En conversación con Hoy Día Córdoba, Mariano Di Césare describe en detalle el presente de Mi Amigo Invencible antes de su esperado show este sábado, a las 21:15, en Club Paraguay. El itinerario es vertiginoso: Córdoba, Santiago de Chile y un salto hacia México que los llevará por Tulum y Guadalajara para culminar finalmente en Sevilla, España. Actualmente, el grupo se encuentra despidiendo la etapa de Arco y Flecha, un disco de impronta sintética y pop que destaca por sus colaboraciones con artistas como Zoe Gotusso, Juliana Gattas y Juan Saieg.
«Y que me quede esta noche en casa» (Noches de ciencia ficción, 2015)
El jueves pasado, Mi Amigo Invencible volvió sobre su propio cancionero con un gesto que esquiva la nostalgia fácil. Lo que Mariano Di Césare define como especies de “regalos al mundo” son, en realidad, dos relecturas que terminan de cerrar el ciclo de aniversario de La Danza de los Principiantes: “Máquina del tiempo” junto a Bandalos Chinos y “Noches de ciencia ficción” con los mexicanos Dromedarios Mágicos. Las nuevas versiones retoman dos canciones clave. No es novedad que, aunque el proyecto nació en Mendoza en 2007 y se trasladó a Buenos Aires en 2008, fue en 2015, con La Danza de los Principiantes, cuando la banda dio el salto y amplificó su alcance dentro de la escena.
Entre vuelos y descansos breves, la banda se prepara para dos pasos importantes que involucran, por un lado, abrir un estadio en Perú para Mac DeMarco y, por el otro, compartir noches místicas en Tulum junto a Los Espíritus, encuentros que Di Césare define como una verdadera «locura».
Génesis de lo que viene
El vínculo con Córdoba trasciende el escenario y toma otras formas, otros lugares: en las sierras, junto al tecladista Pablo Di Nardo, Di Césare encontró un refugio donde empezaron a gestarse las canciones que vienen. Lejos del ruido de la ciudad, se instalaron en una cabaña de Anisacate, donde el tiempo se diluyó entre instrumentos y la vida cotidiana. “Fuimos a Anisacate y compusimos la mayoría de las canciones de este disco nuevo que se viene”, revela. En ese retiro, la dinámica fue directa: cocinar, compartir mates y mantener la guitarra y el teclado encendidos casi sin pausa. En sus palabras:
“… Vomitamos un montón de canciones. Y nos condicionó fuerte de estar aislados, estar desconectados. Ese es el verdadero espacio para el arte, la desconexión para poder conectarse, para abrir esos canales y que baje la canción, porque si no se termina siendo una parte más de un día rutinario. Entonces, para poder lograr esa canción y que aparezca, yo últimamente necesito irme y aislarme de la rutina, aislarme de la ciudad y todo. Con El Príncipe Idiota, que es mi proyecto, me fui a grabar 10 días a una isla acá, la isla del Tigre.»
Parte de este material nacido del aire cordobés conformará su décimo disco. Se trata de un proyecto ambicioso que la banda planea lanzar en 2027, coincidiendo con los 20 años de una historia que empezó en las montañas mendocinas. Di Césare proyecta este nuevo trabajo como una síntesis evolutiva, una mezcla entre el reencuentro con la esencia de La Danza de los Principiantes y la madurez estructural ganada con Arco y Flecha. Mientras ese futuro se cocina a fuego lento, el show del sábado en Club Paraguay —un espacio que la banda asegura querer mucho— se presenta como una “especie de despedida” de su etapa actual y un rito de “fragilidad expuesta” que solo el vivo puede ofrecer.
La puesta para este regreso a la capital incluye visuales nuevas y una lista de temas trabajada intensamente para capturar lo orgánico del show. Mariano entiende sus presentaciones como una narrativa emocional que viaja desde la introspección hacia la luz: “no podemos escaparle a una forma narrativa del show, que es empezar desde nuestras canciones más oscuras y terminar en las más luminosas… termina todo en celebración”. La velada se completará con la presencia de Mora y los Metegoles —una de las agrupaciones favoritas de Di Césare— y la propuesta disidente de Juan Cruz Caos, configurando una noche donde el público, según augura el músico, saldrá renovado por ese “amor que es cada vez más fuerte” en cada reencuentro con Córdoba.
Es en ese recorrido que la ciudad ocupa un lugar central en la historia de la banda ¿Recordás cuál fue el primer show en la ciudad? Belle Epoque fue una de las primeras postales, responde Di Césare, al repasar una trayectoria hecha de noches largas y escenarios diversos. Sus recuerdos aparecen como una “nebulosa” de tres presentaciones en ese espacio, tocando de madrugada, sin poder precisar cuándo fue la primera. También surgen fechas desparejas —como una en Villa María donde no hubo público— y otras más convocantes, como el Quality, donde compartieron escenario con El Mató a un Policía Motorizado, Las Ligas Menores y Los 107 Faunos. A eso se suman presentaciones en Studio Theater junto a Usted Señalemelo y Tobogán Andaluz, varias noches en Club Paraguay y su paso por Cosquín. “Córdoba es nuestro segundo hogar, totalmente”, resume.
La atemporalidad como criterio estético
¿Se puede ubicar en un tiempo concreto la música de Mi Amigo Invencible? La respuesta de Mariano Di Césare a esta pregunta revela la columna vertebral que sostiene a la banda desde su origen en Mendoza. Lejos de intentar encajar en un calendario de tendencias, el músico es tajante sobre el propósito del grupo: “desde el comienzo de Mi Amigo Invencible nos propusimos hacer una música que no esté pendiente de lo que está sonando en la radio”. Esta es una declaración que termina por definir, quizás por un rato, una postura explicita frente al consumo rápido y agrega “nuestro criterio estético máximo siempre fue hacer música atemporal, claramente para lograr ese control del tiempo”.
Esta estructura ha permitido que el grupo atraviese cambios profundos sin perder su esencia. Al comparar su presente con etapas anteriores, Mariano reflexiona: “siempre fuimos de trabajar el arte de una manera bastante más barroca en cierto sentido y este disco (Arco y Flecha) es mucho más sintético, más pop, viene mucho más al hueso y ahí sí se nota la diferencia”. Sin embargo, esa madurez estructural convive con un pasado que no se siente lejano. Al volver sobre materiales de hace una década, el músico señala que “nos encontramos con cosas nuestras que vistas con los ojos de hoy o escuchadas con los oídos de hoy son bastante frescas para nosotros”. El objetivo final de esta resistencia cronológica es casi vitalista: “queremos ser jóvenes eternamente, así que atemporales”.
Esa base que sostiene a la banda también se apoya en una forma colectiva de encarar la creación. Con el tiempo, el rol de Di Césare fue mutando y la composición dejó de ser un proceso individual para volverse compartido. “Hago música con amigos todo el tiempo, con gente, compartiendo idas y vueltas de ideas”, resume. En ese marco, el espacio creativo deja de ser un lugar fijo para convertirse en un vínculo: puede ser un estudio o cualquier punto de encuentro donde la música empieza a tomar forma.
Tocar en estos tiempos
Al abordar la realidad del circuito actual, la conversación con Mariano Di Césare adquiere un tono de urgencia y compromiso. Ante la pregunta sobre las dificultades de acceso a la cultura en un contexto de crisis, el músico es categórico: “Sí, hay una batalla real, cultural que se está dando desde la destrucción del Estado y de la cultura”. Esta situación se manifiesta en una doble dificultad económica donde “la gente no puede acceder a una entrada y las bandas tampoco pueden avanzar con los costos”, los cuales se han elevado tanto que impiden fijar precios populares: “las entradas no pueden ponerse tan baratas porque sino, no llegas a la ciudad donde querés ir a tocar” .
En este escenario, las agrupaciones independientes se enfrentan a una competencia desigual frente a los grandes eventos masivos. Mariano describe con lucidez el lugar que ocupan en el consumo actual: “las bandas más chicas e independientes que son el último orejón del tarro en la billetera popular, sí se ven afectadas. La gente elige comprar una entrada en 12 cuotas de 500 lucas para ir a ver a un artista masivo y… ya no tengo más resto para estas -bandas- chicas” . Esta dinámica no solo afecta la economía de los grupos, sino que pone en riesgo el tejido mismo de la cultura compartida.
Sin embargo, para Mi Amigo Invencible, la respuesta no es el repliegue, sino la insistencia. Aunque el músico reconoce con honestidad que “no te voy a decir que estamos en nuestro mejor momento”, afirma con la misma fuerza que la banda habita hoy un “momento de resistencia en el cual podemos seguir tocando” . Para Di Césare, el valor del encuentro trasciende lo monetario: “peor que no poder pagar una entrada es que la gente no pueda ir a un recital… hay que seguir fortaleciendo la cultura y la conexión entre nosotros para poder combatir esto que está sucediendo” .
Esta filosofía de trinchera y comunidad es la que traerán al escenario de Club Paraguay. El show, que contará con el “pop enojado y disidente” de Juan Cruz Caos y la potencia de Mora y los Metegoles, se propone como un espacio de resguardo frente a la crisis. En palabras de Mariano, el objetivo es “seguir construyendo y de que la gente siga pudiendo ir a un recital”, convencido de que la música independiente sigue siendo ese refugio vital donde la conexión entre nosotros todavía es posible. Las entradas están disponibles en Alpogo.com.
Cineclub: reinstalan la escultura de Daniel Salzano en su espacio fundador









