Robert “Fats” Fernández, trompetista y referente indiscutido del jazz argentino, murió a los 88 años, dejando una huella profunda en la música popular y el jazz de Argentina. Nacido el 7 de junio de 1937 en La Boca, Fernández desarrolló una carrera de casi cinco décadas caracterizada por la versatilidad, la improvisación y un respeto transversal que cruzó generaciones y estilos.
Fats Fernández tocaba la trompeta desde los seis años y a los 14 ya se ganaba la vida con el instrumento. Sus primeros pasos profesionales lo llevaron a integrarse al legendario grupo The Georgian’s Jazz Band, y más tarde compartió escenarios con figuras internacionales como Roy Eldridge, Lionel Hampton, Chick Corea, Ray Charles, Dizzy Gillespie, Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval y los hermanos Marsalis.
Una de sus anécdotas más recordadas revela su sensibilidad y carisma: “Yo estaba tocando en Jamaica, un boliche muy importante de la década del 60. Un día me llama el Gato Barbieri a su mesa y me propone integrar su quinteto. Yo le digo ‘pero cómo, si tu hermano Rubén toca la trompeta fenómeno’. Y él me dijo que me quería a mí porque yo tenía mucho feeling… Me acuerdo de preguntar a Baby (López Fürst): ‘Che, el ñato este dice que yo tengo mucho feeling, ¿qué es eso?’. Y ahí me enteré de que feeling quiere decir sentimiento.”
Su talento le valió apodos que sintetizan su prestigio: Dizzy Gillespie lo bautizó “Golden Sound”, Freddie Hubbard lo llamó “Mr. Chops” y Astor Piazzolla lo definió como “el Troilo de la trompeta”, destacando su fraseo, lirismo y la influencia de su identidad porteña.
Lejos de encasillarse, Fernández defendía la fusión entre jazz y música popular argentina. “Yo soy un músico de esta ciudad, toco tango desde chico y el tango forma parte de mi vida. No veo por qué no pueda incorporarse al jazz el repertorio de la música popular argentina”, afirmaba. Para él, el jazz no era elitista, sino una herramienta de libertad expresiva, capaz de dialogar con múltiples tradiciones musicales.
“No soy el músico perfecto, yo soplo con el corazón”, decía sobre su manera de tocar, reflejando su filosofía de música sentida más que técnica. Explicaba que su aprendizaje fue práctico y vivencial: “¡Tocando! En aquella época no existía eso de ensayar tres o cuatro horas. Te daban tu parte y a tocar. Mi primera grabación fue en discos de pasta de 78 rpm… si te equivocabas arruinabas todo”.
Grabó discos desde 1987, empezando con “Un trompetista de Buenos Aires” en Nueva York, y entre sus trabajos más destacados se encuentran “New York Sessions & Trabajos Porteños” (1989) con Paquito D’Rivera, “Cuore” (1991) con Litto Nebbia, “La Música y la Vida” (1992) con Wynton Marsalis, “100 años de Gershwin” (1998) y “Baladas” (2009). Fue primera trompeta de Lalo Schifrin y dictó clínicas y talleres para jóvenes músicos.
Recibió numerosos premios, entre ellos el Premio Konex de Platino 1995, Diploma al Mérito, Premio Estrella de Mar y Premio ACE al Mejor Disco (1992). En 1995 ganó además dos Estrella de Mar al Mejor Espectáculo Musical y al Mejor Grupo de Música Popular, y fue becado por la Cancillería en 1991 por su contribución a la música argentina.

A pesar del reconocimiento, Fernández mantenía un contacto cercano con el público y los músicos jóvenes. Destacaba el valor de la creatividad: “La creatividad nunca fue privilegio de una época. Siempre que haya gente honrada tocando, habrá buena música”. Su repertorio incluía tangos, clásicos de jazz, compositores argentinos y piezas originales, y su búsqueda constante era encontrar su propio sonido y expresión, siempre conectado con su barrio y su identidad porteña.
La muerte de Robert “Fats” Fernández deja un vacío profundo en el jazz argentino, pero su trayectoria internacional, sus discos, premios, enseñanzas y filosofía musical permanecen como un legado que seguirá inspirando a músicos y oyentes por generaciones.









