La década del ‘60 fue el parteaguas del Siglo XX, un antes y un después. Entre los tantos cambios a nivel mundial, uno de los más destacados fue la progresiva independencia que iban logrando buena parte de los países africanos que seguían bajo el yugo colonial. Y con ella, ¿la conquista del espacio?
Una de las naciones que logró su independencia fue Zambia, que a poco de liberarse de Inglaterra abandonó su viejo nombre impuesto: Rhodesia del Norte. Zambia cambió su nombre y junto a eso creó, en noviembre de 1964, el Ministerio de Asuntos Estelares. ¿Asuntos Estelares? En un país recién independizado y con niveles de pobreza por las nubes, un ministerio encargado de cuestiones del cosmos y su conquista.
La pregunta que se hacía el mundo: ¿Para qué, por qué?
Eduardo Mukuka Nkoloso era el Ministro de Asuntos Estelares y a su vez, Director del Programa Espacial. Mukuka le ponía el cuerpo a algo que, para el mundo, era un delirio, un dislate, una locura. Y más lo fue cuando Mukuka les envió una carta tanto a la NASA como a la Unión Soviética en plena batalla por el espacio. ¿Para qué les envía una carta Mukuka?

La carta tenía un fin muy claro. Mukuka Coloso les decía en esa carta a los rusos y a los yanquis que estaban en plena carrera espacial dilapidando los dineros de la humanidad, que los hombres de etnia negra estaban más capacitados que ustedes, tan blancos y de ojos claros, para ir a otros planetas, para ir a la Luna o para ir a Marte. Entonces, les decía Mukuka, que si le daban un poco de combustible para el programa que él estaba llevando adelante en Zambia, él les daría parte de sus conocimientos para que no se desangraran en esa carrera espacial. O a lo sumo, si les parecía, que sumaran a un astronauta africano a las tripulaciones de sus países porque, como ya lo había dicho antes, los negros tenían muchas más habilidades para caminar por el suelo lunar o marciano.
Pasaron los días y ni los rusos ni los yanquis le respondieron al pobre Mukuka. Jamás una respuesta a la carta en donde él generosamente cedía sus conocimientos, pedía algo de combustible para su programa espacial e incluso también cedía los astronautas de Zambia.
Como Mukuka no tuvo respuesta, acudió directamente a las Naciones Unidas y a la UNESCO.
Pero nadie lo tenía presente. O casi nadie, porque quien sí se acercó con sus cámaras de TV al cuartel general de Mukuka Coloso en Zambia fue la Associated Press, la agencia de prensa internacional de origen estadounidense. La AP llevó sus cámaras para ver cómo entrenaban los 12 astronautas de Zambia. Y allí Mukuka les dio una clase magistral de cómo preparar a sus hombres para manejarse en el espacio sideral. Los 12 astronautas se balanceaban en una soga para evitar los mareos, miraban la luna y Marte en un telescopio durante horas para familiarizarse con el terreno y se tiraban barranca abajo adentro de un tacho de 200 litros para soportar condiciones extremas. Incluso Mukuka les presentó a Mata, de apenas 16 años, como la primera astronauta zambiana que, acompañada por su gato, ya estaba lista para explorar el espacio.
Mukuka fue muy claro para explicar en términos teóricos por qué Zambia podía llegar al espacio antes que la Unión Soviética y que Estados Unidos:
_ Mire el árbol ahí – le dijo el periodista-.
El periodista se quedó pensando, mirando el árbol.
Y Mukuka replicó:
_ Así como puedo ver el árbol, puedo ir al árbol. Igual con Marte.
Por supuesto, la nota de la Associated Press sirvió para que el mundo entero se burlara de Zambia y para que muchos pusieran en duda el valor de la descolonización en toda África. ¿Ven para qué los querían independientes a los pobres negros? ¡Miren las cosas que hacen!
El programa especial de Mukuka duró hasta 1969. Después se discontinuó y se perdió en la noche de los tiempos. Hasta que la escritora zambiana Namwali Serpell, 50 años después de Mukuka, se preguntó qué había sido todo aquello. Y entonces se conoció la verdadera historia, contada en el libro The Old Drift. Nanguali contó la historia de militancia y trabajo social de Mukuka, sus tiempos en la cárcel, las torturas recibidas y su última gran obra: el Ministerio de Asuntos Estelares.
¿Había quedado un poco loco Mukuka después de tanta lucha por la independencia? En absoluto: era el loco más cuerdo de todos. Porque el campamento que la TV mostró al mundo para reírse de Zambia no era ninguna unidad espacial, sino el modo de ocultar los campos de entrenamiento para militantes de los movimientos de liberación de los países vecinos de Zambia que aún estaban bajo el régimen colonial: Angola, Mozambique y Rhodesia del Sur.
Todo fue un gran camuflaje, una gran puesta en escena para que el mundo pensara que en Zambia estaban todos locos, con Mukuka a la cabeza, sin saber que en realidad lo que se planificaban no eran viajes estelares, sino bien terrestres: entrenamiento militar para las guerrillas africanas que continuarían liberando al continente del lastre de los colonizadores.









