En Argentina sería difícil de imaginar. Una semana antes del inicio del Mundial, la cerveza Victoria Málaga regaló camisetas de la selección española junto con un parche con una segunda estrella para bordar si el equipo lograba el título. La campaña incluso mostraba el escudo con dos estrellas fusionándose en una sola. Lejos de considerarlo una «mufa», el gesto fue recibido con naturalidad.
Algo similar ocurrió con el diario Marca, que publicó una imagen en la que se bordaba un segundo título sobre la camiseta española. Una muestra de una confianza que, vista desde Argentina, sorprende.
Un Mundial con poco clima en las calles
Mucho se habló de la falta de clima mundialista en Argentina durante este torneo. Sin embargo, la diferencia con España resulta aún más marcada.
Ni siquiera en la antesala de una semifinal es habitual encontrar comercios repletos de camisetas, gorros, banderas o artículos de cotillón. Apenas una pequeña góndola recuerda que se está disputando una Copa del Mundo. En contraste, durante Halloween los negocios ofrecen una amplia variedad de disfraces, incluso de futbolistas.
Los horarios tampoco ayudaron. La mayoría de los partidos se disputaron entre las 22 y las 3 de la madrugada, con algunas excepciones que terminaron cerca de las 6. Aun así, muchos aficionados encontraron la forma de seguir el torneo, ya fuera en vivo o a través de las repeticiones apenas comenzaba el día. Incluso una de las plataformas de transmisión evita revelar el resultado en el título del partido diferido para quienes no pudieron verlo en directo.
El encuentro entre España y Portugal, por ejemplo, se jugó a las 21 de un sábado. Ese mismo día, la cantante Aitana tenía previsto un recital en Zaragoza y existía la expectativa de un posible retraso. Finalmente, el concierto comenzó según lo previsto y la única referencia al partido fue un efusivo «hemos ganado». Recién desde los octavos de final comenzaron a multiplicarse las pantallas gigantes y las proyecciones públicas en distintas plazas y espacios del país.
La ilusión está intacta
La ausencia de un ambiente mundialista tan visible no significa falta de confianza. Entre los españoles consultados, una idea se repite: la selección llega respaldada por el título conseguido en la Eurocopa 2024 y eso alimenta la ilusión de volver a conquistar el mundo.
La semifinal frente a Francia, además, tiene un significado especial. Más allá de la histórica rivalidad deportiva, ambos países arrastran siglos de enfrentamientos políticos y militares. Esa historia reaparece cada vez que vuelven a encontrarse en una competencia de este nivel.
La comparación también llegó a la política. El partido Más Madrid convocó a sus simpatizantes a seguir la semifinal en su sede con el lema: «Este 14 de julio es 2 de mayo», en referencia al levantamiento madrileño de 1808 contra las tropas napoleónicas, acompañado por la frase «vamos a volver a ganar».
El deseo de una final con Argentina
Si hubo una coincidencia entre todos los españoles consultados por este diario fue el deseo de enfrentar a Argentina en una eventual final.
Las razones son variadas. Algunos mencionaron la Finalissima que nunca llegó a disputarse. Otros sostuvieron que sería «una final de finales» por tratarse de la vigente campeona del mundo. Tampoco faltó quien apuntó al fenómeno de los creadores de contenido argentinos: «Muchos streamers están demasiado subidos».
Sin embargo, el argumento más futbolero fue el de Dani, periodista deportivo.
«España en los dos últimos años ha retirado internacionalmente a Toni Kroos en la Eurocopa y a Cristiano en el Mundial. El poder hacerlo también con Messi es algo increíble».
La mirada cambia en el caso de Camila, una argentina que vive y trabaja en Madrid. Según contó, este lunes sus compañeros españoles le dijeron:
«Que sepas que vamos todos contra ti».
Es evidente que, si España sale campeón, la gente volverá a salir a la calle como lo hizo en 2010 y tras la Eurocopa 2024. Aunque, para muchos, ganarle a Francia ya es un título en sí mismo. Como para los argentinos vencer a Brasil, sin importar la instancia. Lo que sí parece claro es que, en materia de celebraciones, un festejo como el de Argentina todavía no se ve en ningún otro lugar del mundo.









