La pieza que nos convoca es “De batallas y de amores”, un trabajo que Luisa Kuliok armó junto a Facundo Ramírez y Hernán Lucero y que cruza poesía, canciones, música y palabra para contar la historia de nuestro país. El repertorio recupera obras de autores como Ariel Ramírez, María Elena Walsh, Teresa Parodi, Alfredo Zitarrosa e Hilda Herrera, entre otros, mientras que la palabra se construye a partir de textos de José Hernández, Félix Luna, Augusto Roa Bastos, Leonardo Favio y también de escritos propios de Kuliok y Lucero. La música está a cargo de Ramírez y Lucero, con la participación del guitarrista invitado Sergio Zavala.
El teatro como espacio está profundamente ligado a Kuliok desde sus comienzos y también ha sido una elección a lo largo de su carrera. En los últimos años, esa decisión volvió a ocupar un lugar central con trabajos como Brujas y Juana Vive, la obra sobre Juana Azurduy que comparte con Roberto Ibáñez. Ahora, ese recorrido encuentra una nueva expresión en esta creación junto a Ramírez y Lucero. Vale aclarar, sin embargo, que esta vez las fronteras del teatro se vuelven más permeables: la palabra, la música y las canciones se entrelazan sobre el escenario y desbordan los límites de una pieza estrictamente teatral.
La propuesta tuvo su preestreno durante el mes de abril en el Centro Cultural Torcuato Tasso de Buenos Aires y tendrá una única función en Córdoba el próximo viernes 11 de septiembre, a las 20, en el Teatro Comedia (Rivadavia 254). El show ya cuenta con entradas disponibles en Ticketek.
Ahora sí, nos adentramos en una entrevista donde Luisa se mostró cercana y generosa, y dejó una conversación extensa, atravesada por recuerdos, ideas y reflexiones que permiten conocer no solo esta pieza, sino también una manera muy particular de mirar el teatro, la palabra y el país. Vale la pena leerla por ella.
Hoy Día Córdoba (HDC): ¿Cómo nació De batallas y de amores?
Luisa Kuliok (LK): «El origen de la idea de este espectáculo es de Hernán Lucero, que es quien canta esas canciones formidables de la historia de nuestro folclore, que hablan de todo eso. Se enteró Facundo Ramírez y dijo: ‘Yo quiero formar parte de eso’, ya hace como dos años atrás. Y luego, cuando estaban por empezar a trabajarlo, dijeron: ‘Pero necesitaríamos una voz que forme parte de todo esto’. De casualidad —hacía tanto tiempo que no lo veía a Facundo— nos encontramos en un espectáculo. Me llama al día siguiente. Él no sabía si yo podía, si quería. Cuando me contó la idea, me fascinó, me volví loca con la idea.
Pero me parecía importante que no fuera didáctico, que no fuera pedagógico, bajada de dedito o maestro ciruela. Me interesaba que sea un contagio a través del relato de un universo más poético. Ya que las canciones tienen poesía, porque las canciones tienen metáforas, imágenes y siempre son tan vívidas. Bueno, que lo que se hablara con la voz tuviera que ver con ese universo también. Y estuvieron de acuerdo los dos, ahí empezamos y quedó algo fascinante».

HDC: También participaste de algunos escritos con Hernán, ¿puede ser?
LK: «Sí, también. Más que nada yo, porque él ya tiene la parte de canto. Entonces, más que nada armé la dramaturgia con la selección de textos, pero él de pronto también hizo su aporte. Es decir, esto fue un trabajo colectivo, pero sobre mí recayó la parte más teatral, lo que significó unir todas las partes. Y también participó, obviamente, Facundo, que es director. Como que nos autodirigimos entre los tres, creando algo colectivo donde cada uno opinaba, se estudiaba esa opción y finalmente se elegía lo mejor.
Y, de alguna manera, sí me encargué porque el tema de los textos, cuando a mí me lo propusieron, yo dije: ‘Pero a mi juego me llamaron, porque me formé desde muy chiquita en el teatro».

HDC: Y también contabas en algunas entrevistas que te encanta la poesía, así que en esta obra pareciera que se encuentran varios de esos mundos que forman parte de tu recorrido.
LK: «Sí. Y también es bueno acercar la poesía con el valor que tiene, porque siempre parece que uno se va a poner a exagerar, a decir las cosas, y la poesía es una riqueza, es el lugar más genuino que tenemos, porque en la poesía pasa algo que no pasa en ninguna otra rama del habla, de lo que decimos. Incluso va a ir a Córdoba una poeta que se llama Claudia Masin, que está viviendo allá, aunque no sea de allá, es chaqueña. Es una poeta extraordinaria, traducida a distintos idiomas, y ahora se va a Europa. Pero va a estar para la función. Yo digo un texto suyo y la verdad que me fascina, es una gran poeta.
El mundo de lo poético a mí me fascina y desde muy chica estuve vinculada con eso. Entonces se produce una amalgama entre nosotros y un guitarrista invitado formidable que se llama Sergio Zavala. Nosotros tres somos los creadores del espectáculo y él participa como músico invitado.
Y claro, lo que pasa es muy conmovedor. Es muy conmovedor, pero tiene de todo: tiene humor, tiene pensamiento, tiene alianzas, comprensiones, porque claramente es un espectáculo que derrumba la cuarta pared. Tiene algo de recital, de concierto. Es decir, no es que sucede entre nosotros y el público es como si espiara: le hablamos al público directamente. Lo que hacemos, lo hacemos para el público. No es como una obra de teatro que sucede sola entre los actores».
HDC: Entiendo. Hay participaciones más inmersivas.
LK: «Claro, están ahí. En este caso, además, ofrecemos la posibilidad de esta charla posterior, que me parece que va a enriquecer mucho la posibilidad de conversar, de repensarnos, de encontrarnos, donde todas las personas somos lo mismo. Luego de un hecho artístico que nosotros presentamos, encontrarnos en lo comunitario de las alegrías, las esperanzas, los padeceres y los miedos que unen a la patria. Así que estamos felices.
Es más que una charla. A mí me gusta decirle conversación. Una charla es más de café y esto es después de haber vivido juntas y juntos un hecho muy fuerte como es reveernos en esa patria y hacernos preguntas. La idea no tiene ningún partidismo político. Sí, claramente tiene una mirada. Nosotros elegimos qué narramos y cómo, pero no es que pertenece a un partido político, es profundamente humanista la obra respecto de lo que las personas necesitamos, anhelamos y tenemos el derecho de anhelarlo.
Entonces, no es con un partidismo, no se menciona ninguno, se habla de esas batallas, las canciones y los textos. Algo que dijo Mariquita Sánchez de Thompson, que es muy hermoso y gracioso. Bueno, distintas cosas. Estamos muy felices, pero sí, nadie puede imaginarse lo que es. Nos dimos cuenta cuando lo hicimos que nadie se imagina. De pronto había gente más joven que decía: Pero loco, mirá lo que acabamos de ver, no lo puedo creer’”.
HDC: ¿Allá en Buenos Aires pudieron armar una conversación así?
LK: «No hicimos una conversación. Esta va a ser la primera vez, porque hicimos solo una función como preestreno. Y ahora hacemos primero acá, en el Roma de Avellaneda, que es una sala preciosa donde yo había estrenado con mi compañero de vida, que es actor, médico y escritor, Roberto Romano. Habíamos hecho Juana Vive, que es la historia de Juana Azurduy.

Y acá, en la obra, hay una partecita que hago también, encarnando a Juana Azurduy y hablando de la muerte de sus dos niñas y sus dos niños. A ella le pasa durante la guerra, con las pestes y con las traiciones: mueren dos niñas y dos hijos pequeños de Juana. Y hago un momento de eso también, precioso, y se canta la maravillosa canción de Juana Azurduy que hizo Ariel Ramírez.
Está ahí. Está en nuestras entrañas. Cuando digo ‘nuestras’, digo las de nuestro pueblo, porque todo eso está dentro, ¿viste? Todo eso, pero desde un lugar, insisto, no desde la cabeza, sino del vínculo emocional y casi misterioso de pertenecer a una misma patria».
HDC: También aparecen historias que no suelen ser tan contadas o que quedan fuera de los relatos más conocidos. Y, en ese sentido, hay algo que atraviesa muchos de los personajes que elegiste a lo largo de tu carrera: ¿cómo trabajás esos textos en escena? ¿Los recitás o los actuás?
LK: «No, lo que pasa es que todo es tener habitado el cuerpo y la palabra, estar habitada por un momento que se narra. Es decir, yo no te diría que recito. Tengo vínculo con la palabra, con mucho trabajo hecho sobre la palabra, pero donde ni te das cuenta de que es una poesía, pese a tener el espíritu de lo poético. Hay un sentido profundo de lo que significa, con su propio ritmo, con su propia esencia. Te digo que es muy apasionante y, la verdad, yo soy del teatro, estoy formada en el teatro y he hecho cantidad de teatro de chica y luego de más grande. En el Teatro Comedia estuvimos con Thelma Biral en el año 1998 antes de que pasara lo del incendio y fue hermoso lo que hicimos ahí. Después, yo creo que también hicimos Porteñas, ahí por el 2004 o 2005, que estaba dirigido por González Gil. Y este año, bueno, estuve me llamaron para tomar el personaje de Thelma Biral, justamente porque se retiraba de Brujas. Estaban por hacer la última temporada y me convocaron a mí. Y se cerró conmigo justamente la temporada, porque hicimos primero Buenos Aires y después se cerró en Mar del Plata en 2025. Y fue una gran experiencia también por la convocatoria y porque ya estaba todo armado. Introducirse en una obra que ya tiene su dinámica, que era semejante fenómeno de tantos años, fue también una experiencia muy interesante.
Y bueno, después seguí con la Juana, por supuesto, con Juana Vive, que vamos a ver si después podemos también llevarla a Córdoba con Roberto, porque la historia de Juana Azurduy es extraordinaria. Así que bueno, y no he parado.Solo tuve que parar cuando hice novelas, porque mis chicos eran más chicos y entonces yo no quería perderme el besito de las buenas noches y estar con ellos. Y las novelas, bueno, eran horas durante el día, qué sé yo. Entonces, no hacía dos cosas simultáneas. Hice muchas novelas donde el teatro tuvo que esperar un poco, pero cuando decidí volver al teatro ya no me fui más».
HDC: Algo que recién te comentaba es que siempre mantuviste una firmeza a la hora de elegir los papeles, personajes que tuvieran que ver con tu mirada. Y acá me imagino que debe haber muchos personajes. Más allá de lo comunitario y de la patria, ¿hay alguna emoción o alguna idea que también te mueva en esta propuesta?
LK: «Sí, porque ahí también tienen mucha relevancia las mujeres que estuvieron tan invisibilizadas a lo largo de los siglos. Sí, también está eso, por supuesto. Imaginate, Güemes tenía al lado a su hermana Macacha, peleaba a la par de él. La mujer de Chacho Peñalosa también y estuvo silenciada. Entonces, hay una mirada donde también la mujer tiene el lugar que le corresponde, que ha estado tan callado y tan en las sombras. Hay una mirada donde la mujer está colocada en otro lugar.
Eso está siempre en mí porque siempre elegí personajes donde la mujer buscara su propia identidad. O sea, más allá de su amor, pero que no fuera el hombre el que le confería su ser, sino que eso era una parte. El amor era una parte, pero ella tenía que encontrar su propio lugar, su identidad. Siempre me importó y aún cuando me ofrecían novelas que sabía tenía como el timing —viste esa intuición que a veces una tiene— que podían ser éxito, pero que no expresaban lo que yo quería expresar. Y no me equivocaba, eran éxito pero no expresaban lo que yo quería.
En ese sentido, me respeto mucho y no estoy criticando a quienes lo hicieron. Cada uno se maneja, pero yo necesito saber que a mí me tiene que representar la idea porque soy muy consciente y comprometida con lo que significa la cotidianidad del género de la telenovela, que cae en las casas, o sea, todo el mundo lo ve.
Prendés el televisor, ahora es más diferente porque está en la plataforma, pero prendés el televisor y lo que hay ahí lo ves, lo ves, lo ves. Y bueno, me parecía importante poder usar ese mecanismo del género que tanto atraía para contar historias de rebeldías y de riesgo, como fue La extraña dama, por ejemplo».

HDC: También te escuchaba expresar sobre algunas reacciones que te llegaban de La extraña dama, de personas que te contaban que determinados personajes o escenas los habían impulsado a hablar de su propia sexualidad.
LK: «(…) su propia sexualidad. Eso es lo que me pasa a mí sin dejar de respetar todo lo demás. El problema que tenemos con la televisión hoy es que con la ley se habló de producción nacional, pero no se habló de ficción. Entonces, vos tenés un montón de cosas de producción nacional, pero casi todos son programas de chimentos. Vos tenés los programas que se presumen políticos, entonces, me parece bien que esté todo eso. El problema es la proporción. Un poco de cada cosa, y nos falta la ficción».
HDC: Sí, y también me llamaba mucho la atención esa conciencia que tenés de lo que se transmite con los sentidos o con los estereotipos, algo que quizás en su momento no estaba tan presente y que, sin embargo, mantuviste durante tantos años.
LK: «A mí me gustaría que venga mucha gente, pero te digo porque. Yo creo que es un espectáculo para personas que aman la patria. Y si viene mucha gente, va a querer decir que mucha gente ama la patria, porque nosotros en este momento tenemos el tema de que pareciera que hay muchos que no la aman. Porque cuando se entrega una patria, quiere decir que no es amada. ¿Cómo podés entregar la patria? Entonces me parece que en ese sentido trasciende lo político. Por eso digo que esto es una obra humanista.
Julia Prilutzky Farny, que era una hermosa poeta de sentido, tiene una poesía sobre la patria. Alberto Migré agregó poesías de ella que sumó a una de sus novelas. Y ella, en una poesía sobre la patria, dice: “Donde nunca se está del todo solo, donde cualquier umbral es la morada. Donde se quiere arar. Y dar un hijo. Y se quiere morir, está la patria”. Bueno, de eso se trata.
De eso se trata, ni más ni menos. Sí, no hay nada rebuscado, simplemente eso es la patria. Ojalá mucha gente vaya y pueda. Hemos puesto, acordando con el teatro, una entrada única con las mejores posibilidades de lo accesible. Y sabemos que es muy difícil hoy día hasta comprar una entrada. Entonces, hemos hecho, incluso no hemos puesto diferencia. A veces en las salas teatrales se pone, bueno, hasta la mitad, determinado precio, y después es más barato porque es más atrás. Y es muy feo que quien puede pagar esté más adelante, quien no puede pagar esté más atrás, que sea un precio único para todas las personas. Es un trabajo, pero hemos acordado para, como decimos nosotros, en este momento nosotros hacemos el espectáculo como le pasa a tantas compañías, pero bueno, tiene que ser una decisión.
Pero nosotros creemos que el espectáculo que ofrecemos no es que tiene el valor de lo que se cobra. El espectáculo vale más. Vale más en el sentido de lo que significa un espectáculo de estas características. Pero hoy día que no hay parámetros y con lo que se está viviendo, no importa el valor, importa lo que se puede, importa seguir haciendo, importa intercambiar sensaciones, pensamientos y sobre todo cuando se trata de la patria».
HDC: Hay valores y discursos muy fuertes desde el Ejecutivo en relación con la cultura, quizás más visibles en el ámbito de la música, pero que atraviesan todas las áreas. ¿Sentís que hoy hay una batalla contra la cultura?
LK: «Mirá, yo creo que ya quedó claro lo que pienso a lo largo de todo esto y nuestra propuesta humanista claramente está desde una mirada. Nosotros tenemos un presidente elegido democráticamente, pero que en verdad los pasos que da no lo parecen. No se puede gobernar a espaldas del pueblo y donde además hay un sentido del daño y de lo cruel terrible de ser soportado por el pueblo. Porque sin ir más lejos, quitarle las retenciones a quienes más tienen y cargarlas sobre el pueblo es una decisión. Es una decisión. Después vamos a hablar de todo lo demás, pero quiero decir de qué estamos hablando.
Así que sí. El aborto de todo es el aborto de la patria, el aborto de sacar todo lo que es la patria, cortajearlo y dejarnos sin identidades, sin derecho a lo que nos pertenece, porque el pueblo es el soberano, la soberanía es nuestra, es nuestra patria.
No conozco países que entreguen como este lugar; a lo sumo se lo apropian de afuera, los invaden, pero que un país decida entregar todo, canjearlo, venderlo, regalarlo, yo no conozco, no sé, por ahí no estoy bien informada, pero le pasa a mi país y es muy doloroso ver la tristeza y el hambre de la gente y que hay que pelearla desde un lugar que no esperábamos».
HDC: Y el arte también ha sido, históricamente, un espacio para atravesar y expresar los momentos más difíciles de nuestro país. Quizás hoy pueda tener algo de ese lugar.
LK: «Hay que moverse, hay que manifestarse, hay que salir a la calle, hay que ir a este tipo de cosas que ofrecemos nosotros como otras personas porque eso revive mucho. Yo digo que cuando salen de este espectáculo tienen una respiración nueva, vuelven a respirar, es sanador y da un contagio de que vale la pena, que no se termina nada, que seguimos teniendo la potencia de la vida para seguir adelante y que quienes tenemos la posibilidad de comer y dormir bajo techo tenemos una responsabilidad.
Entonces, hay que salir, hay que pelearla, hay que dar esa batalla hoy que no es con las armas, pero hay que darla desde cada rinconcito, hay que asociarse, hay que repensarse, ver los propios errores también, porque acá nadie está hablando de que ningún espacio es perfecto. Es imposible, los seres humanos no somos perfectos, nadie es perfecto, todos tenemos luces y sombras. El tema es cuáles son nuestros objetivos.
Entonces, bueno, me parece que ahí hay que tener una idea clara. Yo la tengo, es decir, no creo que haya que tomar las armas ni nada. Creo que tenemos que perseverar en nuestro sentimiento y pensamiento de patria y del derecho que tenemos como pueblo sobre todo lo que nos pertenece».
HDC: En la charla mencionaste la intuición, esos deseos que aparecen antes de que algo suceda. ¿Te pasó algo parecido con otros trabajos a lo largo de tu carrera o con este?
LK: «Sí, es tal cual lo que decís. En su momento, estaba pensando en algo poético. Que la gente no se asuste cuando digo poético y crea que se va a aburrir, todo lo contrario. Entre la música y lo que pasa en el escenario vivencialmente van a estar pero encantados. Se los aseguro porque cuando uno prepara algo, por supuesto que no sabe muy bien qué va a pasar. Acá ya vivimos en un preestreno lo que pasó y sabemos cuál es el contenido y nuestro anhelo en dar esto, en ofrecer esto.
Y sí me pasó como me pasó también con La extraña dama. Con La extraña dama me pasó, estaba amamantando a mi hijo durante 10 meses y veía todo lo que era la preproducción por la televisión. “Cómo me gustaría formar parte de una telenovela así con una historia tan hermosa y que dirige Diana Álvarez”, pensaba. Bueno, y luego pasaron circunstancias por las que se dio. Yo no lo podía creer, que ese anhelo tan enorme a veces pasa, puesto en el universo, algo converge y sucedió.
Pero cuando me contó Omar Romay, que me llamó, que se había ido la otra actriz, Rodríguez, y me llamaron a mí, me contó tres escenas y yo me volví loca. Vi que iba a ser un éxito porque la historia que me contaba no podía ser otra cosa por el tema. Lo que no imaginé es el suceso (risas), eso no se puede imaginar.
Y hasta el día de hoy hablan de eso. Hasta el día de hoy. Ahora hace poquito Valeria Lynch hizo un Movistar Arena y me pidieron que haga un video que lo pusieron ahí en las tres pantallas gigantes. Me impresionó que me invitaran, por supuesto, diciendo unas palabras de La extraña dama y luego ella cantaba la canción.
Era muy conmovedor ver lo que le pasa al público con esas novelas compartidas con la familia. Hay un recuerdo, una memoria emocional muy grande. A mí me gustaría que se apele a esa memoria para volver a reconstruir lo que sí fue bueno de las vidas, porque todas las vidas tienen cosas buenas y cosas malas. Pero ese momento de compartir esas historias que además te fundacionan [sic] porque cuando yo me escapaba por la puertita, las rebeldías de esta monja en virtud de un bien, aunque tuviera que arriesgar su alma, ese tipo de cosas.
A mí me gustaría que comprendan que eso tiene que ser como un anzuelo. Saquen de ahí. A veces se hace hincapié en recordar todo lo feo que hemos vivido en este país con las dictaduras, con todo eso. Pero también hay que recordar lo bueno, porque tirando de ese anzuelo uno se coloca diferente también en este momento. Si podemos rescatar esa memoria sensorial, vengan a ver desde ese lugar también, desde el que compartimos con las grandes historias de la televisión conmigo y con tantas actrices y actores. Pero tenemos la oportunidad de vernos en carne viva y en sangre viva en un teatro y a eso no hay con qué darle».
Y ahí aparece, quizás, el punto que termina de unir toda la conversación: para Kuliok, el teatro no está separado de la memoria, de la palabra ni de las preguntas que atraviesan el presente. De batallas y de amores reúne esas búsquedas en una misma escena, entre canciones, poesía e historia, pero también propone algo tan sencillo como volver a encontrarse. La cita será el viernes 11 de septiembre, a las 20, en el Teatro Comedia, en una única función que tendrá además una conversación con el público.
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