Doce personas que hasta hace pocas semanas trabajaban como limpiavidrios en las calles de Córdoba recibieron este viernes sus certificados de capacitación en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Facultad Regional Córdoba. Tras finalizar el programa «Oportunidades que construyen futuro», superaron los exámenes preocupacionales y firmaron su ingreso formal a la empresa de servicios Kazaró.
La entrega de diplomas marcó el cierre de esta primera prueba piloto. De los 14 seleccionados inicialmente para el trayecto formativo, 12 ingresaron a la compañía, uno abandonó el curso y otro optó por no aceptar la propuesta laboral.
Leopoldo Abrile, secretario de Extensión de la UTN Regional Córdoba y uno de los articuladores del proceso —junto a la Fundación de la Universidad Obrera (FUO) y la Municipalidad de Córdoba — graficó el impacto de la iniciativa al relatar la jornada de cierre:
«Los veía a los chicos con sus hijos chiquitos posando junto a su padre con un certificado. Ese es el ejemplo concreto de lo que significa pasar de ser un trabajador de la calle, excluido del sistema, a ser parte de él. Como nos dijo uno de los egresados: ‘Para mí, esto fue un cambio de vida'», relató.
El contexto de la iniciativa
La génesis de este proyecto está vinculada a la agenda pública reciente de la capital cordobesa. El debate y la posterior legislación municipal orientada a regular la situación de los «naranjitas» y limpiavidrios en la vía pública impulsó la participación del ámbito académico para buscar salidas concretas.
«Esta iniciativa surge después de la legislación que saca la ciudad de Córdoba. Nosotros no podíamos quedar ajenos. Lejos de invisibilizar una problemática que afecta a todos los ciudadanos, el compromiso de la universidad es tratar de aportar soluciones«, explica Abrile, quien destaca el apoyo inicial dado por el decano de la institución, el ingeniero Federico Livanero.
La decisión de la universidad de involucrarse en la situación de personas en situación de vulnerabilidad extrema generó consultas en la comunidad.
«Al principio tuvimos mucha gente en redes sociales que cuestionaba: ‘¿Por qué la universidad hace esto?’. Pero creemos que la universidad tiene tres pilares fundamentales: la academia, la ciencia y la tecnología, y el extensionismo. Esto es parte del extensionismo. Entendemos que es una situación compleja, que hay cosas que nos exceden, como la seguridad, pero no queremos estar a un costado», indicó el funcionario académico.
La adaptación al empleo formal
El diseño original del programa preveía una formación de cuatro meses. Sin embargo, la necesidad de dar una respuesta rápida obligó a comprimir el cursado a 60 días.
«Estas personas obviamente no podían estar más en la calle, entonces apuramos la formación para que pudieran ingresar lo más rápido posible a trabajar», detalla Abrile.
El proceso no fue únicamente técnico. Aunque la currícula incluyó el uso y mantenimiento de herramientas para espacios verdes (el rubro de la empresa contratante), otro desafío fue la adaptación a una cultura laboral desconocida para algunos de los participantes.
«Había muchas dudas y mucha incertidumbre al principio: ‘¿Nos van a tomar? ¿Cómo hacemos?’. Hay que pensar que son personas que nunca habían tenido la posibilidad de tener un empleo en blanco, sin obra social, aguinaldo, ni vacaciones», enumera el secretario.
Para acompañar esta transición, el área de Recursos Humano de la empresa Kazaró y los equipos de trabajadoras sociales de la Municipalidad trabajaron a la par.
«Se les explicó detalladamente cómo es la vida laboral, qué significa tener una obra social y vacaciones pagas. No se trata de formarlos y dejarlos solos, sino de acompañarlos en la inserción. Ahí es donde, al trabajar de manera conjunta, se obtiene el mayor potencial», subraya.
Capacitación «a demanda»: la clave para escalar el modelo
A diferencia de los esquemas tradicionales de oficios —donde se enseña una habilidad con la expectativa de que el estudiante encuentre luego un nicho laboral—, el enfoque de esta prueba piloto radicó en invertir el proceso.
«No formamos porque creíamos que la salida tenía que ser el mantenimiento de espacios verdes, sino que salimos a buscar una demanda real del sector privado. Nos asociamos con esta empresa en base a lo que necesitaban, y ahí está la clave del éxito», reflexiona Abrile.
Con los primeros 12 trabajadores incorporados a sus puestos operativos, la UTN y la Municipalidad preparan una segunda etapa. La semana próxima iniciarán reuniones con distintas firmas locales para replicar el modelo, identificando vacantes y diseñando currículas a medida.
Esta lógica de intervención público-privada también busca extenderse a otros ámbitos de vulnerabilidad. Según anticipó Abrile, la facultad se encuentra trabajando con el Ministerio de Justicia y Trabajo en proyectos de formación intramuros, capacitando a personas privadas de la libertad próximas a cumplir sus condenas para facilitar su reinserción.
Entre el control y la inserción laboral
Estos resultados también exponen dos enfoques distintos sobre una misma problemática social. Mientras la Provincia, a través del Ministerio de Seguridad, publica periódicamente estadísticas de incidentes y detenciones de limpiavidrios y naranjitas como indicador de su política de orden público, esta iniciativa pone el foco en la reinserción laboral de quienes dejaron la calle para acceder a un empleo formal.
Consultado respecto a la convivencia de estas diferentes formas de abordar el tema, Abrile señala:
«Si el gobierno nos convoca, vamos a estar ahí; y si el sector privado nos convoca, también vamos a participar de manera activa poniendo nuestros equipos a disposición. Generar oportunidades para aquellos que no las tenían es el verdadero mensaje de este programa».
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