jueves 10 de septiembre
  • Iniciar Sesión
  • Regístrate Gratis
SECCIONES
Hoy Día Córdoba
🗞️ Edición papel gratis
  • Inicio
  • Hoy Córdoba
  • Hoy País
  • Hoy Mundo
  • Análisis
  • Política
  • Economía y Negocios
  • Deportes
 
Sin resultados
Ver todos los resultados
 
  • Inicio
  • Hoy Córdoba
  • Hoy País
  • Hoy Mundo
  • Análisis
  • Política
  • Economía y Negocios
  • Deportes
 
Sin resultados
Ver todos los resultados
 
Hoy Día Córdoba
  • Inicio
  • Hoy Córdoba
  • Hoy País
  • Hoy Mundo
  • Análisis
  • Política
  • Economía y Negocios
  • Deportes
Inicio Cultura
Magazine de verano

Silveria

Por Delia Martínez

Redacción HDCPorRedacción HDC
4 de enero de 2024
0 0
0
Silveria

1

Arruiné por completo el funeral. A mis diecisiete años, tuve actuar antes que destrozaran la memoria de la muerta. Mi abuela. Una mujerona de 90 que fue criada entre machetazos del chaco misionero. La misma que a pesar de su dureza se resignó a no emitir ni una palabra más, un año antes de ser la finadita. La mayoría de los familiares quedaron atónitos cuando reventé un florero contra el cajón. El ataúd se desprendió hacia el suelo y dejó caer un brazo sobre el dibujo que el agua trazó en la alfombra. Las telas blancas, escondidas bajo el tocado de la muerta, absorbieron el desastre y de inmediato se pusieron amarillentas. La muerta cayó con sus ojos cerrados, la cabeza gacha y el brazo fuera del cajón. Simulaba señalarles la salida a los invitados. A mí me levantaron por el aire. Nunca supe quién. Y cuándo me llevaban colgado de un hombro, de un zarpazo le desacomodé la sotana al cura que estaba por iniciar la ceremonia. Vi cómo se desmoronaban los rostros. Los niños que no conocía se escondieron entre las sillas. El féretro fue sacudido por mis primos que lo acomodaron mientras intentaban disimular la escena. Doña Concha, la menor de los Rodríguez que vivieron en el barrio, tenía una mano en el pecho y otra en la boca. Por los nervios, se magullaba la punta de los dedos con el filo de la dentadura. El Padre Ernesto se persignó maldiciendo mi nombre y encomendando mi destino al fuego del infierno. Las bebidas derramadas, el florero roto y tanto griterío, desaparecieron al ver el gesto de la muerta. Parecía agradecer que la cruz de plata del cajón ya no estuviera en la sala.

2

Poco antes de un año del funeral, mi abuela pensó que era su hijo. Aún hablaba. Poco, pero lo intentaba. Sin embargo, la demencia la alcanzó, aunque no la reconocía. Confundía a las personas de la diaria. La familia agradecía que estuviera con nosotros, pero en su cabeza, ella vivía en la Misiones de hace setenta años. Ese verano viajé a visitarla y dormí a su lado. Mirábamos la televisión sin hablarnos hasta que me llamó por el nombre de mi padre. Traté de ignorarla para no contradecirla, pero fue tan insistente que accedí a mentir. Me pidió que la escuchara. Era importante lo que quería decirme y no debía contárselo a nadie, bajo ningún motivo. Salvo que llegara el día de su muerte y cualquier noticia sería irremediable. A comienzos de siglo, Misiones atravesó uno de sus peores veranos. La sequía arrasó con los cultivos y la tabacalera no dio tregua. Se taló a mansalva y se fundó el primer banco. Murieron los principales arroyos que regaban los cultivos y se inauguraron las casas de seguro que resguardaron las pérdidas. La despensa comenzó a dar fiado, nacieron las deudas y el banco creció. Mucha gente llegó a Cerro Corá y enseguida se hizo un pueblo. Al poco tiempo, se instaló la comisaría que trajo a un cura para dictar la primera misa, frente a las celdas. El guaraní se volvió una lengua prohibida. La catequesis, junto a la escuela, se convirtió una materia obligatoria para el respeto de las familias. Del mismo modo, se estableció que los niños no debían jugar a la vera del río que atravesaba a la tabacalera. Esos gurises que surgieron de generaciones mezcladas en el monte comenzaron a trabajar el tabaco en los cultivos industriales. Los viejos se cansaron más rápido, el ruido creció y la noche comenzó a ser corta. Silveria trabajaba el tabaco durante la mañana e iba a catequesis por la tarde. Apenas cursó el primario a los tumbos y la mandaron a cumplir los sacramentos, en el salón parroquial. Allí conoció qué era el pecado y las camisas de mangas largas en un verano de cuarenta grados. A la noche, ponía el rosario sobre su pecho y se arrodillaba en la tierra. Así transitó las primeras semanas de liturgia hasta que conoció, durante la cosecha, al Polaquito. Al Polaquito lo apodaban así los patrones de la tabacalera. Era una ironía que tuvieron cuando lo recogieron al costado del rancho y vieron que su gente tenía la tez tan negra como la ribera del Paraná. El niño les hablaba en su lengua y los patrones le respondían con señas. Se burlaban en un lunfardo citadino y lo empujaban de aquí para allá. Cuando Silveria y el Polaquito se conocieron, quedaron sorprendidos. El niño tenía su torso desnudo y la remera atada al ras del pantalón. Sus pequeños músculos estaban delineados por la flacura, como empujados por los huesos que insinuaban asomarse. Las manos curtidas, cortadas y suturadas por el sol, sus pies descalzos y cubiertos de barro. Silveria transpiraba las mangas largas que le habían obligado a usar en la catequesis. Apenas cubría sus pantorrillas bajo un pantalón grueso que le irritaba los muslos. Tenía prohibido estar cerca de los varones del pueblo, pero no le habían aclarado, si podía o no, acercarse a los de la comunidad. Por un momento, la distancia se disipó y Silveria conversó en la lengua del Polaquito. Se rieron, tocaron sus manos y ella olvidó el calor que tenía. Por un instante, la culpa no existió y la cosecha fue una excusa para recordar lo que existía.

3

La catequesis quedó en segundo plano. Silveria comenzó a escaparse del salón parroquial para encontrarse con el Polaquito a la salida de la cosecha. Se agarraban de las manos mientras corrían a nadar en el río. El niño la llevaba a una de las riberas ocultas, escondida en un camino distante. Ahí permanecían solos durante la tarde. Ella se quitaba las mangas y tendía la remera en una piedra para que no se ensuciara. Luego jugaban desnudos en el agua, como sus padres lo habían hecho y como el resto de los niños hacían antes de que el río estuviera prohibido. El Polaquito era el único varón al cual se acercaba, más allá de sus hermanos y primos. En su guaraní natal se entendían fluido, pero en la tabacalera debían evitarlo para no enfurecer a los patrones que lo llamaban la palabra del demonio. El sacerdote del pueblo lo dijo en la misa: “la voz de Dios solo bendice en una misma lengua”. Entonces la comisaría prohibió su uso en los espacios públicos y festividades. Como el río, el guaraní quiso tratar de ocultarse, pero los niños todavía jugaban con él.

4

El padre de Silveria era tosco y violento. Estaba armado y custodiaba al único abogado martillero de Misiones. En ese entonces, los remates se multiplicaban y las pujas entre terratenientes predominaban sobre los lugareños. El tipo recorría los montes junto al abogado, llevaba un machete pendiendo del brazo y un revolver de calibre corto pegado al vértice de la cintura. Como los hombres de su familia, había crecido sin padre. En el pueblo le temían. Se rumoreaba que selva adentro despachó con plomo a una comunidad entera que se refugiaba en los terrenos que una yerbatera compró. Tenía poco trato con sus primeros cinco hijos y la distancia se agravó con los siguientes cuatro. Solía viajar durante largas semanas al interior de Misiones, Corrientes y el Chaco. Solo regresaba a entregar el dinero para afrontar el mes. Sin embargo, su escasa presencia no le quitó protagonismo en las decisiones de la casa. Por recomendación del martillero, dispuso que durante la mañana los niños fueran a la cosecha. Por la tarde, los varones debían terminar el colegio y Silveria ir a catequesis. El orden era inamovible e incuestionable. Cualquier desliz, ocasionaba una golpiza. Se había empecinado en la catequesis de Silveria. El comisario le insistía que el respeto y la talla de su familia se medirían por la educación de la hija. Al regresar de una excursión, la arrastró hacia el salón parroquial sin darle explicaciones y le exigió al cura que la hiciera una mujer decente. Allí fue que aparecieron las mangas largas y la ropa gruesa, la distancia de los hombres, el rosario vespertino y un temor inconmensurable al castigo de un Dios que todo lo ve y también lo puede. En una de las tardes que el calor era agobiante, el padre de Silveria regresó. Había estado durante un mes acompañando al abogado en una campaña de remates hacia el Paraguay. La esperó sentado en la puerta de su casa y sin dirigirle la palabra la agarró del brazo. Levantó sus mangas largas hasta el codo y miró detenidamente la piel. Quería corroborar que no se quitó la camisa en ningún momento del día, como hacían los otros niños del pueblo. Luego la soltó y comenzó a desarmar el revólver sobre la mesada. Comieron en silencio porque cualquier gesto merecía ser penado. Al terminar, se echó hacia atrás y le dijo a la niña que se preparara para ir a catequesis. Silveria pensó que no la acompañaría hasta el salón parroquial. Le había prometido al Polaquito encontrarse frente a la tabacalera para ir juntos al río. La hizo esperar fuera de la oficina del sacerdote mientras conversaban a solas. Aguardó atemorizada por el testimonio que el cura podría dar. Éste no tuvo reparos en confesar y señalar que ella atravesaba una desviación del camino de Dios hace varias semanas. Insistió en que faltó a cada una de las misas y dejó de asistir a la catequesis para escaparse con un niño. De inmediato, su padre la buscó, pero ella ya no estaba.

5

Silveria corrió a la tabacalera, sujetó desesperada al Polaquito y lo arrastró hacia el río donde solían nadar. Lloró como nunca hasta caer al barro rojo que manchó por completa su camisa. Comenzó a quitarse las mangas sin detenerse. El Polaquito se inclinó frente a ella y la abrazó. Sintieron cómo el calor, la humedad de la selva y el llanto, los acercaban. Silveria limpió su mano en el brazo del Polaquito y lo besó despacio. Apenas rozaron sus labios. Nunca antes había besado a nadie y aún menos en medio del pánico, pero un cimbronazo de terror los distrajo. Un ruido comenzó a hacer vibrar el agua y batió la copa de los árboles de una forma desenfrenada. Era algo que nunca antes habían oído. Muertos de miedo, se escondieron en la maleza. Los niños quedaron atónitos al ver sobre sus cabezas una sombra bestial que se asomaba. Era una cruz inmensa de color blanco que sobrevolaba haciendo caer las ramas y espantando a los animales. La niña se levantó desesperada y comenzó a persignarse mientras buscaba los restos de su ropa. El Polaquito observaba espantado la desesperación del momento, pero no dudó en salir tras de ella cuando comenzó a huir hacia el pueblo. Silveria sintió cómo en cada pisada se espinaban sus pies hasta llegar al sendero principal. No notó que el Polaquito la perseguía detrás. Al llegar a su casa, su padre la esperaba con el revólver en la mano. La niña se lanzó hacia sus pies y desconsolada reventó en llanto. Señaló la cruz que todavía permanecía en el cielo y le pidió a su padre que la perdonara por haber besado al niño. Él la empujó hacia un costado y corrió hacia el Polaquito. Lo levantó del cuello y de un disparo atravesó sus huesos. El cuerpo pequeño cayó tendido como las hojas de tabaco que se desprendían del secado. El pueblo entero presenció este asesinato. El arma quedó a su costado, en medio del charco que la sangre formaba con los minutos. Los testigos afirmaron que la niña quedó petrificada frente al niño muerto. Y que el Polaquito, en su leve agonía, repetía mirando al cielo: pe tuicha guyra, la gran ave. O para el acta que labraron el abogado y el comisario, el primer avión en cruzar el pueblo.

Compartir en WhatsAppCompartir en FacebookCompartir en Twitter

Noticias relacionadas

Dos barcos que navegan por la historia de Córdoba
Cultura

Del hierro al arte. Dos barcos que navegan por la historia de Córdoba

10 de septiembre de 2026
El Laboratorio de Actuación frente a Cámara abre su sexta edición este fin de semana
Cultura

Casona Municipal. El Laboratorio de Actuación frente a Cámara abre su sexta edición este fin de semana

10 de septiembre de 2026
Mondongo instala su Argentina de plastilina en el Palacio Ferreyra
Cultura

Arte contemporáneo. Mondongo instala su Argentina de plastilina en el Palacio Ferreyra

9 de septiembre de 2026
Héctor Romanzini vuelve a la Segunda con sus obras
Cultura

A modo de city tour. Héctor Romanzini vuelve a la Segunda con sus obras

9 de septiembre de 2026
Ganá entradas con Hoy Día Córdoba Ganá entradas con Hoy Día Córdoba Ganá entradas con Hoy Día Córdoba

Noticias más leídas

La Mesa Política se volvió a reunir en la Casa Rosada

Sondeo. Nueva encuesta de imagen: un exministro quedó en el primer puesto y Milei lejos del podio

PorRedacción HDC
10 de septiembre de 2026
0

La Municipalidad presentó el informe de suicidios y preocupa el aumento de casos

Subieron un 54%. La Municipalidad presentó el informe de suicidios y preocupa el aumento de casos

PorMelani Cordi
9 de septiembre de 2026
0

«DASPU atraviesa una situación crítica derivada de la caída de los salarios»

Educación pública. «DASPU atraviesa una situación crítica derivada de la caída de los salarios»

PorMartín Iparraguirre
10 de septiembre de 2026
1

Detrás de muchas conductas suicidas no está el deseo de morir, sino ganas de dejar de sufrir

Prevenir el suicidio. Detrás de muchas conductas suicidas no está el deseo de morir, sino ganas de dejar de sufrir

PorJorge Vasalo - Especial
9 de septiembre de 2026
0

Belgrano Recreativo, el fenómeno donde la pasión no entiende de camisetas ni de edades

12 años. Belgrano Recreativo, el fenómeno donde la pasión no entiende de camisetas ni de edades

PorGustavo Aro - Especial
10 de septiembre de 2026
0

Últimas destacadas

Sucesos

El fiscal mandó a juicio a Claudio Barrelier y a los otros cinco imputados

3 minutos atrás
Estilo y Bienestar

Primavera: abrir la casa a los exteriores

18 minutos atrás
Sucesos

Amplían la imputación contra José Villarreal por producción de pornografía infantil

35 minutos atrás
Hoy Córdoba

Educación en el campo cordobés: cómo es enseñar en las escuelas rurales

47 minutos atrás
+ Seguí a Hoy Día Córdoba en Google News Google News
Hoy Día Córdoba

Medio de comunicación de la ciudad de Córdoba, Argentina. Periodismo con agenda propia.

Secciones

  • Agrietados
  • Ambiente
  • Análisis
  • Análisis internacional
  • Automovilismo
  • Autos
  • Azar
  • Basquet
  • Boxeo
  • Ciencia
  • Club de la Porota
  • Columnistas
  • Córdoba
  • Cuaderno de bitácora
  • Cuentos de Verano
  • Cultura
  • Cultura y tecnología
  • Deportes
  • Economía y Negocios
  • El centinela ciego
  • El Imperdible
  • El ojo de Horus
  • El Transeúnte Insomne
  • En las redes
  • Espectáculos
  • Estilo y Bienestar
  • Finanzas
  • Fútbol
  • Gastronomía
  • Gente
  • Golf
  • Hablemos un poco
  • Hacia la tierra sin mal
  • Hockey
  • Hoy Comunidad
  • Hoy Córdoba
  • Hoy Día Clip
  • Hoy Mundo
  • Hoy País
  • Humor
  • Información
  • Información General
  • Mascotas
  • Nacional
  • Negocios y empresas
  • Política
  • Política Cordobesa
  • Rugby
  • Salud
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Tapa del día
  • Tecnología
  • Tenis
  • Turismo
  • Un pedante en delantal
  • Voley

Institucional

  • Inicio
  • Staff
  • Edición Impresa
  • Registro Gratuito al News
  • Suscripción al Diario Papel
  • Juegos
  • Sorteos
  • Política de privacidad
  • Contacto
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 1997-2026 - Hoy Día Córdoba - Todos los derechos reservados. Desarrolla: Daskalos.

¡Bienvenido de nuevo!

Iniciar sesión con Google
ó

Inicie sesión en su cuenta a continuación

¿Contraseña olvidada? Registrarse

Crear cuenta

Registrarse con Google
ó

Complete los siguientes campos para registrarse

Campos obligatorios. Iniciar sesión

Recupera tu contraseña

Ingrese su nombre de usuario o dirección de correo electrónico para restablecer su contraseña.

Iniciar sesión
¡Leé nuestra última edición impresa!
Tu Email*
¡Recibí la edición papel en tu casa!
Tu Email*
Sin resultados
Ver todos los resultados
Registrate al news
  • Hoy Córdoba
  • Ambiente
  • Análisis
  • Autos
  • Azar
  • Ciencia
  • Columnistas
  • Cultura
  • Deportes
  • Economía y Negocios
  • Espectáculos
  • Estilo y Bienestar
  • Gastronomía
  • Gente
  • Hoy Comunidad
  • Hoy Día Clip
  • Hoy Mundo
  • Hoy País
  • Humor
  • Mascotas
  • Política
  • Salud
  • Sociedad
  • Sucesos
  • Tecnología
  • Turismo
  • Edición Impresa
  • Hoy Día Podcasts
  • Hoy Día Juegos
  • Iniciar Sesión
  • Registrarse

© 1997-2026 - Hoy Día Córdoba - Todos los derechos reservados. Desarrolla: Daskalos.