo una vocación que atravesó toda su vida profesional.
Cuando asumió la conducción del Colón, en plena crisis de comienzos de los años 2000, reconoció que la dimensión administrativa del cargo lo sorprendía. «No soy un político», decía entonces. «Es mi primer cargo público y espero que sea el último. Pero me gustaría darle una mano al Colón», afirmaba.
También admitía que la gestión cotidiana lo obligaba a dedicar menos tiempo del deseado a la programación artística. «No sé bien qué estoy haciendo en este puesto, hay tantos problemas que no son de índole artística que me pregunto si soy la persona adecuada para resolverlos», expresaba.
Respecto de la programación, sostenía: “No me interesa transformarme en un terrorista de la ópera: querría intensificar la presencia de lo contemporáneo, pero me importa el equilibrio”. Y agregaba: “Sé que para el público de Buenos Aires y, en particular, para los abonados al teatro, los nombres son importantes y, en la medida de lo posible, trataremos que todos los títulos tengan un atractivo en ese sentido.”
Su mirada también alcanzaba aspectos vinculados al protocolo de las funciones de gala. «Si el teatro fuese mío dejaría que, en las funciones de gala, el público se vistiera a su antojo. En Europa o los Estados Unidos, una señora de traje largo se sienta junto a un zaparrastroso y ni se miran. No sé si quiero solucionarle el problema a alguien, ni soy quién para decidir que nadie venga de esmoquin. Que cada cuál venga como quiera. Yo no me voy a poner esmoquin este año, pero mi gestión consiste en preservar la calidad de las óperas, ballets y conciertos con los artistas de aquí y algunos pocos de afuera.»
Una obra que atravesó teatro, cine y ópera
Además de su paso por el Colón, Basaldúa desarrolló una destacada labor en el teatro argentino. Entre sus trabajos figuran las escenografías de La vuelta al hogar, de Harold Pinter, con dirección de Alejandro Maci; Variaciones enigmáticas, de Eric-Emmanuel Schmitt; e Incendios, de Wajdi Mouawad, dirigida por Sergio Renán, entre muchas otras producciones.
En el cine participó como escenógrafo y director de arte en películas como Los viernes de la eternidad (1981), No habrá más penas ni olvido (1982), Una sombra ya pronto serás, El Sur, Cuerpos perdidos, El impostor, El mural y Tango, de Carlos Saura. Esta última fue presentada en el Festival de Cannes y obtuvo una nominación al Premio Oscar como Mejor Película Extranjera.
Su producción en la ópera también fue extensa. Diseñó escenografías y vestuario para títulos como La Bohème, Norma, La fille du régiment, Falstaff, Andrea Chénier y La vida breve, además de participar en montajes de La ciudad ausente, Macbeth, El cónsul, La Cenerentola y L’elisir d’amore, junto a directores de escena como Emilio Sagi, David Amitin, Jérôme Savary, Gian Carlo Menotti y Sergio Renán.
Asimismo, en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) presentó obras como Il combattimento di Tancredi e Clorinda, Pierrot Lunaire, El milagro secreto, Noche transfigurada, Trazas sobre trazas y La Rosa, ampliando su trabajo hacia propuestas de carácter experimental.
A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Cóndor de Plata a la Mejor Escenografía en 1994, el premio a la Mejor Dirección de Arte en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en 1996, el Diploma al Mérito Konex en Escenografía (2001) y el Premio Estrella de Mar por su trabajo en Ella en mi cabeza. También integró el jurado de la Fundación Konex en la categoría Música Clásica y obtuvo nominaciones a los Premios ACE por su labor escenográfica.









