La paciencia se agotó por completo en Núñez. River es hoy un agujero negro que absorbe cualquier atisbo de ilusión y arrastra todo a su paso. La desoladora caída por 1 a 0 frente a Rosario Central, correspondiente a la tercera fecha del Torneo Clausura, no solo expuso las falencias de un equipo sin rumbo, sino que desató un verdadero vendaval de bronca en las tribunas del Monumental. Allí, el repudio masivo englobó a los jugadores, a la dirigencia y decantó en un clamor unánime por la vuelta de Ramón Díaz.
El clima ya estaba enrarecido en la previa. Las desprolijidades institucionales, marcadas por una insólita pretemporada en Alicante y la marginación de quince jugadores que hoy entrenan en el predio de Cantilo, crearon un caldo de cultivo insostenible. En la cancha, ese descalabro se tradujo en un equipo apático, consumido por la ansiedad y la ceguera ofensiva. Ya son tres encuentros sin convertir goles en el inicio del certamen —algo que no sucedía desde 1994— y cinco derrotas al hilo a nivel local, una racha fatídica que no se registraba en el Millonario desde 1911.
Durante la primera mitad, el local insinuó cierta rebeldía con las apariciones del juvenil Freitas, pero quedó preso de su propia impotencia y de la falta de fluidez para quebrar a un rival inteligente. Con la conducción de Ángel Di María y la velocidad de Jáminton Campaz, el Canalla desnudó cada desacople defensivo. Precisamente de esa fórmula nació la única emoción de la noche: a los 26 minutos, un desborde rasante del atacante colombiano terminó con un cierre desesperado de Nicolás Otamendi, quien empujó la pelota contra su propia red.
El complemento fue un manojo de nervios. Pese a contar con un hombre de más en los últimos quince minutos por la expulsión de Emanuel Coronel, River nunca encontró los caminos. Jeremías Ledesma y el defensor Ignacio Ovando se encargaron de desactivar los escasos remates francos que logró hilvanar el elenco de Coudet, mientras que Santiago Beltrán evitó una goleada mayor al taparle dos mano a mano a Campaz.
El desenlace del encuentro decretó mucho más que un resultado adverso. Dejó al “Chacho” en la cuerda floja, a un grupo carente de respuestas y a un estadio envuelto en cánticos hirientes que exigen un cambio de rumbo urgente.









