Alejandro Nores Martínez era hijo de Antonio Nores, el dueño del diario católico Los Principios, el rector de la Universidad derrocado en 1918 en días de Reforma que fue revolución. Alejandro, que nació dos años después de aquella gesta, era uno de los 12 hermanos Nores Martinez: el amor, ¿solo para procrear?
El mayor de los hermanos de Alejandro, Rogelio, nombre de calle, fue gobernador de Córdoba y rector de la Universidad, siempre en dictaduras. Dos de los hermanos inventaron los dogos y uno fue peronista rebelado en La Pampa. Y Alejandro, que se quedó en Córdoba, fue la mosca molesta de una clase social que a las moscas las escondía en la habitación de servicio.
Alejandro fue poeta, un buen poeta, que editó dos libros y escribió el Soneto a la Bandera que durante años se recitó en las escuelas argentinas:
Tremolando en el cielo la bandera
no parece bandera sino cielo;
o la bandera se pintó de cielo,
o el cielo se ha pintado de bandera.
Pero el detalle que lo destacó, por fuera de su prosa solemne, son los llamados Ovillejos que, anónimamente, el propio autor repartía en las calles de la ciudad. Mecanografiados y sueltos al aire, Nores Martínez satirizaba sobre los propios, a quienes dejaba en ridículo para ridiculizar la Córdoba de sotana en la que había crecido y en la que seguía viviendo buena parte de su docena de hermanos y hermanas.
A los que eran como Alejandro no los expulsaban como el hijo que ha decepcionado, sino que intentaban neutralizarlos para que hicieran menos daño. Pero con Alejandro fue imposible. Adscribió al peronismo, alabó a Eva -un escrito suyo fue seleccionado en un concurso que organizó la Municipalidad de Córdoba en 1951- y le puso nombre y apellido a los que no soportaba. Por ejemplo, a Pedro Baquero Lazcano, sobre quien escribió:
Yo soy BL / el ministro de gobierno / con queso, vino y pan tierno / como, vivo y estoy sano.
Tengo pinta de italiano / pero soy de esta nación / y pese a mi posición / y a un apellido vacuno / soy un pedazo toruno / y otro pedazo cabrón.
Un chambergo alado y negro / sujeta mi cabellera / bajo su sombra agorera / me miro sucio y me alegro / don José Franco mi suegro / gallego mordaz y agudo / al ver mi sombrero aludo / dice que nunca ha tenido / pariente más aburrido / ni yerno más pelotudo.
A otros, en cambio, los mantenía en el anonimato, pero toda Córdoba sabía de quién hablaba:
Juez democrático y crudo / que te han designado ayer / te saludo sin querer / y me esquivas el saludo / nada te pido ¡boludo! / ni el lastre de ser tu amigo / qué puedo pedirte / piojillo resucitado / si no es que te hagas a un lado / cuando te cruces conmigo.
Además de su crítica a la Córdoba Docta, Nores Martínez se permitía el humor con dos hitos que conviven en el centro de Córdoba: la estatua de Vélez Sarsfield y la del Indio Bamba con sus brazos al cielo:
En el Boulevard San Juan
Dalmacio, bien arropado
y un indio desabrigado
en dos estatuas están.
Hacia el hermoso gabán
tiende los brazos con brío
el indio, y, Dalmacio mío
le suplica de este modo,
préstame tu sobretodo
porque me cago de frío.
Teniendo todo a disposición -era juez, había dinero, apellido y cuanto más hiciera falta-, este Nores Martínez no pedía joyas católicas ni hectáreas por miles. Se conformaba con mucho menos y así lo decía en su ovillejo llamado Ambición petitera, con el que es imposible no sentirse identificado:
Yo no quiero nada.
Solo una botella de whisky importado.
Cigarrillos turcos, la luna llena, una estrella.
Un rincón amable y una rubia bella
que mienta a mi lado.
Esperar que el mozo se haya retirado
y alzarme con ella
con los cigarrillos y con la botella
sin haber pagado.










Sr. Taborda Varela lo felicito por sus crónicas, se nota que es una persona muy instruida y estudiosa. Voy a reiterar un comentario que ya hice y no me voy a cansar de repetir, me encantaba escucharlo en radio Universidad, deje de hacerlo por que no soportaba al gorilón de Barraca.
sus ovillejos contaban/cantaban en verso, como dice el autor de la nota, sobre la cruda verdad de una sociedad imaginariamente aristocrática, pretensiosa, mentirosamente beata y quienes les imitaban.Crítico costumbrista de vuelo.
Muy bueno que estas historias
Se sepan y no se pierdan.
Aunque sin dudar lo digo
Sean como la de Moria:
No sirven para una mierda.
Perdón, Juan Cruz, pero solo ésto me salió por respeto a la rima.
Una lástima el resentimiento social que manifiesta Taborda Varela en sus notas, porque terminan desluciendo el contenido y, en oportunidades, falta a la verdad. Como contribución a la presente, entiendo que Alejandro Nores no fue juez sino empleado calificado en el Poder Judicial, y que sus Superiores le habrían exigido que dejara de escribir ovillejos, lo que habría acatado…¡con un ovillejo! Quizás uno de los ovillejos más irritantes habría sido el dedicado a WC, iniciales del Defensor de Menores que lo habría obligado a casarse, las mismas iniciales que se usaban ya entonces para designar al popular inodoro.
Un genio…por acaso había unas coplas satíricas, pero no tan punzantes…un estilete a veces este Nores Martinez….para mi desconocido. Gracias por acercarme a la Docta….a través de un wasap del Aldo Parfeniuk….salute compai
GENIO ESTE NORES DESCONOCIDO….VERDADERO GENIO POPULAR….ME PARECE ESTAR VIENDOLO Y ESCUCHANDOLO SENTADO CERCA DE SALZANO….gracias por esta historia que pareciera discepoliana….
Que lindo el comentario sobretodo porquem fue olvidado por mucho tiempo y muchos no lo conocìamos. Gracias-
Muy buenas estas historias de un pasado que dejó sus huellas